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Sergio Cabrera recibe en Cali el Macondo de Honor:“El país cambió, pero no tanto como hubiera querido”
Sergio Cabrera recibe esta noche el Macondo de Honor, por su excelencia artística, técnica y narrativa.
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25 de oct de 2026, 04:13 p. m.
Actualizado el 25 de oct de 2026, 04:13 p. m.
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Vivió la revolución en la China de Mao, fue guerrillero en la selva colombiana, se ha destacado como cineasta políticamente comprometido aquí y en festivales de cine como el de Venecia, y fue condecorado por el país asiático por fortalecer la cooperación internacional, como embajador de Colombia en Beijing.
Se lo entregará la Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas (Acacc), este 25 de octubre, en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, al director, guionista y productor.

Con una filmografía que incluye clásicos como La Estrategia del Caracol, Técnicas de Duelo, Águilas no Cazan Moscas y Golpe de Estadio, el hombre que hizo célebre la frase: “Ahí les dejo su hp.... casa pintada”, representa un puente insustituible entre la narrativa colombiana y el circuito de festivales de categoría mundial, habiendo firmado hitos de la televisión como Escalona y La Pola.
Para usted que vivió en China, Londres y Madrid, ¿qué significa recibir el honor de este Macondo en, Cali, ciudad cinéfila?
A pesar de haber vivido muchos años fuera del país, Cali para mi es una ciudad muy cercana en el área cinematográfica. Aquí trabajé durante varios meses con ‘Poncho’ Luis Ospina, como director de fotografía de la segunda unidad de su película Pura Sangre; aquí he filmado varias veces y varias veces he asistido a talleres cinematográficos, entre ellos uno muy importante sobre dirección de actores que dictó el gran director español José Luis Borau. Además, aquí he estrenado y participado en numerosas eventos relacionados con el cine. Inevitablemente, recibir el Macondo de Honor en esta ciudad me hace recordar todos esos gratos momentos de mi vida cinematográfica.

La Estrategia del Caracol es de 1993, y está inspirada en un hecho real sobre el derecho a la vivienda y la resistencia comunitaria en Bogotá. 33 años después, se sigue desalojando gente de sus casas. ¿Ganamos o perdimos la estrategia?
Seguimos igual, el problema de la vivienda no se solucionará mientras no se solucione el problema de la injusticia. Todos los problemas de este país, y entre ellos el de la vivienda, tienen su raíz en una mala distribución de la riqueza y las posibilidades de vida. Creo que casos como el de la película se siguen repitiendo todos los días, y no solo en Cali, sino en toda Colombia, y en todo el mundo.

Técnicas de Duelo (1989) su ópera prima, Águilas no Cazan Moscas —Sundance a mejor película latinoamericana—, Ilona llega con la Lluvia, Golpe de Estadio, Perder es Cuestión de Método y Todos se Van. ¿Cuál le sigue doliendo?
Todas me duelen, no por igual, pero casi. Todas mis películas, a diferencia de mis proyectos de televisión, son el resultado de reflexiones sobre temas que de alguna forma me han dolido, y puesto que no se han logrado solucionar, me siguen doliendo.
Hay algo importante que he ido aprendiendo con los años: una película no sirve para solucionar problemas, ni siquiera muchas películas pueden solucionar un problema, la tarea de los cineastas, y del arte, es observar y señalar los problemas y debilidades de la sociedad. También sus virtudes, aunque en un país como el nuestro sean menos frecuentes. Pero la solución de los problemas que detectamos queda en manos de políticos, científicos y tecnócratas, que son los encargados de rectificar la sociedad y que, a juzgar por los resultados, en Colombia no han sido muy efectivos.

Usted ha retratado con humor y drama la realidad social y popular de Colombia. De La Estrategia del Caracol a Golpe de Estadio, el país sigue en el mismo laberinto: vivienda, guerra, fútbol, poder. ¿Colombia cambió o solo cambió de vestuario?
Colombia ha cambiado, no tanto como yo hubiese querido, y algunos de los cambios han sido retrocesos, pero sin duda el país tiene un futuro brillante. Creo mucho en la gente joven que quiere transformarlo. Desafortunadamente, los cambios han sido lentos. Cuando llegué a China, ese era un país del tercer mundo, 60 años después se ha convertido en una potencia mundial; los mismos 60 años han pasado en Colombia y el resultado está lejos de ser parecido.

