Forza Italia

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Junio 24, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlos Jiménez

En lo que va del año no ha hecho más que crecer el descontento de la ciudadanía europea con un establishment político cada vez más sordo a sus demandas y reclamos. En la columna pasada elogié la conducta de la ciudadanía islandesa que se ha negado terminantemente a pagar las deudas astronómicas que contrajeron sus gobiernos con la banca especulativa internacional sin tomarse siquiera la molestia de preguntárselo. Y en ésta me voy a ocupar del pueblo italiano, que venció hace poco en un referéndum las principales estrategias políticas del gobierno de Silvio Berlusconi. Una victoria tanto de los que las rechazaron por amplia mayoría, como de quien la promovió inicialmente, Antonio di Pietro, el líder de Italia de los Valores, un partido sin apenas representación parlamentaria y que batió un récord histórico reuniendo el millón cuatrocientas mil firmas que obligaron al Tribunal Supremo a convocar la mencionada consulta popular. A mí desde luego me alegra mucho que en la misma se haya rechazado contundentemente el uso de la energía nuclear, que Berlusconi quería potenciar con un tramposo decreto ley de última hora que escondía ese propósito detrás de la prórroga de la vida de las centrales nucleares más antiguas por sólo un año más. Al fin y al cabo este rechazo fortalece la causa de quienes nos oponemos en el mundo al uso de una energía tan cara como peligrosa. Pero, desde el punto de vista de nuestro debate en torno a la privatización de Emcali, resulta más importante el rechazo de los italianos a la privatización del agua, de sus infraestructuras y su comercialización, así como a la liberalización de sus tarifas, que se habría traducido en un aumento inmediato de las mismas del 7%. Con este rechazo Italia se pone en la misma senda de recuperación de la soberanía popular de un recurso tan esencial como es el agua que ya está transitando y con mucho éxito la Alcaldía de París. Y nos da aliento y ejemplo a todos los vallecaucanos que defendemos esa soberanía, ahora que está tan amenazada por los obstinados defensores de la privatización a ultranza. “Hasta del mismo cielo azul”, como denunció Rafael Alberti en un poema memorable. Otro de los logros del referéndum fue el rechazo a la ley del Legítimo Impedimento que le permitía a Berlusconi eludir las citaciones judiciales pretextando sus obligaciones institucionales. Ahora ya no tendrá excusas para evitar sentarse en el banquillo de los acusados.

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