Columnistas
Contienda entre personas o sistemas
Por lo general, influyen más los impulsos de orden personal y sentimental que las políticas más convenientes para el bienestar ciudadano.
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20 de jun de 2026, 11:40 p. m.
Actualizado el 20 de jun de 2026, 11:40 p. m.
Las elecciones presidenciales en Colombia se realizan en dos vueltas. La primera ya ocurrió entre un numeroso listado de candidatos y los dos más votados fueron Abelardo De la Espriella e Iván Cepeda, quienes tienen el derecho de presentarse a una segunda vuelta para determinar definitivamente quién será el próximo presidente; por un período de cuatro años, ellos encarnan dos ideologías del pensamiento político para gobernar en el país, apodadas derecha e izquierda.
La contienda, como es obvio, se efectúa entre las dos personas seleccionadas, destacando y pregonando sus cualidades y defectos, para definir por quién se deposita la papeleta. Un número considerable de personas toma su decisión más por motivaciones de afecto que de razonamiento. Por lo general, influyen más los impulsos de orden personal y sentimental que las políticas más convenientes para el bienestar ciudadano.
Abelardo proviene del sector privado y ha hecho su carrera, por cierto, muy exitosa, por sus propios méritos, sin soporte o ayuda. Su credencial profesional es de abogado. Iván ha surgido del sector político toda su vida. Ha ocupado cargos públicos esencialmente; su experiencia gerencial o administrativa es escasa. Proceden de dos orígenes distintos, con experiencias y preparación diversa.
Este pasado de los candidatos es importante tenerlo en cuenta, puesto que estamos eligiendo el máximo gobernante de una nación. Las cualidades y la preparación para administrar tienen mucha relevancia. De los cargos más complejos que pueden existir es dirigir los destinos de un país con tan amplia diversidad de intereses, muchas veces contrapuestos.
Desde luego que la elección de las personas es importante, pero ellas solo pueden ejercer el cargo por cuatro años, según nuestra Constitución actual de 1991; posteriormente, los electores tienen la oportunidad de designar otro presidente. Sin embargo, hemos visto en otras naciones que la elección no tiene reversa, el elegido se queda de por vida, o su cambio obedece a una revolución. Los ejemplos no son pocos, como Fidel Castro, nuestro vecino Hugo Chávez, Adolfo Hitler, Lósif Stalin, etc... Ellos encarnaron una ideología para gobernar y la implantaron a las buenas o a las malas y modificando la constitución para que se amoldara a sus deseos de poseer un poder absoluto, sin competencia de las demás autoridades.
A través de la campaña se fueron destapando las cartas. Abelardo optó por la libertad, un gobierno que permitiera la iniciativa privada, una presidencia con la limitación inherente a conservar los tres poderes, el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Un Estado dimensionado a nuestra medida, sin exceder los límites de nuestras capacidades. Conservar lo esencial de nuestra actual constitución.
Iván hizo énfasis en un Estado socialista, donde el poder necesariamente se conserva en el ejecutivo, donde el Estado tiene que ser más intervencionista para imponer las modificaciones, donde el Estado regula nuestras vidas. Se requiere una presidencia más fuerte y centralista. Propuso una nueva constitución para poder realizar los cambios.
En conclusión, la próxima elección vamos a elegir más que una persona: un sistema de gobierno, libertario o intervencionista.

Economista de profesión. Empresario con experiencia en el sector público y privado. Columnista de El País desde hace varios años.
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