Columnistas
Conteo regresivo
Parece que ya no hay ni un ápice de vergüenza y la amoralidad pública y la depravación estatal han llegado a sus fondos más profundos.
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18 de jul de 2026, 12:35 a. m.
Actualizado el 18 de jul de 2026, 12:35 a. m.
En la cultura muisca somos muy dados a hacer cuentas y cálculos, sobre todo tratándose de asuntos propios de la política; ahí hay hasta vaticinios. También los hacemos en materia deportiva y hasta le jugamos unas fichas a algunos burócratas y esperamos que se haga la ‘magia’ en 3, 2, 1…
Me encanta una hermosa canción, -que lleva el nombre de este editorial- del maestro Juan José Hernández, conocido por su proyecto y obra titulada San Juan Habana y que interpreta magistralmente el gran Gilberto Santarosa; en este momento va sonando esa tremenda rola de desamor con su patrón de tumbao’ de salsa.
Tenemos alma de tahúres y a veces a muchos se les va la mano con las apuestas políticas y hay que recurrir a prácticas non sanctas para enderezar lo que se desvió, porque no podemos olvidar que la ambición rompe el saco. Esto, lamentablemente, es panem nostrum quotidianum. Algunos dicen: “Se volvió paisaje”, y otros, los más impíos con el castellano, impunemente dicen: “Se normalizó”. Como sea, hoy no asombra. Tristemente, a estos turbios y malolientes manejos nos vemos avocados en el día a día de nuestra malicia indígena.
Así pues, huelga decir que hay varias cosas que llaman la atención con relación al rótulo de esta nota de opinión. Un conteo regresivo no es algo distinto a unas manecillas de un reloj en contravía esperando a que llegue el segundo cero, el punto de llegada, la inflexión para dar la largada.
Hemos visto, como en el mundial de las grandes sorpresas, que en todos los partidos se hace el countdown para que ruede la bola con el silbatazo inicial y se desate el fervor y el festín futbolero orbital. Cómo olvidar la famosa obra ‘The Final Countdown’ de la banda sueca Europe, que hace parte de la banda sonora de la saga Rocky y que se entendía como una cuenta ansiosa del héroe para el primer golpe en el ring a su púgil contrincante, a quien, luego de todas las ventajas, tretas y manejos amañados posibles, termina ganando el gran Rocky Balboa. Algo similar sucedió el 21 de junio pasado en las urnas, en donde el vencedor, por la gracia de Dios y por un despertar luminoso del pueblo, fue el talentoso, carismático y valeroso Abelardo de la Espriella: el Tigre presidente. Su triunfo irrefutable y absolutamente transparente nos lleva hoy al conteo regresivo en el que estamos, esperando la llegada del 7 de agosto, cuando con su banda cruzada en el pecho patriota, asuma como jefe de Estado por el cuatrienio venidero, con La Patria Milagro.
Estos conteos regresivos hacen que la gente se afane y acelere su paso por hacer lo que quedó por hacer (muy a la colombiana, a última hora), y querer hacer lo imposible: recuperar el tiempo perdido. Ese ya no se recupera y, como dijo el maestro Alexandre Arnoult Edmond Locard: “El tiempo que se va es la verdad que se fuga”. Ni el krónos ni el kairos nos dan el chance de recuperar el tiempo que inexorablemente se va y se fue.
Acelerar la marcha y entregar contratos a dedo, hacer designaciones espurias, anudar corbatas y concretar celebraciones irregulares, en vista de la indetenible cuenta regresiva, sin meritocracia, honrando el clientelismo mediante la ‘contratisis aguda’, supone un efecto pandémico en entidades oficiales. Ejemplo claro de ello es lo que vimos hace apenas unas horas. Un escalofriante hallazgo de la Contraloría General de la República, alertada por el doctor Iván Cancino, de un botín contractual de más de 8 mil millones de pesos que tiene como protagonista a la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado. Esto, sin mencionar las demás entidades que están en la misma pista de baile. La lista daría para varias columnas.
Me pregunto, por ejemplo, ¿por qué la precitada entidad estatal, de grandes abolengos y pergaminos y que ha sido liderada por algunos juristas de destacados pergaminos, no se ocupará más bien de explorar, suscribir y ejecutar los Acuerdos de Solución Amistosa, a los que se ha comprometido y que mucho le convendría, derivado de los informes de admisibilidad y fondo de la CIDH, en reconocimiento de las víctimas de nuestro país, que han debido acudir a esa jurisdicción internacional en busca de justicia, por la precariedad, paquidermia y corrupción del sistema judicial local? ¿No será esto más digno y realmente ejecutivo para hacer una entrega decorosa del inventario, en los procesos de empalme, al gobierno entrante?
Parece que ya no hay ni un ápice de vergüenza y la amoralidad pública y la depravación estatal han llegado a sus fondos más profundos. Lo bueno de tocar fondo, dicen, es que de ahí no hay cómo seguir bajando, así que empezaremos a emerger. El proceso será lento y complejo por la espesura de las aguas que recibimos, y pido al creador que no nos asfixiemos y los pulmones nos den la capacidad necesaria para soportar las largas apneas que necesitaremos hacer para salir a flote.
El doctor Cancino le solicitó al director de la Agencia que suspenda 48 procesos de contratación maratónica que pretenden dejar en firme antes del 7 de agosto; esto, entre otras cosas, para evitar que se comprometan recursos públicos y vigencias futuras sin que la administración entrante haya tenido la oportunidad de evaluarlos durante el proceso de empalme. El ministro, que es un hombre decente, probo y, como buen jurista, presume la buena fe de estos procesos, pero hace este llamado para no seguir desangrando el erario, tal y como se ha venido haciendo en este tristemente célebre gobierno. Esto ha sido una vena rota.
Me gustan los conteos regresivos, pero los positivos. Los que se cuentan con alegría e ilusión, como el 31 de diciembre, cuando cantamos la famosa pieza “faltan cinco pa´las doce” y celebramos la llegada de un año mejor que el anterior y nos gobierna la esperanza. De esa misma manera, con optimismo y credibilidad, cuento los días para ver al Tigre rugir en la guarnición militar y custodiar con celo la Carta, siendo garante del orden jurídico y constitucional desde la Casa de Nariño.
Abrazo cálido. Seguimos trabajando. Falta poco.
@muiscabogado

Abogado bogotano de 48 años. Egresado de la Universidad Sergio Arboleda, especialista en Derecho Comercial y Financiero, DDHH y DIH. Asesor, consultor, litigante en asuntos de derecho público y privado desde hace 24 años. Defensor de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario.
6024455000






