El MoMa

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Octubre 17, 2019 - 11:45 p. m. Por: Carlos Jiménez

El lunes próximo se inaugura la nueva ampliación de la sede del MoMa de Nueva York -la cuarta desde que en 1939 se inauguró la misma en la calle 53 de Manhattan- y hay tanto que celebrar como lamentar.

Celebrar ante todo que el arte latinoamericano reafirme y potencie su lugar en un museo paradigmático que, además, posee la más importante colección de arte moderno y contemporáneo del mundo. La reafirmación corre a cargo del hecho de que la renovada exposición de la colección permanente incluya 50 obras de artistas de nuestro continente que, dado el arco temporal que cubren, demuestran que las sucesivas direcciones del museo ha mantenido intacto el interés en nuestro arte del que dio muestra temprana el banquero Nelson Rockefeller, el más acaudalado de sus fundadores.

Interés en estudiarlo, exponerlo y coleccionarlo. Desde el muralismo mexicano y las vanguardias artísticas de entonces, hasta las expresiones artísticas más actuales: posmodernas, de género, poscoloniales. En el conjunto predominan los mexicanos y los brasileños y escasean los de otros países, incluida Colombia, apenas representada por dos obras de Beatriz González hechas a partir de fotos entresacadas de la prensa, un ensamble escultórico de Doris Salcedo y un impactante collage fotográfico de Carlos Echeverry.

Los nuestros habrían podido ser más, porque la colección permanente posee muchas más obras de artistas colombianos, entre las que sobresalen algunos de los mejores cuadros pintados por Fernando Botero en los años 50/60, antes de que tomara la decisión estratégica de pintar gordos.

La potenciación de nuestro arte ha correspondido a Patricia Philips de Cisneros, la multimillonaria coleccionista anglo venezolana, que ha donado al museo neoyorquino una fracción de su impresionante colección de arte abstracto y constructivista de América Latina, en la que desgraciadamente faltan Negret y Ramírez Villamizar. O por lo menos sus obras no están expuestas.

La donación, agrupada bajo el título de Sur Moderno, ocupa varias salas y su inauguración se ha unido a la oficial de la ampliación. Es también de lamentar que para hacerle hueco a la misma el museo haya comprado y demolido la sede del vecino museo del arte popular americano. Diseñada por Tod Williams y Billie Tsien, tenía apenas 12 años de edad y por su refinada composición espacial y el juego de planos de cobre martillados a mano de su fachada merecía otra suerte.

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