El Titánic caleño

Diciembre 01, 2022 - 11:55 p. m. 2022-12-01 Por: Diego Martínez Lloreda

Quizás nada refleja mejor la decadencia de Cali que el inminente naufragio del MÍO.

La idea original era buena: sustituir el caótico servicio de transporte, integrado por unos buses destartalados, que eran unas chimeneas ambulantes, circulaban sin ninguna regulación y se detenían donde le daba la gana al conductor, en los que la gente iba colgada de las puertas como racimos y que vivían sumidos en la tenebrosa guerra del centavo.

La promesa era que con el MÍO la gente se iba a movilizar en un sistema ordenado, cuyos buses iban a circular por unos carriles exclusivos, con aire acondicionado, que iban a pasar con una regularidad matemática y que les permitiría a los caleños desplazarse de una forma más cómoda y más rápida. Mejor dicho, como viajar en el Titanic.

Los 5000 buses del viejo sistema fueron chatarrizados y reemplazados por unos mil vehículos amplios y cómodos que solo pararían en unas modernas estaciones distribuidas por toda la ciudad.

Por desgracia esa promesa no se cumplió. Desde sus inicios, el sistema hizo agua, como el legendario barco de la Star Line. El presupuesto era que el MÍO llegaría a transportar un millón de personas al día y que con la tarifa que pagaba esa gente se financiaría la operación del sistema. Mejor dicho, era un sistema que no podía hundir ni Dios.

Pero resultó que el MÍO, en su mejor momento solo llegó a movilizar la mitad de la gente que se previó en un principio. Debido a lo cual, la operación se volvió deficitaria. Y el Municipio tuvo que asumir el diferencial entre lo que paga el usuario como tarifa, $2400 hoy, y los $7000 que vale transportar a cada pasajero. Lo que equivale a $100.000 millones al año.

Como el MÍO no cumplió la misión por la cual fue creado y la gente tenía que seguir transportándose, esa ineficacia dio pie a dos fenómenos que pusieron patas arriba la movilidad en la ciudad: la piratería y la invasión de motocicletas.

Total, hoy circulan por las vías de Cali alrededor de 700.000 motocicletas que transportan a quienes debían movilizarse en el MÍO, de las cuales alrededor de 25.000 son mototaxis.

Lo que significa que el MÍO perdió buena parte de su clientela natural, que jamás recuperará porque va a ser muy difícil que los motociclistas se bajen de un vehículo cuya proliferación atenta contra la movilidad de la ciudad, pero que es barato, consume poca gasolina y es muy versátil.

Sería injusto achacarle el colapso del MÍO a Jorge Iván Ospina, pero lo cierto es que en los tres años que este lleva gobernando no ha hecho nada para salvar la única gran apuesta que la ciudad ha tenido en 20 años.

Mejor dicho, Ospina sí ha hecho: nombrar en la Presidencia de Metrocali a Óscar Ortiz, cuyo único mérito para ocupar ese cargo es ser un sacamicas de Fabio Arroyave, presidente del Concejo y principal escudero de Ospina.

Fue tan descarado lo que Ospina hizo por Arroyave, que para llevar a su pupilo a la Presidencia de Metrocali se modificaron los estatutos de la empresa porque entre las profesiones exigidas para acceder a ese cargo no estaba la de contador, que es lo que es Ortiz.

Poner al mando del MÍO un contador lo único que logrará es acelerar el naufragio de ese sistema.

Consecuencia: el MÍO, nuestro buque insignia, se va a pique tras chocar contra el iceberg de la politiquería, la corrupción y la ineficiencia.

Sigue en Twitter @dimartillo

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