cultura
El último rugido del trombón: Nueva York despidió a Willie Colón entre salsa y lágrimas
Bajo los acordes de ‘La Murga’ y rodeado de banderas latinoamericanas, miles de seguidores se congregaron en la Catedral de San Patricio para dar el último adiós a ‘El Malo’ del Bronx, quien falleció a los 75 años.
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10 de mar de 2026, 01:28 a. m.
Actualizado el 10 de mar de 2026, 01:28 a. m.
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Entre trombones, aplausos, salsa, y manteniendo el idilio que siempre tuvo con el público, Willie Colón fue despedido por un hormiguero de seguidores que inundaron el 9 de marzo la Quinta Avenida de Nueva York, al paso de su carroza fúnebre.
En medio de nostalgia y son, los restos de William Anthony Colón Román (1950-2026), el legendario músico, compositor y productor, fallecido el pasado 21 de febrero, llegaron a la Catedral de San Patricio.
Allí, recibió un último tributo que reflejó la esencia de su carrera: una mezcla de fe, orgullo latino y el sonido inconfundible del trombón.

Una banda de trombones interpretó el éxito de 1970 que Colón grabó con Héctor Lavoe, así, bajo los acordes de La Murga de Panamá, se abrieron las puertas del templo de par en par, para dar paso al ataúd de madera.
Mientras a las afueras del lugar, una multitud aplaudía, bailaba y coreaba sus temas: “Che Che Colé”, “Idilio” y “Cosa Nuestra”, como si cantar les evitar el dolor de la partida de un gran varón de la salsa.
Ondearon banderas de Puerto Rico, Ecuador y otros países de Latinoamérica, y de otros continentes, no hubo distingo de razas, ni edades, ni nacionalidades, desde quienes crecieron con la Fania All-Stars hasta familias que viajaron desde lugares lejanos como Montreal, Canadá.
“Estamos despidiendo a uno de los mejores. Él puso en alto el nombre de Puerto Rico”, afirmó entre lágrimas Ángela Lebrón, de 80 años, mientras agitaba una pequeña bandera boricua frente al coche fúnebre.
La ceremonia religiosa fue presidida por el obispo Joseph Espaillat, también originario de El Bronx, quien recordó cómo su padre le contagió el gusto por el sonido de Colón: “No hay trombón como ese, óyelo”, dijo durante la homilía.
El féretro de Colón ingresó al lugar cargado por alguaciles del condado de Westchester, donde Colón fue voluntario y ostentó el rango de “teniente sheriff”.
Lo acompañaron, por supuesto, sus hijos, Diego y Alejandro Miguel, quienes contaron que su padre solicitó que su despedida fuera en aquel lugar.
Hasta el final, hubo homenajes musicales para el artista, incluso el obispo Espaillat citó la letra de 'El Día de mi Suerte, para mostrar su fervor por la música de Colón.
Fueron dos días de velación pública. Finalmente, los restos de Willie Colón fueron trasladados a una ceremonia privada para su sepultura, dejando tras de sí un eco de trombones que, para sus seguidores, nunca dejará de sonar, porque el idilio es eterno.
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