La adicción a la pornografía

La adicción a la pornografía

Mayo 13, 2019 - 11:00 p.m. Por: Carlos E. Climent

Algunas personas usan la pornografía como un coadyuvante de la sexualidad pues asumen que pueden utilizarla sin riesgo alguno. Pero la realidad es que es difícil no ser afectado por los estímulos que están representados en sus poderosas imágenes. Y de la misma forma como ocurre con otras adicciones, las personas normales se inician en la pornografía asumiendo que es inocua, para caer en una dependencia degradante de la cual resulta muy difícil escapar después.

La adicción a la pornografía ocurre mucho más frecuentemente entre varones que entre mujeres. No se trata de algo genético, sino de un proceso aprendido que tiende a disminuir la capacidad del individuo para amar. Y que se constituye en una dinámica muy fuerte que supera cualquier estímulo sexual que pueda ofrecer una relación normal.

Al comienzo solo hay una curiosidad que se encuentra accidentalmente en la red y la persona solo dedica unos momentos a la observación de las imágenes. De allí se puede pasar a fácilmente a la dependencia.

El proceso de adicción a la pornografía se suele iniciar como un estímulo erótico que escala rápidamente de la misma forma como ocurre con una droga de abuso. De manera también muy veloz, se establece el fenómeno de la tolerancia que consiste en que cada vez se requiere una dosis más alta de las incitaciones para lograr el mismo efecto. Con el tiempo estos enfermos se van dejando llevar a un mundo sórdido que les parece normal y del cual no pueden escapar. Esto los lleva a “encuentros”sexuales virtuales de características obsesivas a través de la red que pueden tomar muchas horas del día. Cuando no a contactos físicos reales, inadecuados, indiscriminados y plagados de riesgos. El escalamiento suele llevar a la promiscuidad, al sexo irresponsable, al voyerismo, al exhibicionismo, al sexo en grupo y otras conductas tanto o más aberrantes. Todo lo anterior produce un deterioro y lo que antes era considerado como repugnante o ilegal se empieza a defender como algo legítimo.

El adicto a la pornografía casi nunca consulta por su propia voluntad porque tales conductas le parecen, además de gratificantes, perfectamente normales. Simplemente se sumerge en ellas de manera secreta y las camufla con otras actividades.

La consulta al especialista suele darse cuando la esposa obliga a su pareja a confesar la naturaleza y gravedad del trastorno una vez que descubre que el desinterés en la intimidad sexual con ella obedecía a su satisfacción a través de las experiencias pornográficas. El tratamiento de este trastorno-de igual forma que el de otras adicciones-es complicado. Incluye la aceptación de una guía profesional, la abstención total, la búsqueda de apoyo a través de grupos similares a los de alcohólicos anónimos y la comprensión de un cónyuge dispuesto a acompañarlo. El pronóstico, por lo tanto, es reservado y depende de muchos factores de los cuales el más importante es el compromiso honesto con un plan de rehabilitación, la aceptación genuina de enfermedad y el deseo verdadero de cambio por parte del enfermo.

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