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Más de 70 voluntarios y un hospital flotante: así fue la travesía de la Armada hasta el corazón del Pacífico
Durante seis días, el ARC Bahía Colombia recorrió algunas de las comunidades más apartadas del Litoral del San Juan con médicos voluntarios. Esta es la historia de su primera parada en Docordó, Chocó.
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6 de sept de 2026, 03:51 p. m.
Actualizado el 6 de sept de 2026, 03:51 p. m.
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Los habitantes de Santa Genoveva de Docordó estaban despertando cuando el ARC Bahía Colombia de la Armada Nacional comenzó a girar lentamente sobre las aguas del río San Juan para iniciar el desembarco en esa zona del Chocó.
La llovizna de la madrugada había cedido y el cielo, cubierto de nubes, comenzaba a teñirse de rosado.
A unos metros de la orilla, las lanchas permanecían alineadas frente a las casas. Del otro lado, en el coliseo de la cabecera municipal, cientos de personas ya estaban esperando el inicio de una jornada que para muchos significaba más que una consulta médica o la entrega de ayuda humanitaria.
Algunos navegaron durante horas para alcanzar un turno con pediatras, ginecólogas, odontólogas o urólogo. Otros esperaban con ansias medicamentos, alimentos, ropa o simplemente la posibilidad de ser escuchados por un especialista, un servicio que no hace parte de su cotidianidad.
Mientras los primeros voluntarios descendían por la rampa del buque con cajas con medicinas y equipos médicos, los infantes de marina mantenían una operación perfectamente sincronizada.
En cuestión de minutos desembarcaron camillas, insumos farmacéuticos y toneladas de ayuda que durante los días siguientes recorrerían también Isla Mono, Papayo y las cabeceras del río San Juan.
“La Armada pone sus capacidades al servicio de las comunidades para convertirse en un puente entre la oferta institucional y quienes más la necesitan”, había explicado horas antes el teniente de navío Juan Camilo Meriño, comandante del ARC Bahía Colombia.

Pero el encuentro entre médicos y pacientes no comenzó esa mañana. Había iniciado dos noches antes, cuando un grupo de voluntarios salió desde Cali, Medellín, Bogotá, Popayán y otros puntos del país rumbo a Buenaventura para abordar el buque que los conduciría hasta uno de los puntos más apartados del Pacífico colombiano.
Lo que ninguno imaginaba entonces era que el primer desafío no sería el cansancio o las largas horas de navegación sino el nivel del río.
Eran cerca de las 8:30 de la noche del viernes 31 de julio cuando un grupo de voluntarios salió desde Cali a Buenaventura. Otros habían viajado desde diferentes regiones con el mismo propósito: convertir durante seis días un buque militar en un hospital flotante, en el marco de la misión Navegando al Corazón del Pacífico.
El embarque solo ocurrió sobre las 2:00 de la madrugada del sábado. A esa hora, el ARC Bahía Colombia ya estaba esperando con sus cubiertas listas para recibir a parte de 70 voluntarios.
Los colchones ocupaban casi todo el suelo de una de las cubiertas, y quienes llegaron de últimos durmieron en hamacas sujetas entre las estructuras metálicas de la embarcación.
Sin embargo, en las primeras horas del recorrido el movimiento del buque se convirtió en un reto para quienes no estaban acostumbrados a viajar por mar.
Aunque el plan inicial era arribar a Santa Genoveva de Docordó hacia el mediodía de ese sábado, la naturaleza tenía otros tiempos: la marea estaba baja y el nivel del San Juan impedía el ingreso seguro del buque, por lo que la tripulación tuvo que modificar la ruta y prolongar varias horas la navegación.

“Este buque nos permite llegar donde otros no pueden hacerlo. Gracias a su diseño de bajo calado podemos navegar por estos ríos y acercar las capacidades del Estado a comunidades muy apartadas”, explicó el teniente de navío Juan Camilo Meriño, comandante del ARC Bahía Colombia.
Sobre las 4:00 de la tarde, el paisaje se transformó y el azul del Pacífico quedó atrás, dando paso a las aguas verdosas del río San Juan.
El ARC Bahía Colombia llegó al casco urbano cuando caía la noche. Aunque el pueblo estaba a pocos metros, la jornada había culminado, por lo que un grupo de infantes de marina descendió para verificar las condiciones de seguridad para el desembarco de la mañana siguiente.
Durante la noche una llovizna cayó sobre el río y el pueblo permaneció en silencio hasta el amanecer, cuando la embarcación recobraría vida.
Antes de que despertara el pueblo
A las 4:00 de la mañana el buque volvió a despertar. Los altavoces rompieron el silencio con música y un breve resumen de las principales noticias del país. En cuestión de minutos comenzaron las duchas, el desayuno, el orden de las colchonetas y los últimos preparativos antes del desembarco.
Fue entonces cuando el enorme barco inició lentamente la maniobra para atracar. Giró sobre el río hasta quedar frente al pequeño muelle de Santa Genoveva de Docordó y, antes de las 7:00 de la mañana, la rampa descendió y empezó una operación contrarreloj.
Mientras unos infantes de Marina descargaban los insumos, los voluntarios se dirigían hacia la Alcaldía y la escuela para adecuar los salones y habitaciones como consultorios en los que se atendería a cientos de personas.

