La pandemia del pánico

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La pandemia del pánico

Marzo 26, 2020 - 11:05 p. m. Por: Carlos E. Climent

No sabemos con certeza lo que nos espera con relación al coronavirus pues, al día de hoy, ignoramos muchos datos fundamentales sobre su epidemiología, por ejemplo:

*No se ha realizado un estudio sistemático de una muestra al azar de la población, que se haya repetido a intervalos regulares para estimar la verdadera incidencia de casos nuevos.

*Se desconoce el número real de personas infectadas, porque todavía no existen suficientes pruebas disponibles para realizar tales diagnósticos de manera masiva.

*Tampoco conocemos su tasa real de mortalidad.

Ante la ausencia de tan importantes estadísticas, las informaciones indiscriminadas más alarmantes, y que la gente acoge como verdades incuestionables, son las que más ruido y más daño hacen. Cuando la realidad es que se originan en lugares donde se atiende a los enfermos más afectados y probablemente con la mayor posibilidad de morir frente a esta enfermedad.

Pero no se dice, por ejemplo, que la gran mayoría de las personas que la sufre se recupera completamente. Por supuesto que la situación debe ser tomada con la mayor seriedad, mientras los gobiernos asesorados por epidemiólogos idóneos van aclarando estos interrogantes.

En el entretanto los ciudadanos comunes y corrientes deben: Respetar de manera estricta la cuarentena recomendada. Si por alguna razón hay que salir, ser muy prudente, siguiendo estrictamente las recomendaciones de higiene.

Estar atento y llamar la atención de manera contundente a quien incumpla las normas de salud, ya que es responsabilidad de todos identificar al trasgresor de la cuarentena que está arriesgando la vida de miles de personas. Cada persona se debe convertir en el defensor de su salud, de la de sus allegados y de la de todos, pues el Estado no le puede poner un policía a cada ciudadano.

No creerse todo lo que aparece en las redes o en los medios, pues muchas de las noticias que se están difundiendo carecen de un sólido fundamento científico.

Abstenerse de transmitir noticias alarmantes y no servir de idiota útil a las aves de mal agüero que difunden noticias negativas de manera irresponsable. Esto es difícil porque la ansiedad lleva a las personas a comunicar indiscriminadamente todo lo que van recibiendo como una medida para espantar sus propios fantasmas. Quien difunde este tipo de noticias solo contribuye a generalizar el pánico.

Al final del camino, muchos de los muertos por la crisis no los habrá ocasionado el coronavirus sino el pánico. La desinformación puede conducir a millones de personas al estrés y al miedo exagerados que se encargan de nutrir los temores inconfesables de cada cual. Y que contribuyen a la desmoralización, al agravamiento de enfermedades físicas latentes, a la depresión y al suicidio.

Es cierto que hay víctimas mortales y que habrá muchas más. Pero este no es el fin del mundo. Esta epidemia va a pasar. La casi totalidad de los infectados se va a curar. La mayoría de las empresas se van a recuperar y la economía finalmente se va a normalizar. La parte positiva de la dificultad es que nos habrá hecho más humildes y generosos. Esa es la esperanza.

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