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elpaislicita.com/: cuando la tecnología empieza a ordenar el laberinto

El valor de usar inteligencia artificial para tomar mejores decisiones públicas y empresariales.

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Más de 50 empresarios de micro, pequeñas y medianas empresas participaron en los talleres de cocreación ‘¡Pa’ que veás y hagás negocio!’, una iniciativa de la Alcaldía de Cali que busca facilitar el acceso del empresariado local a la contratación pública.
Más de 50 empresarios de micro, pequeñas y medianas empresas participaron en los talleres de cocreación ‘¡Pa’ que veás y hagás negocio!’, una iniciativa de la Alcaldía de Cali que busca facilitar el acceso del empresariado local a la contratación pública. | Foto: Alcaldía de Cali

15 de may de 2026, 03:11 p. m.

Actualizado el 15 de may de 2026, 03:14 p. m.

15 de may de 2026, 03:11 p. m.

Actualizado el 15 de may de 2026, 03:14 p. m.

Por: Manuel Venancio Fernández Arroyo

Hay noticias que uno recibe con cierta satisfacción, porque no se quedan en la superficie. No son solo anuncios de moda ni entusiasmo pasajero. A veces, detrás de una iniciativa empresarial, se alcanza a ver una señal más profunda: algo se está moviendo donde antes parecía haber solo rutina, papeleo y resignación.

Que desde Cali una plataforma de inteligencia artificial aplicada a la contratación pública esté empezando a ganar tracción es, a decir verdad, una buena noticia.

Lo es para sus creadores, por supuesto. Pero también lo es para un país que necesita contratar mejor, competir mejor y aprender a usar con más inteligencia la información pública que ya tiene a la mano.

Enhorabuena por “elpaislicita.com”.

Economista | Arquitectura de Decisión | Asuntos Públicos · Incentivos · Estrategia
Manuel Venancio Fernández Arroyo es economista, asesor en finanzas públicas y privadas, y ensayista colombiano. Su trabajo se concentra en la relación entre poder, incentivos, decisión pública y límites institucionales, especialmente en escenarios donde la técnica y la política se cruzan. Ha trabajado en estructuración financiera, contratación pública, control, análisis económico y proyectos de inversión complejos. Paralelamente, ha desarrollado una línea de escritura ensayística orientada a desmontar narrativas técnicas vacías y discutir los costos de postergar decisiones estructurales. Es autor de libros como El Danubio desemboca en el Magdalena, Competir sin retórica, Catastro no es un mapa y El arte de no incendiar contratos públicos. Actualmente trabaja en nuevos ensayos sobre institucionalidad, economía territorial y cultura de decisión. | Foto: Foto especial para El País

Durante demasiado tiempo, la contratación pública ha sido mirada casi siempre desde sus zonas más grises: el trámite, el expediente, el pliego interminable, la sospecha, el miedo a equivocarse. Y claro, todo eso existe. Sería ingenuo negarlo.

Pero detrás de cada proceso contractual también se mueven decisiones económicas, riesgos, incentivos, tiempos, oportunidades y costos que no siempre son visibles a primera vista.

Para una gran empresa, entrar en ese mundo puede ser complejo. Para una Mipyme, muchas veces puede parecer una puerta demasiado pesada.

Buscar oportunidades en SECOP, leer pliegos extensos, entender requisitos habilitantes, revisar cronogramas, preparar observaciones, calcular riesgos y armar una propuesta competitiva no es tarea menor. Exige método, conocimiento y tiempo. Y no todas las empresas tienen a su lado un equipo jurídico, financiero y técnico capaz de hacer ese recorrido sin perderse en el camino.

Ahí es donde una herramienta como “elpaislicita.com” empieza a cobrar sentido.

La inteligencia artificial no reemplaza el juicio humano. Tampoco sustituye la responsabilidad jurídica ni el criterio profesional. Quien prometa eso estaría vendiendo humo. Pero sí puede hacer algo muy valioso: ayudar a convertir documentos dispersos en información comprensible; requisitos en mapas de decisión; fechas escondidas en alertas oportunas; y oportunidades públicas en caminos más claros para quienes quieren competir seriamente.

Por eso, “elpaislicita.com” no debería verse apenas como una herramienta para “ganar licitaciones”. Su alcance puede ser más interesante.

Puede contribuir a reducir esas asimetrías de información que, en la práctica, terminan favoreciendo a quienes ya conocen el sistema y dejando por fuera a quienes, aun teniendo capacidad, no alcanzan a entenderlo a tiempo.

