Penas que dan pena

1. La cárcel, ¿para qué? Los domingos suele formular este diario ‘Preguntas...

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27 de may de 2015, 12:00 a. m.

Actualizado el 20 de abr de 2023, 12:12 a. m.

1. La cárcel, ¿para qué? Los domingos suele formular este diario ‘Preguntas de la semana’. El domingo pasado pregunta: ¿Se le olvidó al Estado que el sistema penitenciario fue concebido para rehabilitar a los infractores y no para vulnerar sus derechos humanos? Yo agregaría que la cárcel es un castigo, quizás el peor de todos. Pero de nada sirve a la sociedad si no rehabilita, si no resocializa. De nada sirve si el condenado sale más ‘malo’ de lo que entró. De nada sirve si termina graduándose en ‘una escuela’ de nuevos crímenes y mayores venenos. Pero lo peor: nadie merece que lo traten y maltraten como ocurre en nuestro sistema penitenciario.“Mejor morir que estar aquí”, nos dijeron varios internos a unos abogados que estuvimos de visita en uno de esos centros de reclusión. Como los pollos en jaulas o los cerdos unos sobre otros. Confieso que salí enfermo y revalué ciertas creencias.2. El secuestro como cárcel. Muchos asimilan un secuestro a una cárcel. Lo que nos han contado quienes estuvieron en el cautiverio guerrillero no tiene nombre. Por ello, la misma guerrilla opone todos los obstáculos para que la justicia transicional (verdad, justicia y reparación) incluya ‘justicia’, no entendida como cárcel. “Ni un día de cárcel”, dicen en La Habana quienes han sido los peores carceleros de la historia: cinco, diez años y más para gente inocente. Sometidos a la selva, al rigor del clima, al hambre, a las cadenas, a la ausencia de su familia, de la civilización, de la vida humana. ¿Pero el presidio será una verdadera solución?3. Nuestra experiencia. Evaluemos lo que ha ocurrido con los paras. Pronto empezarán a salir a la calle por penas cumplidas. ¿Será que esa prisión le sirvió al país? ¿Y en los paras ha habido arrepentimiento verdadero, examen de conciencia, propósito de enmienda y, ante todo, satisfacción de obra? O sólo confesión de boca. Muchos temen que regresen al narcotráfico y que utilicen todos los recursos posibles para ‘recuperar’ sus bienes. Vueltos a la libertad, ¿regresarán a hacer qué, a trabajar en qué y con quién? Lo veremos. ¿Quién le ha hecho seguimiento al proceso personal de quienes actuaron con la sevicia del sociópata y la frialdad del sicópata? Me temo que nadie sabe nada sobre esto. Ni ellos mismos.4. ¿Y los guerrillos? Valen estas reflexiones ante el dilema de cárcel o no cárcel. Una primera reacción exige, con furia, privación de la libertad. Pero si uno le pone un poco de sicología al asunto se vuelve a preguntar, ¿cárcel para qué? En las celdas el demonio no se santifica, todo lo contrario.Muchos añoran amnistías como la del M-19. Pero esto ya no lo admite el Estatuto de Roma. Y hoy, sobre todo, nadie tolera impunidad. Por ello, tiene que haber mucha inteligencia y tacto para que ‘la justicia’ opere en forma eficaz. Si no hubiere cárcel, que las penas alternativas sean suficientemente satisfactorias para la sociedad, para la Corte Penal Internacional. Pero, sobre todo, para que los subversivos comprendan que la delincuencia se acabó si culmina el proceso de paz. Los colombianos, a una, exigirán cero terrorismo, cero narcotráfico, cero reclutamientos forzados, cero armas, cero minas. Y pasar a la política (que es como pasar a la vida) pero con cero constreñimientos al electorado. O nada.

Abogado y economista ha sido director de Planeación, secretario de Gobierno y secretario general del Valle del Cauca. Fue gerente de El País, representante a la cámara y senador. Escribe para El País dsde 1965.

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