Autocrítica

Autocrítica

Junio 20, 2019 - 11:35 p.m. Por: Beatriz López

El acceso a la Cámara de Representantes de un ‘Santrich’ sonriente con aire triunfalista y haciendo la V de la victoria, mientras los miembros más jóvenes de la bancada del CD lo recibían con agresivos insultos, convirtieron al Congreso en un símil de vocinglería y amenazas de barras bravas a la salida de los estadios. ¡Qué vergüenza!

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Y, mientras continuaba el matoneo contra ‘Santrich’ y la Selección Colombia metía el gol contra Catar, se hundió en la Cámara de representantes el proyecto de Ley Anticorrupción, que obtuvo más de 11 millones de votos.

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Aquí nadie se salva, ni ‘Santrich’ que a pesar de sus provocaciones ha creído que con pedir perdón por el famoso quizás, quizás, deja atrás su insolencia. Tampoco Uribe, que en pleno Congreso llama sicario a Petro, ni este que responde en el mismo tono, ni las aguerridas parlamentarias uribistas que tratan de imitar el estilo vociferante del señor Mejía y, del otro lado, ‘Iván Márquez’, que ha hecho hasta lo imposible por tirarse el Acuerdo. Lo de volver ‘trizas’ la paz, viene de allá y de acá.

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Ha hecho falta la autocrítica en la implementación del Acuerdo de Paz, como se acostumbra en los procesos revolucionarios. Hay dos líneas que lideran ‘Thimochenko’ y ‘Márquez’: en el primero están los conciliadores: ‘Catatumbo’, ‘Lozada’, ‘Pastor Alape’, ‘Mauricio’, y ‘Granda’ (casi el 35% de todos los comandantes). Del lado de Iván, los guerreristas: ‘Santrich’, ‘el Paisa’ y ‘Romaña’, y más o menos el 65% de los comandantes y buena parte de los desertores.

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Y mientras el país y la misma guerrilla se desgastan con ‘Santrich’ y con ‘Márquez’, la base guerrillera que se desmovilizó está en el limbo, siendo objeto del plan pistola en las apartadas zonas de distensión, donde nacen centenares de niños que sueñan con un nuevo amanecer.

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En ningún momento se ha visto en los comandantes desmovilizados un gesto de reflexión, un ‘mea culpa’, aceptando que la revolución fracasó, que la connivencia con el narcotráfico contaminó la lucha y que por tanto los 50 años de confrontación con el Estado solo trajeron muerte, desplazamientos, aparición de grupos de contra insurgencia, una Justicia coaptada y un país estancado.

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Tampoco puede hablar duro un sector de la élite política que le abrió las puertas del Congreso al narco paramilitar Mancuso, sin que mediaran los insultos lanzados a ‘Santrich’. Varios miembros de esa élite hoy están condenados, o en vísperas de estarlo, por corrupción o por alianzas con paramilitares, por falsos positivos o por el genocidio de la UP.

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Y, lo que podría ser el terreno ideal para hacerse la autocrítica, hoy se pedalea un sospechoso referendo para derogar la JEP, crear dos salas en la Corte Suprema de Justicia que reemplacen este Tribunal y remover a todos los magistrados de las Altas Cortes. Definitivamente esta sociedad seguirá condenada a cien años de impunidad e igual que la Justicia, permanecerá con los ojos vendados, sin conocer los reales entretelones de su historia.

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