La paz es posible

Octubre 01, 2022 - 11:15 p. m. 2022-10-01 Por: Arquidiócesis de Cali

Por: monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, obispo de Buenaventura

Los últimos registros señalan que en Buenaventura se venían presentando alrededor de unos 20 homicidios al mes. Pero es muy esperanzador saber que en este mes de septiembre solo va una persona asesinada. Es una alta o altísima reducción de los índices de violencia en una de las trece ciudades más violentas del mundo.

Se denominan los Shottas y los Espartanos, nombres de algunos grupos guerreros, quienes se han venido disputando este territorio que extrañamente se llama el ‘Pacífico’ y que han puesto el mayor número de víctimas de un conflicto que parecería nunca tener fin. Son grupos delincuenciales que han dominado esta ciudad y que descienden de otro grupo llamado “La Local”.

¿Pero qué ha pasado para que ya no estén asesinando y para que se esté viviendo un maravilloso clima de paz en Buenaventura?

Pues, se ‘cansaron de la guerra’, están convencidos que ese camino por el que han marchado solo traerá para ellos cárcel o muerte, en otras palabras ‘infierno’, y además no desean que sus hijos vayan a terminar engrosando las listas de los más buscados o que tengan que vivir ‘enfierrados’ (cargar siempre un arma de fuego) y con miedo.

Desde mitad del mes de agosto comenzamos a servir de facilitadores de unos acercamientos entre estas bandas para generar confianza y para poder llegar a las instancias gubernamentales en donde esperan que se les escuche y se les atienda en los pedidos que ellos están haciendo: empleo formal, estudio, ocupación productiva del tiempo libre, atención psicosocial, inversión en los barrios y proyectos productivos. Pero también desean que se les considere en términos jurídicos y que se les respete la vida ya que están teniendo gestos de paz para que la comunidad bonaverense pueda estar tranquila y se pueda movilizar por todo el territorio urbano de esta bella ciudad.

Con la ayuda de Dios, con los buenos oficios y aceptación que ellos tienen de la Iglesia, con la buena voluntad de estas personas, podemos construir una paz estable y duradera. Porque la paz es posible para aquellos que la construyen, para aquellos que se esfuerzan en elaborar como con filigrana los pasos necesarios para esa bendita y esquiva paz.
Invito a elevar una oración por la paz, los invito a creer que es posible que también se acaben la extorsión y el robo, que es posible que los enemigos se encuentren y diriman sus diferencias por el camino del diálogo y no el de la exhibición de la fuerza armada.

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