Por si las dudas

Por si las dudas

Noviembre 18, 2018 - 11:55 p.m. Por: Alberto Silva

El parte de victoria dado en el puerto de Santa Bárbara de Iscuandé el 31 de enero de 1812, por el capitán Ignacio Rodríguez al general José María Cabal, vicepresidente de la Junta de Gobierno de la Provincia de Popayán, es un conmovedor documento incontrovertible, de la ofrenda vallecaucana a la causa libertadora del país:

…comenzamos el fuego a las diez del día hasta las cuatro de la tarde, con tal orden, valor, actividad e intrepidez de oficiales y soldados, que estimo fría cualquier ponderación. No se reconoció en ninguno, cobardía, ni era preciso repetir las órdenes. Tuvimos un momento de confusión cuando reparamos la pérdida de las cureñas del cañón mayor que teníamos no alcanzando los otros a las embarcaciones enemigas, que se retiraban vomitando torrentes de fuego sobre nuestra gente. Pero socorridos por nuestros cañones pequeños montados en falcas, logramos desconcertar con nuestra fusilería las embarcaciones grandes y pequeñas de Tacón, y herido en un costado el comandante don Ramón Pardo, destrozadas las velas y amarras; precipitados al agua muchos soldados al ver que sus embarcaciones zozobraban, otros ya difuntos en las aguas, el pérfido Tacón entre el estruendo de las armas y la oscuridad del humo en el día más claro y sereno que vio Iscuandé, salió de la cámara de la lancha cañonera, se arrojó a una falca y tomando otra de Valverde huyó en compañía del sargento Rodríguez.

Debido a la oscuridad por el humo, todos estos lograron escaparse del furor de nuestros soldados, quienes por otra parte seguían empeñados en el combate, que duró hasta que horrorizados los enemigos del incesante fuego de la fusilería clamaron pidiendo a grandes voces misericordia.

El comandante al oír esto, manda, ya con toques de cornetas y ya con desacompasados gritos, que se suspenda el fuego, pero la gente no obedece, y el fuego arde desde la ribera contra las embarcaciones, hasta que encendida una, se vio desamparada de sus marineros.

Pero en este momento se logró un rayo de luz que hizo descubrir a nuestras tropas al reverendo padre fray Lucas Domingo, que desde la cubierta de una lancha, puesto de rodillas, pedía a todos misericordia. Y repentinamente todo el furor de nuestra gente se tornó en clemencia.

Saltan a las embarcaciones, abrazan a los hermanos heridos; y con muertos y heridos empiezan a ejecutar los oficios propios de la caridad.
El enemigo perdió más de cuarenta hombres. Tres han sido sepultados en la iglesia. Heridos el capitán comandante, don Ramón Pardo, gravemente; mortalmente, otro soldado español; y no de gravedad, diez y siete españoles de tropa. De los ahogados no ha podido tomarse razón. De nuestra parte fueron heridos gravemente, en el primer ataque, José María Hinestroza, y en el segundo, Raimundo Llanos, Joaquín Cañizales y Miguel Salas; en agonía el valeroso José María de Arce, todos vecinos de Cali. Los prisioneros son los que aparezcan en la lista que acompañaré con ellos, siendo los principales el R.P fray Lucas Domingo, don José María Delgado y Polo, y don Felipe Grueso. Posteriormente el alférez don José María Caicedo y Zorrilla aprisionó al R.P. fray Juan Bautista Zamora y a don Manuel Silvestre Valverde. Todos seguirán con la escolta correspondiente.

Recomiendo a vuestra excelencia el mérito de todos los oficiales. Se han distinguido en el cumplimiento de sus deberes, acompañándome el alcalde de primer voto don Manuel Estupiñán, y el de segundo don Manuel Moreno, que se han distinguido entre todos los hijos de esta ciudad.


¿La Comisión Asesora del Ministerio de Educación para la enseñanza de Historia Patria y Armada Nacional, requieren algo más para determinar a Iscuandé como el pináculo de la Historia Naval de Colombia?

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