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Decálogo de errores

La ciudadanía es visceralmente emocional y está profundamente polarizada, dividida entre Petro y contra Petro, entre el diálogo con los bandidos y el combate sin cuartel contra ellos...

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Rafael Nieto Loaiza
Rafael Nieto Loaiza. El País. | Foto: El País.

7 de jun de 2026, 12:48 a. m.

Actualizado el 7 de jun de 2026, 12:48 a. m.

Nos dieron una soberana paliza. Hay que hacer un examen crítico.

Uno, el expresidente Uribe dejó crecer el monstruo. Cuando aclaró que Paloma era su única candidata, en un sector de la base ya había calado la percepción de que De La Espriella (DLE) podía representar sus ideas.

Dos, la elección de Paloma como candidata se dio tarde y en el proceso quedaron heridas que no cerraron. Cabal y Holguín dejaron ver que apoyaban a DLE.

Tres, la campaña de Paloma no estaba preparada para ganar con tanta holgura la Gran Consulta y tuvo dificultades para definir el posterior mensaje de campaña.

Cuatro, Oviedo es un formidable ser humano, pero, vistos los hechos, no era la fórmula vicepresidencia adecuada. Para empezar, en un país machista y misógino, resultó políticamente costoso sumar un gay y una mujer. Después, Oviedo, al discrepar públicamente con Paloma, envió un mensaje político confuso.

Quinto, escogido Oviedo, se generó una sangría de electores uribistas que la campaña menospreció, creyó que compensaba con el centro y no se puso en la tarea de frenar. Los más conservadores, los cristianos, la reserva y los veteranos, dejaron de sentirse representados.

Sexto, fue equivocado entregar el manejo político de la campaña a personajes sin votos y, en un par de casos, con imagen cuestionada.

Séptimo, esos personajes insistieron en que parte del éxito estaría en recibir a partidos y políticos tradicionales. Paloma y Oviedo se quedaron con el pecado y sin el género.

Octavo, no hubo una propuesta estratégica de campaña ni tampoco comunicación oportuna y eficaz. No se transmitió al electorado el futuro esperanzador por el que valía la pena votar.

Noveno, se subestimó a DLE y no se reaccionó a sus ataques. Peor, la campaña no solo jamás desarrolló una línea de confrontación a DLE, vulnerable por sus múltiples incoherencias en el discurso y en los hechos, por su prédica de odio, por sus relaciones con criminales, por su desconocimiento de los problemas del país y sus soluciones, por no tener un solo mérito para ser presidente, sino que tampoco desarrolló una estrategia de defensa frente a su guerra sucia. Mientras tanto, DLE acudió a todo para vencer a Paloma que, lo tenía muy claro, era la candidata a derrotar.

Finalmente, lo más grave, no leímos adecuadamente la realidad política y social del país. Creímos que los electores querían una propuesta de unidad, alejada del odio, de reconocimiento de la diversidad y de sumar entre diferentes, que privilegiara el conocimiento, la experiencia, la propuesta técnica. Una ingenuidad. La ciudadanía es visceralmente emocional y está profundamente polarizada, dividida entre Petro y contra Petro, entre el diálogo con los bandidos y el combate sin cuartel contra ellos, entre el miedo al comunismo y el miedo a la extrema derecha. En ese escenario, Paloma y Oviedo terminaron diluidos en una percepción de centro tibio y débil. En los últimos quince días, además, la idea del voto útil se devolvió como un bumerán. Millones de palomistas se fueron para allá. Y cayó la horrible noche.

Abogado socioeconomista, especializado en derecho constitucional e internacional y derechos humanos. Fue viceministro de Justicia.

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