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Muralla del Pacífico

Octubre 27, 2019 - 11:35 p. m. Por: Alberto Silva

La ruta para llegar a Buenaventura pasaba por La Porquera, hoy El Carmen y seguía bordeando la falda occidental del nacimiento del río Dagua, hasta llegar al filo de Papagayeros, lugar donde se encuentra la actual población de Dagua, que para esa época todavía no existía. Una vez coronado el filo por el sitio de El Rucio, se descendía en busca del río Pepita y continuaba por el áspero camino que acompañaba esa vertiente hasta desembocar al Dagua en Juntas del Dagua.

Muchos años después, científicos europeos, militares y escritores vallecaucanos, como Jorge Isaacs, describieron los dramáticos riesgos a que estaban expuestos quienes que se atrevían a hacer el recorrido entre Cali y Buenaventura por el cañón y selvas del Dagua. Aunque su geografía se encuentre hoy algo ‘domesticada’, los raudales espectaculares del legendario río aún causan pavor a los viajeros por vía férrea o en cómodos automóviles.

La vertiente del Dagua era una de las vías ancestrales utilizada por los pobladores del valle geográfico del río Cauca que conduce sus aguas desde las cabeceras de la Cordillera Occidental hacia el Océano Pacífico. Era la única vía disponible que tenía Antonio José de Sucre, para conducir su ejército hacia el ‘puerto’ de Buenaventura. El tránsito normal por ese camino le tomaba ocho largos días a un viajero. Cuesta imaginar hoy, cómo fue posible que Sucre con cerca de 2000 hombres, con su carga y las grandes arrierías que le acompañaban hicieran ese camino hace 200 años, para llegar al mar y tomar rumbo a Guayaquil.

Tampoco fue tarea fácil, fondear en las playas costeras del Pacífico, cerca de Buenaventura, sector escogido para embarcar a las tropas vallecaucanas en los bergantines que los patriotas habían contratado en Chile. Esta proeza jamás se repitió a esa escala durante la Independencia y hoy es muy poco destacada por la memoria colectiva de la nación.

Luego de partir de Cali, las tropas patriotas de Antonio José de Sucre, debieron afrontar su embarque en las peores condiciones climáticas y geográficas, como las presentadas por los barrizales de bajamar en los manglares de la Costa Pacífica. El arribo de los barcos al puerto no fue menos dramático. Los barcos destinados a recibir la tropa, debieron acoderarse a rudimentarios atracaderos de madera, encima de los fangales dejados por la bajamar, por donde habían de pasar hombres destinados a cargar las naves con alimentos, municiones, pólvora y cañones.

Se hicieron varios viajes a Guayaquil para llevar tropas y carga. Los barcos Ana Bolívar y Emperador Alejandro, cubrieron todo el trayecto, por entre esteros por cabotaje, siempre sometidos a la incertidumbre de ser localizados por la armada española en cualquier momento y ser hundidos en el acto. La gran mayoría de los soldados nunca habían visto el mar y pocos sabían nadar, además no estaban protegidos contra las enfermedades infecciosas endémicas, por lo cual la mortalidad en Guayaquil alcanzó altos índices.

Antonio José de Sucre al llegar a Guayaquil, asumió inmediatamente la jefatura patriota y reunió las tropas ecuatorianas junto con las que habían llevado de Cali. Con este ejército atacó el 19 de agosto en Yaguachí, al coronel español González, que venía a tomar con su columna a Guayaquil enviado por el presidente de Quito, Melchor Aymerich. Sucre le infligió amplia derrota donde solo quedaron vivos González y 120 hombres de los 1000 soldados que había movilizado.
La unidad más sobresaliente fue el Batallón Santander compuesta por vallecaucanos. No ocurriría lo mismo más tarde en la dolorosa derrota sufrida por los patriotas en los arenales de Guachí, el 12 de septiembre, donde resultó herido Sucre. Pero luego triunfaron en la batalla de Pichincha con la cual se liberó a Quito.

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