Reforma sin forma

Reforma sin forma

Septiembre 29, 2016 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

Según los informes que se han presentado al Concejo, el nuevo Municipio tendría 23 secretarías y 53 subsecretarías de apoyo, es decir 5 secretarías y 32 subsecretarías nuevas (El País, 30/08/2016). Es probable que para la reforma de la Administración Municipal se precisen, pero en este caso es imprescindible que se reagrupen y no que se sumen como ruedas sueltas al ya caótico manejo de esta ciudad. Para comenzar no se entiende, como se ha reiterado en esta columna, que una ciudad es tanto el artefacto construido como lo que pasa en él, lo que genera un tercer aspecto: el control de uno y otro, responsabilidad de la Alcaldía, mientras que la del artefacto debería ser del Concejo.Es decir, que, en rigor, se precisa apenas una Secretaría de Planeación, cuya reestructuración si que es importante, y otra de Gobierno, a las que hay que sumar las correspondientes a las principales actividades que se llevan a cabo en la ciudad: la vivienda, el comercio, el trabajo, la cultura (que incluye la educación) y la recreación y el deporte, y desde luego la movilidad. Cada una con las Subsecretarías que precisen, pero que de esta forma estarían debidamente jerarquizadas. Es decir no más de unas ocho Secretarías, cada una con algunas Subsecretarías, y no el medio centenar que se ha propuesto, y si muchas pequeñas oficinas especializadas o apenas funcionarios.El caso es que una reforma no es apenas aquello que se propone, proyecta o ejecuta como innovación o mejora de algo, sino igualmente la acción y efecto de reformarse de acuerdo con una jerarquía que vela por la gradación de las personas, valores o dignidades, es decir un orden entre los diversos asuntos implicados. Principio que, en un ordenamiento jurídico, impone la subordinación de las normas de grado inferior a las de rango superior. Y desde luego el cambio de nombre de algunas secretarías no las cambiará, pero sí ayudaría a que los ciudadanos entiendan mejor el manejo de su ciudad, por lo que deberían ser concisos y no rimbombantes, como tanto gustan a los burócratas para autojustificarse.Igual que en la arquitectura, en el manejo de la ciudad "menos es más", lo que significa que hay reducir su administración a lo mínimo, a los elementos esenciales que la componen, mientras que todo lo demás disturba, y lo mismo para cada uno de ellos. En otras palabras, quien mucho abarca poco aprieta. Sin embargo actuar en lo macro (El POT por ejemplo), no debe implicar perder el sentido de las cosas que está en lo micro (por ejemplo las normas de construcción o de tránsito), y de ahí no sólo la importancia de su jerarquización, como la de su periódica y amplia discusión, tanto en el Consejo de la ciudad, como en la Alcaldía, en un Consejo de Planeación, equivocadamente eliminado. Y si hay algo que urge dicha discusión es el concepto mismo de ciudad, esos artefactos constituidos por construcciones y espacios urbanos, en una geografía y con una historia, en los que vive una población numerosa realizando en ellos diversas actividades y bajo un gobierno, en este caso elegido por los ciudadanos. Es indispensable para poder evaluar apropiadamente la reforma de la Administración Municipal de Cali, no vaya a ser que se cambie todo para que siga igual la corrupción y el despelote, para peor de males sin la gracia de la novela del príncipe de Lampedusa, y nos metan a los contribuyentes un costoso gato por liebre y ni siquiera pardo.Sigue en Twitter @BarneyCaldas

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