Un vacío regional

Un vacío regional

Febrero 03, 2019 - 11:55 p.m. Por: Claudia Blum

La iniciativa de Prosur puede llenar un vacío evidente en la región y no debe verse como un capricho del presidente Duque ni como una simple idea para enfrentar a Maduro, y menos convertirse en un espacio excluyente de la derecha.

Para entender su potencial, basta revisar el estado de organizaciones de países que sobreviven en la región. En 1948, apareció la OEA para afianzar la paz y la seguridad y promover el desarrollo económico, social y cultural. Hoy dividida en dos bloques: uno liderado por Estados Unidos y Canadá que, por su desatención hacia América Latina, no logra convocar apoyo a sus propuestas. El otro, apoyado por Cuba, Venezuela y Nicaragua, se encarga de frenar iniciativas de la contraparte. Lo que ha llevado a la desarticulación de soluciones de los principales temas a nivel continental.

Por su parte, el Alba fundado en 2004 por Cuba y Venezuela es hoy un grupo de países satélites dependientes de petróleo barato a cambio de apoyos irrestrictos a posiciones ideológicas. Su fuerza ligada a la diplomacia petrolera venezolana le impidió institucionalizarse y trazar políticas de integración.

Unasur apareció en el 2008 impulsado por un Brasil que quería acercarse a Suramérica. Pero el grupo terminó alineado con la revolución chavista y está condenado a desaparecer por su politización y los pocos convenios de cooperación -firmados, pero sin aplicación–, en energía, infraestructura, salud y narcotráfico.

Promovida también por Venezuela y Cuba en 2010 nació la Celac con claro sesgo ideológico. Su propósito no ha sido otro que sustituir a la OEA y excluir a EE.UU. y Canadá provocando una confrontación Norte-Sur. Con pocos aciertos para mostrar.

El común denominador de estos órganos son debates políticos, dominados por gobiernos autoritarios que imponen una noción discutible de ‘democracia’ y una confrontación permanente con el mundo desarrollado.

Latinoamérica y el Caribe necesitan un Foro propositivo que haga contrapeso a esas visiones. Un escenario que defienda la consolidación democrática como objetivo político que se construye con el aporte de todas las ideologías. Que promueva instituciones sólidas, legítimas, transparentes, respetuosas del pluralismo, de los derechos humanos, de la separación de poderes y de la voluntad popular reflejada en elecciones libres.

Asimismo necesitamos una instancia que facilite la integración económica regional que ha sido un sueño desde la fundación de Aladi (1980) y el Alca (1994). El desarrollo no se construye solo a través de TLC con países desarrollados, pues importantes sectores industriales y de servicios de alto valor agregado tienen un mercado natural en la región. En el mediano y largo plazo, un órgano coordinador de alto nivel podría impulsar, sin duplicar estructuras, la integración de procesos como Mercosur, la CAN, los acuerdos de Centroamérica, Caricom y la incipiente Alianza del Pacífico. Para esto, se requiere coordinación de políticas públicas económicas, sociales, ambientales y culturales, y fortalecer la interacción de sectores públicos y privados de los países de América.

Un Prosur podría impulsar esa coordinación para fortalecer nuestro desarrollo como región cada vez más democrática, integrada y competitiva frente al resto del mundo. Manteniendo el equilibrio que se requiere, sin caer en el enfoque excluyente de derecha o izquierda, para que su existencia no dependa de los gobiernos de turno.

VER COMENTARIOS
Columnistas