Para el capitán de corbeta David Alejandro Pineda, jefe del Departamento de Acción Integral de la Fuerza Naval del Pacífico, estas jornadas representan una forma distinta de servir al país. “Más allá de los resultados, existe una satisfacción invaluable, la de poder estrechar la mano de nuestros compatriotas, escuchar sus necesidades, compartir con las familias y aportar, aunque sea de manera modesta, a la construcción de esperanza”.
En menos de una hora el lugar estaba listo para recibir a los primeros pacientes. Entre ellos estaba una joven madre que cargaba a sus gemelos de apenas 3 meses de nacidos. Desde hacía varios días los dos presentaban fiebre y ella, además, seguía lidiando con una cesárea que no terminaba de sanar.

Mientras esperaba turno para sus hijos, también confiaba en que un especialista pudiera revisar la cicatriz que le estaba dando problemas.
“Tenemos tres puestos de salud para atender un territorio muy amplio. Hay comunidades que deben desplazarse durante cuatro o cinco horas para llegar a uno de ellos y, cuando necesitan un especialista, la situación se vuelve aún más compleja”, explicó el alcalde del Litoral del San Juan, John Jairo Gutiérrez.
Poco después de las 8:00 de la mañana comenzaron las primeras consultas; los salones de la escuela y el coliseo dejaron de parecer aulas para convertirse por unas horas en consultorios.
Para Liliana Nastar, fundadora de Misión País, el objetivo era llevar especialistas hasta donde una consulta significa navegar durante horas: “Trajimos bienestar a las comunidades que tanto lo necesitan”.

La atención avanzaba sin pausa; mientras unas personas salían de los consultorios con sus fórmulas médicas en mano, otras esperaban turno. Entre tanto, otro grupo de voluntarios se enfocaba en el cuidado de los niños con juegos y actividades.
Desde la comunidad, Angie Pretel, docente y líder del Consejo Comunitario Cabecera, resumió el ambiente de la jornada: “Estamos muy contentos, muy agradecidos por tener esta jornada de atención médica, atención a la primera infancia y ayudas humanitarias”.
Para Migdonia Gómez, presidenta de la Liga contra el Cáncer, capítulo Buenaventura, llegar hasta esta población fue vital, pues muchas mujeres no tenían acceso a controles especializados: “Vinimos con exámenes clínicos de mama y citología via-vilis, por lo que cada mujer pudo tener la oportunidad de conocer sus resultados de manera inmediata. También tuvimos charlas de sensibilización a la comunidad en cómo detectar, prevenir y atender un cáncer de manera oportuna”.

Según los habitantes de diferentes puntos del litoral, los servicios del Estado rara vez llegan hasta sus comunidades.
Para Arbelis Mejía, una mujer indígena perteneciente al resguardo Unión Balsalito, la brigada fue una oportunidad única: “Me parece muy bueno que hayan traído esta actividad a nuestro municipio, en donde tenemos ese acceso fácil para que nos atiendan a toda la población, y ojalá que sigan viniendo y visitando a los pueblos lejanos”.
Las necesidades de la comunidad quedaron en evidencia para los profesionales de la salud, pues durante las consultas atendieron niños con enfermedades respiratorias, mujeres gestantes y adultos con dolencias crónicas que llevaban meses esperando valoración.
“Como pediatras, cumplimos la función de ayudar a todos los chiquitines; algunos con desnutrición y necesidades de atención. La idea fue apoyar, diagnosticar y orientar a las familias”, manifestó la doctora Jessica Medina.

Al finalizar la jornada, las bolsas con medicamentos comenzaron a salir de la farmacia improvisada casi al mismo ritmo con el que habían llegado desde el barco.
Afuera, algunas familias iniciaban el regreso por el río, mientras otras se despedían de los médicos que, por unas horas, habían llevado hasta su territorio una atención que normalmente solo existe a horas de distancia.
En la tarde, el ARC Bahía Colombia volvió a levantar su rampa y continuó su recorrido hacia las siguientes comunidades, con decenas de voluntarios e infantes de marina exhaustos, pero satisfechos por la misión cumplida.
En tierra quedaron los consultorios vacíos, las lanchas en el río y cientos de personas que, durante un día, encontraron en un buque militar algo más que seguridad: la confianza de que, en los lugares más apartados del Pacífico colombiano, la salud también puede navegar por el río.

Comunicadora social de la Universidad Santiago de Cali. He sido reportera en temas étnicos, tengo experiencia como periodista comercial y judicial. Disfruto la moda, las tendencias y soy apasionada por la lectura, el café y las buenas historias.








