Música colombiana

Febrero 28, 2016 - 12:00 a. m. 2016-02-28 Por: Carlos Lleras de la Fuente

Debo hacer un paréntesis en la serie larga sobre la realidad colombiana, para referirme al Festival Nacional de la Música Colombiana a cuya presentación en Bogotá he concurrido varios años, primero en el Teatro Colón, y ahora en el Santo Domingo.La ley 851 de 2003 fijó el 21 de marzo como día Nacional de la Música Colombiana que declaró Patrimonio Cultural y Artístico de la Nación, lo mismo que el Concurso Nacional de Duetos ‘Príncipes de la canción’ que se lleva a cabo en Ibagué con el patrocinio de la Fundación Musical de Colombia y su incansable y entusiasta directora Doris Morera de Castro.Este año se hizo la presentación en Bogotá el 25 de febrero y el programa como siempre, fue apetitoso: homenaje al maestro Alberto Castilla, autor del hermoso Bunde Tolimense, himno no oficial del Tolima pero que se suele oír de pie, como el Aleluya del Mesías de Händel; se extiende el homenaje a Jorge Villamil y a José A. Morales, autores de los más bellos bambucos del país no costeño.La música del Bunde es estupenda aun cuando parte de la letra puede ser incoherente: “Baila, baila, baila/ sus bambucos mi Tolima/ y el aguardiente es más valiente y leal” (?).A Villamil no lo conocí pero por años me han acompañado Los Guaduales, Al Sur, Oropel y otras varias canciones tales como la melancólica ‘Espumas’ grabado por Garzón y Collazos, ese par de estupendos músicos que grabaron por allá en 1965 un himno liberal compuesto por mí padre, con música de José A. Morales.A este último lo conocí mucho y la Flota Mercante Grancolombiana grabó un excelente álbum (LP) con tres o cuatro discos que aún conservo. Con su Presidente, Álvaro Díaz, asistimos en el Socorro al homenaje que 200 o 300 tipleros y guitarristas le rindieron a su memoria y que, naturalmente, se inició con el melancólico bambuco Pueblito Viejo; además, quién puede olvidar a María Antonia, la bella tendera, con su tienda de besos, su facha de gitana y su cuerpo de palmera. Muchos años después, Álvaro Díaz reposaría en la misma e histórica ciudad.En el programa aparece la presentación de los duetos que participan en el concurso ‘Príncipes de la canción’ durante el cual se oyeron nuevos y románticos bambucos, categoría musical que injustamente los jóvenes tratan de echar de lado, de la mano de Fonseca, Carlos Vives, Shakira y otros.Comprendo la disyuntiva y a los jóvenes, comenzando por los de mi familia, pero el Estado y bogotanos, santandereanos, boyacenses, antioqueños, caldenses y risaraldenses, huilenses y tolimenses tenemos que defender nuestro patrimonio cultural sin necesidad de demeritar el Caribe.La Fundación organizadora ha tenido la feliz idea de producir un álbum con cuatro CD con 21 canciones cada uno, interpretadas cada una por uno de los dúos que han participado en el concurso a lo largo de estos treinta años de existencia del Festival; sus lánguidas notas acompañaran algunas de mis tardes, sin perjuicio de Bach, Mozart, Haydn y Beethoven, pero así tiene que ser: amar algo, como la que llaman “música culta” no implica dejar de lado otras manifestaciones como la que venimos comentando, o las románticas composiciones de Luis A. Calvo, Emilio Murillo y Vidal.Si la gente se sentara a oír música, de pronto disminuiría la criminalidad, no sólo porque saldrían a las calles menos criminales en potencia pero también porque podrían tener el alma conmovida por los compases de las cuerdas de nuestro altiplano y de las otras tierras bambuqueras.Es cierto que nos es difícil competir con la música mexicana, la brasilera y la argentina pues las tres nos deleitan con variados géneros; no es únicamente samba y más samba, ni tango y más tango, ni ranchera tras ranchera, géneros que vienen evolucionando hasta modernizarse: Bossanova, el nuevo tango de Piazzola, las baladas y boleros mexicanos, sin haber contado con el maravilloso bolero cubano. Oí ya 42 bambucos seguidos y espero que evolucione un poco el género.

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