La paciencia y misericordia de Dios

Septiembre 10, 2022 - 11:15 p. m. 2022-09-10 Por: Arquidiócesis de Cali

Por: monseñor Edgar de Jesús García Gil, obispo de Palmira.

En el camino del pueblo de Israel, Yahvé Dios tuvo que soportar en muchas ocasiones la desobediencia, la terquedad, la dureza del corazón que su pueblo elegido le mostraba frente a las enseñanzas que Dios les ofrecía para vivir en comunión y fraternidad. Un ejemplo de esta conducta es la queja que el Señor, como si fuera humano, le pone a Moisés: “Tu pueblo se ha pervertido. Se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de oro y se postran ante él como su Dios. Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Mi ira se va a encender contra ellos” Éxodo 32.

Pero Moisés, amigo de Dios, intercedió ante el Señor: “¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo que tú sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta? Entonces se arrepintió el Señor de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo”. Nuestro Dios no es humano para sentir ira contra nosotros. Es Dios que nos ama con paciencia y misericordia.

Las tres parábolas que nos ofrece Jesús en el capítulo 15 de Lucas son un ejemplo maravilloso de la paciencia y misericordia de Dios con nuestras debilidades y pecados. La oveja perdida entre cien. La moneda perdida entre diez. El hijo menor perdido y alejado de su casa. El afán del pastor por buscar la oveja perdida hasta que la encuentra. El afán de la mujer por buscar la moneda perdida hasta que la encuentra. La paciencia del padre al esperar a su hijo que regrese a la casa. Son las actitudes del Padre Dios que confía en nosotros a pesar de nuestro pecado. Y lo mas grandioso es que Dios hace fiesta cuando regresamos.

Saulo Pablo, el gran convertido, nos regala un testimonio de su experiencia sobre el Dios que descubrió: “Doy gracias a Cristo Jesús que se fio de mí, yo que antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios, tuvo compasión de mí porque no sabía lo que hacía, estaba lejos de la fe” 1Timoteo 1.

Somos discípulos de Jesús, El Cristo, porque hemos sentido el abrazo misericordioso del Padre Dios y no porque caminamos atrapados por el miedo terrible al Dios de la ira. Respetamos sí al Dios del amor.

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