Judicial
El mapa de las niñas desaparecidas en Cali: 207 casos y la búsqueda de ‘Hasta Encontrarlas’
En el Día del Niño, la ciudad padece una problemática que parece ignorar: decenas de menores desaparecen cada año. Frente a la poca gestión del Estado, el colectivo Hasta Encontrarlas documenta las rutas, acompaña a las familias y busca a quienes salen de su casa o colegio y no regresan.
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26 de abr de 2026, 11:08 a. m.
Actualizado el 26 de abr de 2026, 11:10 a. m.
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Cada vez que hay un gran evento internacional en Cali, como la Feria, el Festival Petronio Álvarez o la COP16, crece la desaparición de niños en la ciudad.
— Los pedófilos de otros países aprovechan estos certámenes como fachada para justificar sus viajes. En nuestros reportes pasamos de un promedio de 5 desapariciones al mes a 26 durante la COP—, advierte la antropóloga Gaby Rojas Peláez, cofundadora de Hasta Encontrarlas, un colectivo que busca a menores que salen de su casa o del colegio y no regresan.
Según la Personería, en 2024 en Cali se reportaron 596 desaparecidos; 166 eran menores de edad. En 2025 fueron 512 las denuncias, entre ellas 140 niños y adolescentes.

La personera delegada Nancy Mendoza asegura que quienes más han desaparecido en los últimos dos años son niñas y jovencitas: 118 en 2024 y 89 en 2025, para un total de 207. Es como imaginar once salones de clase repletos… vacíos. Tienen entre 12 y 17 años, apenas.
— Puede obedecer a fenómenos como reclutamiento forzado por grupos armados, violencia urbana, trata de personas o abandono del hogar por violencia intrafamiliar—, dice.
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En 2019 a Gaby Rojas le contaron que en el oriente de Cali estaban desapareciendo niñas. Como antropóloga, comenzó a investigar. Necesitaba resolver dos preguntas: cómo se las llevaban y a quiénes.
Ella, que hace parte del movimiento feminista, contactó a amigas de distintas organizaciones —abogadas, historiadoras, trabajadoras sociales— y empezó a cruzar información. Eran días en los que Cali permanecía conmocionada por la desaparición de una niña de 10 años: Michel Andrea Valerezo.

Había salido de su colegio, Nuevo Latir, y se dirigió a la biblioteca con un compañero a hacer tareas. A eso de las 3:00 de la tarde llegó a su casa, en el barrio Mojica, y volvió a salir. Testigos la vieron en una panadería. Un hombre se la llevó. Siete años después, se desconoce su paradero.
— Michel es nuestro caso guía. Presumimos que quien la desapareció le echó escopolamina en una salchipapa. Aunque también nos dicen que era una niña que confiaba en las personas; pudieron llevársela con engaños, porque no hubo forcejeo. O quizá era alguien cercano. Pensando en ella hicimos una cartilla de prevención para niños: ‘Cuidemos a Michel’. Por ella nació Hasta Encontrarlas—, dice Gaby, quien lleva el cabello corto, gafas y una camiseta negra con un estampado: “Vivas se las llevaron, vivas las queremos”.
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El mapa digital de Cali elaborado por Hasta Encontrarlas está repleto de puntos verdes, amarillos y rojos. Los rojos corresponden a niñas que desaparecieron y fueron encontradas muertas; los verdes, a quienes regresaron, y los amarillos, a las que continúan sin rastro.
La mayoría de los puntos se ubican en el oriente: el Distrito de Aguablanca. También en las zonas de ladera. El resto de la ciudad parece “limpio”.
La abogada Diana Ortiz, con una década de experiencia investigando la trata de personas e integrante del colectivo, señala que detrás de estas desapariciones hay racismo estructural y segregación urbana.

— Se llevan a niños y niñas vulnerables porque sus cuidadores trabajan lejos de la casa y pasan muchas horas por fuera. Muchas familias provienen del conflicto armado y viven en condiciones de precariedad. A esto se suma la racialización: en su mayoría son niñas afrodescendientes, cuyos cuerpos han sido históricamente hipersexualizados. Todo esto convierte al oriente en un territorio donde estas redes operan con mayor facilidad. Si una niña desaparece en el oeste de Cali, la reacción sería inmediata y masiva. Pero cuando ocurre en el oriente, no.
El mapa habla de dos ciudades divididas por la Avenida Simón Bolívar. De un lado, el sur, el norte, el oeste: una Cali con más desarrollo y oportunidades. Del otro, el oriente, históricamente excluido, al punto que es común que sus habitantes digan “voy para Cali”, cuando cruzan la avenida.
Uno de los puntos rojos cuenta la historia de Sally Lucy Tejada Castro. Tenía 9 años. Su cuerpo fue encontrado en un cañaduzal con signos de violencia sexual. Vivía en un asentamiento del oriente. Su familia había llegado desde El Charco, Nariño, huyendo del conflicto armado. Hasta que un hombre conocido como Ronald, presunto integrante de una banda de microtráfico, se ganó su confianza, la llevó a una casa y la mató. Fue capturado.