Su padre, Fausto Cabrera, vivió entre tablas y política. ¿Qué aprendió de él que no le enseñaron en la London Film School?
Mi padre fue un gran ejemplo para mí, tanto en lo artístico como en lo político, y de él aprendí muchas cosas relacionadas con las dos cosas que acabo de nombrar, y a esas enseñanzas tuve la fortuna de sumarle lo que aprendí en la escuela de cine, y todo ello lo agradezco infinitamente.
Sin embargo, las cosas importantes de la vida las he aprendido viviendo, soñando, experimentando. Sin esas vivencias, todo lo aprendido se convierte en simples herramientas que no hay forma de utilizar.

Estrategia del director
Hay una foto mítica de usted de niño actuando con su padre. ¿En qué momento supo que no quería ser actor como Fausto sino el que está detrás de la cámara diciendo “acción”?
Nunca he dejado de ser actor. Fue actuando que me di cuenta de que había algo que mezclaba mis tres pasiones: la actuación, el teatro y la fotografía, y decidí que para mis deseos de contar historias propias, el detrás de cámara era más útil.
Su padre lo llevó a China de niño y estudió filosofía en la Universidad de Pekín a los 16 años: un niño paisa en la Revolución Cultural. ¿Cómo influyó eso en su visión como director?
Justamente esas vivencias han sido muy importantes para mí. Fue un privilegio el que en mi infancia hubiese conocido y asimilado elementos muy importantes de una cultura tan rica y milenaria como es la China.
Estoy seguro de que, incluso si tratara de evitarlo, mi pensamiento artístico está fuertemente influenciado por esa cultura oriental.
Usted militó en el EPL, luego estudió cine en Londres, Polytechnic School y London Film School e hizo comerciales. ¿Cómo fue esa transición?
Una de las habilidades que uno adquiere cuando se acerca a la cultura y filosofías orientales es la de saber adaptarse a los cambios. La vida, el destino, te está poniendo permanentemente a prueba, y enfrentar esos cambios y saber transformarse se vuelve una necesidad vital. La única condición es que hay que hacerlo con convicción y con pasión. Mis sueños de un país mejor y más justo me empujaron a ingresar a la guerrilla, pero me retiré en cuanto me di cuenta de que ese no era el camino.
Estudiar cine fue el mecanismo que me permitió aprender a usar la herramienta idónea para transmitirle a la gente mi modo de pensar y soñar con un mundo mejor.
Pero en el cine hay que adquirir experiencia antes de enfrentarse a grandes retos, los comerciales me la dieron.

Estudió filosofía en Pekín, cine en Londres, fue publicista, fotógrafo, embajador. ¿Qué le enseñó Pekín que todavía usa cuando dirige una escena?
Dos cosas muy simples: planificación y paciencia. Planes que se puedan cumplir, y cumplirlos. Y paciencia para no tirar por la borda los planes cuando surgen los obstáculos.
¿Qué le diría a un director caleño de 25 años que hoy quiere filmar su primera película en Los Cristales o en el barrio Obrero con un celular y dos millones de pesos?
Le diría que lo más importante para un joven cineasta es amueblar la cabeza. No hablo de amueblarla con cámaras, con lentes, con aparatos. Hablo de amueblarla con ideas, con libros, con películas, con calle, con vida. Hay que saber qué es lo que se quiere decir. Y para saber qué se quiere decir, hay que saber quién es uno y en qué mundo vive. Las herramientas son secundarias.
Hoy todo el mundo puede tener una cámara que filma en 4K en el bolsillo. Eso no te hace cineasta. La cámara es solo una herramienta, como el martillo para el carpintero. Está al servicio de una idea, y si no hay idea, no hay martillo que valga.
Y muy importante: la idea debe ser buena, y hay que luchar para que, más que buena, sea muy buena. Pulirla, cuestionarla, ponerla contra la pared, preguntarse si de verdad es necesaria, porque hacer una película cuesta años de vida. Entonces, tiene que valer la pena. Tiene que ser una idea que te quite el sueño, una idea a la que estés dispuesto a dedicarle dos o tres años de tu vida.