Porque en contratación pública la decisión importante no empieza cuando se entrega una oferta. Empieza mucho antes.

Empieza cuando una empresa se pregunta si ese proceso realmente le conviene. Si cumple. Si el precio le permite competir sin sacrificar su margen. Si el objeto contractual conversa con su experiencia. Si hay riesgos escondidos entre líneas. Si, en caso de ganar, tiene cómo ejecutar, soportar, cobrar y cerrar bien.

Ese último punto suele olvidarse. Ganarse un contrato no es llegar a la meta; muchas veces es apenas cruzar la puerta de entrada. Después viene lo difícil: cumplir, documentar, responderle al supervisor, cuidar los tiempos, justificar cada paso y evitar que el contrato se convierta en una tormenta administrativa.

En este escenario, las Mipymes merecen una atención especial. Colombia ha creado reglas para facilitar su participación en las compras públicas, pero una cosa es que la norma exista y otra muy distinta que la pequeña empresa la conozca, la entienda y llegue a tiempo para usarla. Muchas no quedan por fuera porque les falte capacidad productiva. Quedan por fuera porque les falta información, acompañamiento y método.

Democratizar el acceso técnico al mercado público no significa regalar contratos. Tampoco significa bajar estándares. Significa permitir que más empresas compitan con mejores herramientas, con menos incertidumbre y con mayor claridad sobre sus propias posibilidades. Una Mipyme bien preparada no solo mejora sus opciones de contratar; también fortalece la economía local, genera empleo, formaliza capacidades y amplía la base de proveedores del Estado.

Por eso Cali debería celebrar que desde su ecosistema empresarial surjan soluciones como “elpaislicita.com”. La ciudad necesita innovación aplicada a problemas reales. No solo discursos sobre transformación digital, sino apuestas concretas que conecten tecnología, productividad, transparencia y desarrollo empresarial.

El reto, desde luego, no es menor. Toda solución tecnológica en contratación pública tendrá que demostrar precisión, trazabilidad, actualización normativa y responsabilidad en sus recomendaciones. La inteligencia artificial no puede convertirse en una caja negra ni en una promesa mágica. Tiene que ser una herramienta sobria, útil y verificable, puesta al servicio de mejores decisiones.

Y justamente por eso vale la pena respaldar este esfuerzo.

Colombia necesita dejar de entender la contratación pública como un simple trámite y empezar a verla como lo que realmente es: un sistema de decisiones. Allí se define cómo se usan los recursos, quiénes participan, qué empresas crecen, qué riesgos se asumen y qué resultados llegan —o no llegan— a los ciudadanos.

En ese tránsito, plataformas como “elpaislicita.com” pueden cumplir un papel importante. Pueden ayudar a que las empresas lleguen mejor preparadas, a que las oportunidades se identifiquen a tiempo, a que los riesgos se lean antes de que exploten y a que la competencia sea más informada.

Enhorabuena por “elpaislicita.com”.

Ojalá su tracción inicial se convierta en consolidación. Ojalá muchas Mipymes encuentren allí una puerta de entrada a un mercado que durante años les ha parecido lejano. Y ojalá desde Cali sigan naciendo soluciones que entiendan algo esencial: la tecnología vale de verdad cuando deja de ser artificio y empieza a servirle a mejores decisiones.

La inteligencia artificial, bien usada, no reemplaza la contratación pública.

La ayuda a respirar mejor.

(*) Economista | Arquitectura de Decisión | Asuntos Públicos · Incentivos · Estrategia

Manuel Venancio Fernández Arroyo es economista, asesor en finanzas públicas y privadas, y ensayista colombiano. Su trabajo se concentra en la relación entre poder, incentivos, decisión pública y límites institucionales, especialmente en escenarios donde la técnica y la política se cruzan. Ha trabajado en estructuración financiera, contratación pública, control, análisis económico y proyectos de inversión complejos. Paralelamente, ha desarrollado una línea de escritura ensayística orientada a desmontar narrativas técnicas vacías y discutir los costos de postergar decisiones estructurales. Es autor de libros como El Danubio desemboca en el Magdalena, Competir sin retórica, Catastro no es un mapa y El arte de no incendiar contratos públicos. Actualmente trabaja en nuevos ensayos sobre institucionalidad, economía territorial y cultura de decisión.

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