Otro punto rojo corresponde a Jackeline Velasco, de 10 años. Desapareció en el barrio Santander. Las autoridades pensaron en una fuga voluntaria, pero la intuición de su madre apuntaba a algo más grave. Un testigo la habría visto subir sin resistencia a una camioneta gris. Conocía a quien la recogió. Era un tío político. Él la asesinó.
Hay otros casos, como el de Sofía Delgado, de 12 años, encontrada sin vida en un cañaduzal de Candelaria. Estuvo 19 días desaparecida después de salir de la casa de su abuela a comprar un shampoo para su perro. En ese trayecto, de no más de cinco minutos, fue interceptada por Brayan Campo, quien confesó el crimen.
O el de Michel Dayana González, de 14 años, que salió de su casa en el barrio San Judas el 7 de diciembre de 2023 para ir a la tienda. No regresó.
Al principio, cuando nació Hasta Encontrarlas, Gaby atendía la línea a la que llamaban las familias en busca de ayuda, 300-8605102. Pero llegó un punto en que no pudo soportarlo emocionalmente. Ahora la atiende la trabajadora social del colectivo, Luisa Sanmartín.

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A los niños del oriente de Cali los desaparecen en camionetas de alta gama, muchas veces sin placa. Lo denuncia Gaby mientras lee la investigación de Hasta Encontrarlas en su computador.
- Primero les hacen un seguimiento para identificar el sector más solitario del recorrido entre el colegio y la casa. Son niñas que se desplazan caminando. Se bajan dos del carro y queda uno al volante y, en segundos, las desaparecen. La mayoría de las víctimas de esta modalidad tienen entre 9 y 12 años.
Le sucedió a Sandra (nombre modificado), una niña afro de 14 años que desapareció el 17 de febrero de 2023 en el recorrido entre su casa y el colegio. Un día después apareció. Quienes vuelven, lo hacen con miedo. Muchas ni siquiera cuentan lo que vivieron. Prefieren cambiarse de casa e intentar olvidar lo que pasó. En la mayoría de los casos las llevan a fiestas narco, donde las abusan sexualmente. Por eso en Hasta Encontrarlas piden modificar, en esos casos, los nombres reales.

Un año antes de lo sucedido con Sandra, en marzo de 2022, el Noticiero 90 Minutos contó la historia de una profesora de la escuela del barrio Ulpiano Lloreda, quien, a través de WhatsApp, alertó a los padres de extraños que recorrían la zona en una camioneta. Intentaron raptar a una de sus alumnas.
“Ella, estudiante de quinto de primaria, me contó que unos muchachos de una moto le ayudaron para que no se la llevaran. Llegó llorando al salón”, relató.
Sara Rodas, Secretaria de Educación de Cali, asegura que en su despacho no existe registro de niños desaparecidos mientras iban de su casa al colegio.
— Hacemos seguimiento a las trayectorias escolares a través del Sistema de Información y Monitoreo a la Deserción Escolar, Simpade, pero no aparecen casos de deserción asociados a desapariciones, por lo que no contamos con un registro diferenciado. Tampoco, en los espacios en los que participamos —como el Comité de Justicia Transicional y el de Lucha contra la Trata—, se han presentado reportes recientes que vinculen directamente la desaparición de estudiantes del sistema oficial. Sin embargo, adelantamos acciones de prevención y búsqueda activa de estudiantes en riesgo de deserción.

