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Después del miedo

La democracia exige aceptar que ninguna mirada agota la verdad, que ninguna victoria convierte a unos en dueños del país y que ninguna derrota expulsa a los otros de él.

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Paola Andrea Gómez.
Paola Andrea Gómez. | Foto: El País.

20 de jun de 2026, 11:43 p. m.

Actualizado el 20 de jun de 2026, 11:43 p. m.

El miedo tiene una ventaja sobre cualquier candidato: puede perder las elecciones y aun así seguir gobernando la conversación. Y cuando se convierte en el combustible de una campaña, suele ser más eficaz que cualquier argumento. Allí terminamos, atrapados entre el temor a que gane uno o a que pierda el otro; haciendo compras de última hora por miedo a un estallido o estremeciéndonos ante los anuncios de quienes prometen destripar al adversario político.

Encontrar la ponderación en un país como el nuestro parece una quimera. Quizá por eso lo más preocupante de esta campaña no sea la intensidad de la confrontación, sino el lugar que terminó ocupando el miedo. Muchas personas llegaron a su decisión electoral más preocupadas por evitar un desastre que ilusionadas con una propuesta de país. No ocurrió por casualidad; la discusión sobre las ideas fue cediendo terreno a narrativas que apelan al temor, la desconfianza y la incertidumbre.

Basta abrir WhatsApp o recorrer unos minutos las redes sociales para encontrar videos que anuncian el fin del país, audios que prometen revelar la verdad que nadie quiere contar y mensajes que presentan esta elección como un punto de no retorno. No es la primera vez y, por desgracia, probablemente tampoco será la última. Cambian los protagonistas, los culpables y los desenlaces, mientras permanece la invitación a desconfiar de quien piensa distinto.

En las últimas semanas he escuchado esa misma certeza desde orillas opuestas. Cada una está convencida de defender el futuro de Colombia y encuentra razones para temerle a la otra. Mientras tanto, miles de mensajes viajan de celular en celular a una velocidad que hace casi imposible distinguir entre información verificada, interpretaciones interesadas y simples mentiras.

En Cali, el ambiente también refleja esa tensión. Las autoridades anuncian operativos especiales de seguridad y hacen llamados a mantener la calma, mientras en distintas regiones persisten denuncias de constreñimiento electoral y decenas de municipios permanecen bajo vigilancia especial. Son medidas necesarias, pero también retratan un país que llega a las urnas con el miedo instalado.

Más allá de lo que ocurra este domingo, vale la pena pensar en el día siguiente. La elección ocupará los titulares durante unas horas, junto con las celebraciones, las explicaciones y las recriminaciones. Después regresará la vida con su insistencia de siempre: el trabajo, el estudio, el barrio, la ciudad, las responsabilidades y los proyectos compartidos. Volveremos a encontrarnos con quienes marcaron una casilla diferente porque nunca hemos dejado de habitar los mismos espacios.

La democracia exige aceptar que ninguna mirada agota la verdad, que ninguna victoria convierte a unos en dueños del país y que ninguna derrota expulsa a los otros de él. Esa es la parte más difícil, reconocer que seguiremos compartiendo el mismo destino con personas que piensan distinto.

Por eso vale la pena preguntarnos qué quedará cuando termine el ruido que estremeció esta campaña con una fuerza ensordecedora. Si el miedo seguirá dictando la forma en que nos hablamos o si seremos capaces deconstruir confianza para discrepar sin romper el país.

Después del miedo seguirá Colombia; seguirán quienes votaron como nosotros y quienes eligieron un camino diferente; seguirán los problemas que tendremos que resolver y las oportunidades que solo podremos aprovechar si entendemos que ninguna elección reemplaza la necesidad de convivir. Porque aprender a compartir el país seguirá siendo nuestra tarea más importante, y quizá sea la primera causa en la que valga la pena ponernos de acuerdo.

@pagope

Comunicadora Social - Periodista y Docente de la Universidad Autónoma de Occidente. Caleñísima. Con 26 años de experiencia en una sala de redacción. Entiende el periodismo como una pasión, pero sobre todo, como una manera de transformar y servir a la sociedad. Ciudad, paz, género y niñez, los temas que le apasionan.

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