Palmarés de un grande
Hijo del actor español exiliado tras la Guerra Civil en 1936, Fausto Cabrera, y de la actriz colombiana Luz Elena Cárdenas, Sergio Fausto Cabrera Cárdenas nació el 20 de abril de 1950 en Medellín, en un hogar donde el arte y el compromiso político eran el aire cotidiano.
A los 10 años se trasladó a China, donde cursó secundaria y participó activamente en la Revolución Cultural de ese país. Aquella inmersión en el maoísmo radical marcó su regreso a Colombia a los 18 años, cuando cambió la teoría por la praxis y se unió al movimiento guerrillero Ejército Popular de Liberación, EPL, durante cuatro años.
Decepcionado del método, pero con el mismo sueño de un país mejor, dejó la revolución y el llamado del arte y la reflexión intelectual ganaron la partida. En 1973 regresó a China para estudiar filosofía en la Universidad de Pekín, donde, de manera aficionada, empezó a registrar sus primeros trabajos como realizador. Viajó a Inglaterra para formarse en la London Polytechnic School y en la prestigiosa London Film School.
A su retorno definitivo a Colombia, en 1977, dirigió sus primeros cortometrajes y se destacó como director de fotografía en películas como Amor Ciego (1980) y Padre por Accidente (1981), además de operar la cámara en la mítica producción Pura Sangre, de Luis Ospina.
Durante la década de los 80 financió su mirada y pulió su técnica en el competitivo mundo de la publicidad, dirigiendo alrededor de 500 comerciales, muchos de los cuales fueron piezas maestras de la televisión nacional.
Pronto salió su ópera prima, Técnicas de Duelo, con la que ganó el Festival de Cartagena de Indias e inició su exitoso recorrido internacional, que incluyó galardones en Biarritz (Francia), Nueva York y Gramado (Brasil). Pero el cenit de su carrera y el afecto eterno del público llegaron en 1993 con La Estrategia del Caracol, estrenada en el Festival de Venecia.
Esta fábula social sobre la dignidad y la astucia de los inquilinos de una casa se convirtió en icono de la cinematografía colombiana y en su primera película exhibida comercialmente a nivel internacional. Y arrasó con premios: la Espiga de Oro en Valladolid (España), el Colón de Oro en Huelva; el Premio del Público en Biarritz, galardones en el Festival de La Habana y el Premio del Jurado Ecuménico en el Festival de Berlín (1994).
Su filmografía posterior consolidó un estilo mordaz, humano y profundamente ligado a la identidad nacional, destacándose Águilas no Cazan Moscas: Selección Oficial en Venecia y Mejor Película Latinoamericana en Sundance; Ilona Llega con la Lluvia, en los 90, basada en la obra de Álvaro Mutis y Selección Oficial en Venecia; Golpe de Estadio: sátira sobre el conflicto armado y la pasión por el fútbol; Perder es Cuestión de Método: thriller negro que diseccionó la corrupción capitalina; Todos se Van: adaptación cinematográfica rodada y presentada en el marco del FICCI.
Como documentalista dejó registros invaluables como Diario de Viaje. Elementos para una Acuarela y Ciudadano Escobar. Firmó producciones memorables en la televisión nacional: La Mujer Doble, Escalona, la producción histórica La Pola y Dr. Mata, que le valió el premio a Mejor Director en los India Catalina.
En los 2000, en España, dirigió Cuéntame Cómo Pasó, la serie ibérica más premiada; el biopic Adolfo Suárez y Severo Ochoa. No en vano la Embajada de España en Colombia le dio el Premio a Mejor Artista del Año.
Isabel Peláez. Escribo, luego existo. Relatora de historias, sueños y personajes. Editora de cultura, entretenimiento y edición de contenidos digitales.
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