Gaby sigue frente a su computador. Otra de las modalidades más frecuentes con las que desaparecen niños en Cali son las promesas de trabajo virtual. En una ciudad con altos índices de desempleo, es fácil caer.
Una niña de Buenaventura, por ejemplo, llegó a la Terminal de Transportes, donde cogió un taxi. Le dijo que la llevara a Siloé. En la Fiscalía, el conductor contó que esperó casi quince minutos hasta que le abrieran la puerta. No la quería dejar sola. Cuando le abrieron, no se volvió a saber nada.
- Hemos detectado que en algunos casos pagan entre 800 y 1500 dólares a cambio de que las niñas manden fotos y videos desnudas. Imagínate para alguien que a veces no tiene ni para pagar un bus: esa es toda la plata del mundo. Al principio los pagos son puntuales para generar confianza. Después las redes de trata aumentan la oferta, el doble del pago por un encuentro personal, y ahí es cuando las desaparecen –dice Gaby.
También, integrantes de grupos armados seducen a las niñas a través de las redes, las engañan con promesas de amor o protección. Muchas víctimas viven en medio de la violencia intrafamiliar, por lo que son vulnerables ante quienes juran que las cuidarán siempre. También, a bailarinas de salsa les han ofrecido trabajar en otro país. La oferta, por supuesto, era falsa.

A María (nombre cambiado) en cambio, le dieron escopolamina. Su mamá acudió a Hasta Encontrarlas, que de inmediato hizo viral su foto y los datos de contacto. Tres días después, desde Trujillo, Valle, una señora que había visto la imagen en redes llamó a su mamá. María fue recuperada, pero desde entonces no habla de lo que pasó.
- Ese caso nos abrió el panorama. Pensamos que la desaparición de niñas estaba relacionada solo con explotación sexual comercial, las mandan para Medellín, Cartagena o Tumaco, de donde las sacan para Asia. Pero que se las lleven para Trujillo nos comprobó que también se las llevan para grupos armados, las disidencias de las Farc, donde son explotadas sexualmente. En su mayoría, niñas de 9 a 12 años. Por eso, las que desaparecen en ese rango de edad por lo regular no vuelven –dice Gaby, y suspira.
Lo que hace Hasta Encontrarlas es eso: viralizar los casos de desaparición, lo que genera presión en los captores. Pero también acompañar a las familias para que las rutas de atención de las autoridades se activen. No siempre pasa. En el caso de las familias del oriente de Cali casi nunca pasa.
- Hay una evidente ineficiencia del Mecanismo de Búsqueda Urgente. Aunque debería activarse de inmediato, en la práctica depende de la voluntad de los funcionarios de turno en la Fiscalía. A muchas familias les siguen diciendo que deben esperar 72 horas, lo cual es falso y gravísimo, pues después de ese tiempo es muy difícil encontrar a un desaparecido. También influye el racismo estructural y la estigmatización. Se culpa a las familias, especialmente las madres afro, por dejar a sus hijos solos, sin entender que tienen que salir a trabajar todo el día –dice la abogada Diana.

Alguna vez a una madre que fue a denunciar la desaparición de su hija un funcionario le dijo que no se preocupara, que seguro andaba por ahí, “con el novio”. Nunca volvió. Y en el país no hay ninguna institución que se dedique a atender a las familias de los desaparecidos, brindarles orientación, soporte psicológico, emocional, ayudarles a cargar esa incertidumbre.
- Lo hacemos nosotras en Hasta Encontrarlas, pero no somos institucionalidad y tampoco tenemos recursos. A veces ganamos convocatorias, otras veces no. Con lo que tenemos hacemos el trabajo –dice Gaby.
Según la Personería, en 2026 ya son más de 60 las denuncias de desaparecidos en Cali. En teoría, cada vez que desaparece un menor debería enviarse una alerta a todos los celulares de la ciudad. Pero no ocurre.
— No queremos buscar cuerpos. Queremos encontrarlas vivas—, repiten en Hasta Encontrarlas.
Prevención desde las aulas
La Subsecretaría de Equidad de Género de Cali adelanta procesos de prevención de violencias basadas en género en instituciones educativas oficiales y colegios privados, dirigidos a niñas, niños y adolescentes. También trabajan con docentes, bajo la premisa de que los estereotipos y roles de género se aprenden desde edades tempranas, en mensajes cotidianos sobre cómo deben comportarse y relacionarse.
Según la subsecretaria Steffany Escobar, aunque muchos jóvenes no identifican el término “violencias basadas en género”, sí reconocen sus manifestaciones: control, celos, insultos o invasión de la privacidad. Los espacios formativos han permitido, además, cuestionar el machismo y los mitos del amor romántico, promover relaciones más equitativas y fortalecer la capacidad de prevenir y actuar frente a estas violencias en sus entornos.
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