El mejor puesto

Agosto 27, 2022 - 11:15 p. m. 2022-08-27 Por: Arquidiócesis de Cali

Por: Presbítero Germán Martínez Rodas, vicario episcopal para la Educación.

En el Reino de Dios, el espacio de las relaciones nuevas, liberadas de todo egoísmo, de todo arribismo, de todo orgullo y de toda vanidad, la regla fundamental dice así: “El que se exalta será humillado y el que se humilla será enaltecido”.

Pablo de Tarso, escribiendo a los Filipenses precisa la regla: “Hermanos, andad no por espíritu de rivalidad o por vanagloria, sino cada uno de ustedes con toda humildad considere a los demás superiores a sí mismo, sin buscar el propio interés, sino más bien el de los demás” (2, 3-4).

En síntesis, el banquete del Reino de Dios tiene una distribución de puestos muy distinta de la que está en vigor en los banquetes oficiales terrenales. La clave del mensaje evangélico que hoy se proclama en la celebración de la Eucaristía, banquete de acción de gracias, es la humildad, no como concepto abstracto y vacío, sino como estilo de vida ejercido propiamente por Jesús de Nazaret que “vino no para ser servido sino para servir y dar la propia vida en rescate por todos” (Marcos 10,45).

Sin duda que hay muchas maneras de buscar a Dios: actuar sin interés (hinduismo); existir sin deseos ni esperanzas (budismo); liberarse de la culpa por la sumisión a la Ley de Dios, que da bienes a los buenos y males a los injustos (judaísmo); conseguir el paraíso por la resignación a la voluntad de Dios (islamismo), etc.

Para quienes creemos en Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, es claro que Él señaló y mostró la fe en un Dios Bueno, que no demanda servicios, ni inspira temores, ni hace amenazas, ni retribuye mal con mal, sino que quiere a todos “y hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos” (Mateo 5,45).

Ese Jesús de Nazaret propuso una novedad radical en el campo religioso: existir como personas nuevas. “Si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. De la carne nace carne, del Espíritu nace espíritu” (Juan 3,5-6).

Jesús de Nazaret, víctima inocente, sigue hoy vivo y operante en las comunidades creyentes y hace a las personas ‘testigos’ del poder vivificador del amor que es más poderoso que el odio aniquilador. A quienes viven esas propuestas, les ofrece Jesús de Nazaret, la posibilidad de generar ‘futuro’, realizando sus obras y “otras mayores todavía” (Juan 14,2).

El cristiano auténtico anuncia una vida plena, armónica, entregada totalmente, no es resignación fatalista, no es falsa humildad, no es apariencia de bien, es identificación con el que ‘pasó haciendo el bien’ y por eso fue exaltado a la gloria de Dios Padre. He ahí la búsqueda concreta del mejor puesto en el banquete del Reino.

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