Bolívar y Santander: 200 años

Bolívar y Santander: 200 años

Agosto 06, 2019 - 11:40 p.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

El 7 de agosto de 1819 se sella la independencia de Colombia en una batalla memorable donde confluyen dos figuras tutelares de nuestra nacionalidad: Francisco de Paula Santander, un joven cucuteño de 27 años al mando de 2000 combatientes entrenados en los llanos de Casanare, se encuentra el 12 de junio en Tame con Simón Bolívar, nueve años mayor, que provenía con sus tropas de Venezuela, con muchas derrotas y fracasos en su haber.

Después de sortear juntos el 25 de julio la cruenta batalla del Pantano de Vargas, logran derrotar con menor esfuerzo al ejército realista en el Puente de Boyacá, paso obligado en el camino real a Santafé. Una vez en la capital Santander asume el gobierno, primero como encargado y luego, desde la convención de Cúcuta de 1821, como vicepresidente de la nueva República, ante la ausencia del Presidente titular que se desplaza a concluir la campaña libertadora en Venezuela y los países del sur.

La ruptura violenta con el Estado colonial español planteaba en ese momento un inmenso desafío para el nuevo sector dirigente. Bolívar y Santander, con sus acuerdos y diferencias, encarnan de manera emblemática el nuevo proyecto. Aunque ambos procedían de la misma formación intelectual en los valores de la filosofía de la Ilustración del siglo XVIII, cada uno representaba una orientación diferente: Bolívar más inclinado por el modelo anglosajón de monarquía constitucional y Santander por la Revolución Francesa.

El proyecto de Bolívar, con énfasis autoritario y militarista, estaba inspirado en la idea de crear un Estado fuerte y centralizado, que permitiera inventar una nación donde sólo encontraba caos. Su propuesta de Constitución para las nuevas repúblicas americanas comprendía un presidente vitalicio que podía escoger a su sucesor y un Senado hereditario elegido por militares.

Todo ello sobre la base de considerar que tenía frente a sí a un pueblo inculto, ignorante y desobediente, ingobernable y manipulable, si no se restringían sus derechos. Santander, por el contrario, más abogado que militar, estaba inspirado por el culto a la legalidad, representada por la democracia constitucional. El respeto por la ley era para él la condición esencial para lograr la libertad. La vía regia era educar al pueblo, reconocer sus derechos civiles y darle oportunidad de participar en la elección de sus gobernantes.

Los dos proyectos terminan colisionando de manera trágica a partir del momento en que El Libertador regresa triunfante de su campaña en noviembre de 1826. Los enemigos de la Constitución que había propuesto atentan contra su vida; Santander es destituido, pasa un año en la cárcel y va al exilio. Bolívar instaura una dictadura hasta el momento en que, desilusionado, decide abandonar el país y muere camino a Europa en Santa Marta en 1830.

Bolivarismo y santanderismo han sido las dos referencias fundamentales de la construcción de la República en los últimos 200 años. El origen de los partidos Liberal y Conservador, que monopolizaron la vida política entre 1849 y 1998, se encuentra en esta disputa.

Sin embargo, aunque Bolívar con su prestigio se convirtió en la principal fuente de legitimidad de la vida pública, la influencia de Santander ha sido más profunda y duradera y ha marcado el carácter civilista de nuestras instituciones, el rechazo al militarismo y la afirmación (así sea formal) de la ley por encima de la fuerza.

Gracias a la institucionalidad creada por Santander quedamos vacunados contra las dictaduras militares. Venezuela, bolivariana y caudilista, entre 1830 y 1958 sólo tuvo cinco presidentes civiles para un total de siete años y medio. Colombia, santanderista y antimilitarista, durante el mismo período sólo conoció dos golpes militares para un total de cinco años (incluyendo la “dictablanda” de Rojas Pinilla). No obstante, el problema que plantean estas dos alternativas sigue sin resolver, a pesar de las buenas intenciones que aparecen en el escudo nacional: Libertad y Orden.

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