Atracción fatal

Atracción fatal 

Mayo 22, 2019 - 11:00 p.m. Por: Carlos E. Climent

Lucía es una mujer inteligente y atractiva. Es abogada y está especializada en derecho penal. Sus aciertos profesionales la han llevado a encargarse de los casos más complejos en una prestigiosa oficina de abogados de Bogotá. Pero así como su desempeño profesional la llena de satisfacciones, su vida personal es un rompecabezas que no ha podido resolver.

Dominada por una pobre imagen de sí misma, se ha pasado muchísimo tiempo buscando ser validada en el terreno afectivo. A sus escasos 35 años tiene dos matrimonios a cuestas y dos hijos de padres diferentes. Consulta asustada porque su relación de pareja actual, con la que lleva un año bastante tormentoso, está al borde del rompimiento.

Una cosa queda clara. Las elecciones románticas de Lucía fueron sistemáticamente equivocadas. Sus allegados siempre le advertían sobre las características del pretendiente de turno que, sin excepción, dejaban mucho que desear. Pero ella no escuchaba a nadie e invariablemente elegía con afán, acosada por el miedo de irse a quedar sola y con la insoportable sensación de vacío interior que la invadía (como una maldición) cuando no tenía un hombre al lado. Tales características la llevaban a agarrarse del primero que le susurrara al oído una propuesta. Su problema amoroso lo complican, entre otros, dos factores muy puntuales. Ella se siente irresistiblemente atraída por hombres prepotentes, dominantes (aparentemente fuertes) y expertos en hacer promesas de amor. Ellos, seres narcisistas (e inseguros) la encuentran atractiva por lo débil y necesitada.

Lucía les asigna a estos hombres una enorme importancia y rápidamente se enamora de ellos. Pues en un comienzo se esmeran en ilusionarla, tranquilizarla, escucharla, valorarla y protegerla. Pero rápidamente dejan ver su lado más egoísta, explotador y descalificador con lo cual anulan su autonomía y de manera sutil la controlan a través de la manipulación y la culpa.

La ‘luna de miel’ termina en episodios de maltrato (usualmente ambos borrachos) a manos del abusador de turno, en los cuales ella, paradójicamente, se siente la responsable del fracaso (“Debo ser más tolerante”). Pero Lucía no es masoquista porque no deriva ningún placer de la situación de maltrato, por lo contrario, sufre mucho cada vez que la relación empieza a deteriorarse pues le aterra quedarse sola.

Obviamente, la relación no es mala todo el tiempo. De hecho ha tenido varios períodos de paz, en especial durante las “reconciliaciones”cuando el compañero presiente que la ruptura es inminente y aplica de nuevo sus habilidades seductoras. Y ella haciendo gala de su gran ingenuidad (bobería) “muerde el anzuelo” y vuelve a aferrarse a lo “seguro”.

Esta patética realidad la ven todos los allegados pero ya nadie se atreve a decir nada, pues para ese momento el narcisista de turno lo tiene todo férreamente controlado.

En una próxima columna se plantean algunas explicaciones para esta especie de ‘atracción fatal’ que lleva a Lucía a preguntarse: ¿Por qué siempre me consigo hombres que terminan aprovechándose de mí?

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