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El miedo hacia Petro

Septiembre 17, 2020 - 11:55 p. m. Por: Diego Martínez Lloreda

Es claro que los disturbios de la semana pasada no fueron producto de una reacción espontánea de la ciudadanía ante los excesos de unos agentes de la Policía que terminaron en la muerte del abogado Javier Ordóñez.

Estos desmanes fueron provocados por los mismos terroristas que afloraron el 21 de noviembre del año pasado y que habían dado una tregua en su accionar por cuenta de la pandemia.

Pero como el impacto de la emergencia sanitaria ha ido bajando y la gente le ha perdido el miedo al covid, los terroristas consideraron que era el momento de reaparecer. Y la brutalidad de ese par de policías les dio el mejor papayazo para hacerlo.

¿Quiénes conforman estos grupúsculos? Milicianos del ELN, disidentes de las Farc, anarquistas y algunos estudiantes. La mayoría de los jóvenes que pertenecen a estos grupos son simpatizantes de Gustavo Petro. Lo que no implica que ese político sea el organizador de estos disturbios, porque estos grupos tienen su dinámica propia.

Pero sí, Petro ha defendido estas ‘protestas’ y a través de las redes sociales ha animado a estos vándalos a que persistan en su accionar, que no tiene nada que ver con protestar.

La Constitución consagra el derecho a la protesta; lo que no establece es el derecho a incinerar los CAI, quemar buses, saquear negocios y demás excesos que cometen estos ‘protestantes’.

De lo que Petro no se ha percatado es que desde el punto de vista político estos disturbios, que buscan sembrar el caos y socavar la institucionalidad, a quien más afectan es a él mismo.

Primero porque la mayoría de esos vándalos no votan. Pero sobre todo porque la ciudadanía, que sí vota, asocia directamente a esos terroristas con Petro. Y lo que hacen esos disturbios es llenar a la gente de miedo en contra del exalcalde de Bogotá.

Petro debe tener claro que los votos de la izquierda, y sobre todo del ala radical que él representa, no le bastan para llegar a la Presidencia.

Él requiere los votos de la gente de centro, como la que lo apoyó en el 2018 antes de que sacara las uñas. Y esa gente de centro es la clase media, entre ellos muchos de los dueños de los almacenes que los vándalos quemaron y saquearon hace ocho días.

Petro está en el lugar equivocado. Apoyar esos desmanes puede granjearle simpatías entre una juventud radical que no vota, pero lo aleja de esa clase media que sí acude a las urnas.

Lo que le falta a Petro es alguien que le aconseje que se reúna con esos muchachos y promueva un acto público de perdón por los desmanes cometidos. Algo así como lo que hizo Claudia López, que es mucho mejor política que el senador de la Colombia Humana y por eso tiene muchas más posibilidades reales de acceder algún día a la Casa de Nariño.

Mejor dicho, si el costo que tenemos que pagar los colombianos para evitar que Petro llegue a la Presidencia son estos disturbios, por alto que parezca ese costo, vale la pena pagarlo.

Cada nueva asonada hace que la gente le coja más temor al Petro. Y si hay algo efectivo para evitar que la gente vote por alguien es inocularle miedo sobre ese alguien.

El ejemplo más claro de ello es Álvaro Gómez, uno de los políticos más preparados que hemos tenido para ser Presidente, pero que nunca lo fue por el pavor contra él que sus contradictores sembraron entre los colombianos.

Lo paradójico de Petro es que ese pavor lo está sembrando él mismo.

Sigue en Twitter @dimartillo

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