Tributación progresiva y eficiente

Agosto 16, 2022 - 11:40 p. m. 2022-08-16 Por: Álvaro Guzmán Barney

El presidente Petro se ha apoyado en buena medida en el Centro de la Esperanza para conformar su equipo de Gobierno. Se ha contribuido así con una línea de pensamiento que argumentó que se requerían cambios de fondo en la sociedad colombiana, pero dentro de la institucionalidad y el orden social.

Uno de los nombramientos que ha sido mejor recibido por los más distintos sectores sociales ha sido el del ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo. Tanto desde organismos internacionales como desde los organismos nacionales, los gremios, los partidos y los sectores académicos, su nombre ha sido bien recibido. Más allá de su destacada trayectoria habría que preguntarse por qué esta generalizada acogida. Creo que su nombre se asocia con conocimiento, experiencia, confianza y transparencia en sus planteamientos.

De tiempo atrás el profesor Ocampo ha argumentado que un problema central de la sociedad colombiana ha sido la muy desigual distribución de la riqueza. Ahora como ministro, propone una Reforma Tributaria que debe entenderse en este contexto de desigualdad y con el propósito de confrontarla, así sea parcialmente. En pocas palabras, se trata de que quienes tienen mayores ingresos tributen más y que el mayor recaudo se pueda orientar hacia la lucha contra la pobreza y la desigualdad. Tengo tres observaciones al respecto.

La primera tiene que ver con la necesidad de contrarrestar la cultura de todos los colombianos (por ello se trata de una cultura), de pagar el mínimo de impuestos para un Estado en el que se desconfía y no se quiere contribuir, pero al que se le hacen todo tipo de exigencias. Esta cultura está especialmente agenciada por quienes detentan cantidades apreciables de riqueza. Algo tributan, pero no todo lo que pueden y deberían tributar.

En el pasado, cuando el conflicto armado con la guerrilla era mucho más fuerte que hoy y cuando se solicitaron tributos extras para la seguridad según el patrimonio, fue un grupo muy pequeño el que contribuyó en el nivel nacional del Valle del Cauca y de Cali. La tesis de que los impuestos sean progresivos con la riqueza es positiva desde un punto de vista ético y ciudadano en una sociedad tan desigual como la nuestra. En el pasado se ha puesto a tributar relativamente más a la clase media que a las élites del poder.

La segunda tiene que ver con las enormes riquezas que evaden abiertamente la tributación. Es cierto que dentro de los éxitos recientes de la Dian está el recaudo por evasión de impuestos, pero el ministro Ocampo considera que en este terreno queda mucho por hacer y que la modernización de la Dian puede llevar a recaudar 25 billones adicionales en el 2024. El tema no es ‘legalizar’ a los pequeños propietarios, a los ‘informales’ de siempre. El tema son los flujos del lavado de dinero en grandes cantidades y su vinculación, por ejemplo, con el comercio exterior o la propiedad raíz, urbana o rural. En otras palabras, la reforma tributaria no puede recaer solamente en los que siempre han pagado. Hay nuevas y grandes riquezas que deben tributar.

La tercera reflexión supone que si recauda más, según lo proyectado, no se puede admitir la corrupción o el gasto burocrático y suntuario desde el Estado. Esto es inaceptable y rompe toda la credibilidad que se puede tener en el sistema tributario. Es un problema viejo que en el caso del gobierno Duque mostró nuevas modalidades y agentes que dejan perplejo y con rabia a cualquier ciudadano. A un recaudo mayor, hay que ponerle toda la atención a un gasto pulcro que llegue adonde se necesita para mejorar la desigualdad.

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