El alma colombiana

El alma colombiana

Junio 09, 2019 - 05:00 p.m. Por: Carlos E. Climent

Las oscilaciones del carácter del colombiano son infinitas. Van de la sumisión servil a la rebeldía; de la melancolía y el negativismo a la euforia sin límite; de la amabilidad a la desconfianza; del romanticismo al machismo esclavizante de la mujer y de la compasión a la más aterradora crueldad, para mencionar solo unas pocas.

La enorme variedad étnico-cultural que caracteriza al colombiano en sus distintas regiones está reflejada en los análisis de juiciosos analistas (1,2):

“Los campesinos de Cundinamarca y Boyacá, de origen hispano chibcha son de exquisita sociabilidad y afabilidad…que a veces deforman hacia la hipocresía…disimulados, irónicos o taciturnos cuando prevalece lo indígena sobre lo andaluz”.

Los santandereanos “de poco mestizaje y casi ninguna influencia africana rodeados de muzos, guajiros y achaguas y sangre remota de los chibchas, de ánimo batallador y combativo desde mucho antes de ser sometidos por los españoles, son al mismo tiempo introvertidos y románticos”.

Los originarios de Antioquia, Caldas, Quindío y Risaralda “conforman grupos humanos orgullosos de su raza y de sus montañas…comerciantes, emprendedores, ambiciosos, migradores y con una capacidad de trabajo enorme que les permitió volver habitable y productiva una naturaleza arisca”.

El grupo caucano que comprende al Valle y al Cauca con una diversidad racial psicológica representada en Popayán y Cali…tan cercanas y tan distantes. “Recinto aquella de una cultura evocadora, un poco apergaminada, clásica, latinista y poética. Criolla, económica y febril la segunda, de mayor vitalidad e inquietud emotiva con suave dejo tropical muy tenue y perceptiblemente altivo”.

El nariñense “distante y aislado casi siempre, del resto de la nación, de predominancia indígena Quillacinga, aunque es difícil señalar lindes precisas entre el indígena puro y el descendiente de encomenderos españoles” (1). “Amable, sobrio, suave de trato, valeroso en la guerra, laborioso en la paz, respetuoso de la tradición y del derecho” (2)

El tolimense “con sus antepasados Tamas, Paeces, Andaquíes, Pijaos de carácter altamente belicoso que si es patriarcal, hospitalario, honesto, sencillo como cumple a un pueblo pastor de tradición cultural ibérica, es sin embargo altivo y guerrero indomable en horas de conflicto…muy amigo de la igualdad y la justicia”.

Este brevísimo resumen es para animar a los lectores interesados en el tema a estudiar las fuentes, pues “conociéndonos mejor en lo que somos como pueblo y cultura, los colombianos podremos encontrar caminos más certeros y seguros para el desarrollo integral y equitativo, en convivencia pacífica” (2).

Tal vez el conocimiento de estos contrastes permita entender mejor ciertos comportamientos y patologías nacionales, tan inexplicables como arraigadas, así como los orígenes de las profundas polarizaciones que afectan a un país tan diverso.

(1) López de Mesa, L. De cómo se ha formado la nación colombiana, Medellín, Bedout, 1970

(2)Díaz Camacho, Pedro José “El alma colombiana. Idiosincrasia e identidades culturales en Colombia”, 2012

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