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El niño que domesticó al mundo: Por qué el mensaje de ‘El Principito’ sigue vigente y cómo revivirlo en Cali
A Cali ha llegado un visitante ilustre; una muestra inmersiva trajo de vuelta al inolvidable personaje de la literatura francesa. La historia que enseña a apreciar lo esencial con el corazón.
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20 de sept de 2026, 11:20 a. m.
Actualizado el 20 de sept de 2026, 11:20 a. m.
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Esta es la historia de un pequeño príncipe con cabello rubio como el oro y rizado, una bufanda que vuela con el viento y una risa contagiosa, quien vive en el asteroide B-612, un mundo tan pequeño que puede ver las puestas de sol con solo dar unos pasos. Convive allí con tres pequeños volcanes (dos activos y uno inactivo) que deshollina todas las semanas, y riega a diario a una rosa tan especial como caprichosa.
Un día sale de su asteroide, para explorar el universo en busca de respuestas y amigos. Así visita otros planetas habitados por adultos excéntricos, como un rey, un vanidoso, un borracho, un hombre de negocios, un farolero y un geógrafo, quienes reflejan los defectos de la sociedad. Tan inocente como inquisitivo, El Principito hace muchas preguntas y nunca las olvida, pero rara vez responde las que le hacen a él.

En su llegada a la Tierra conoce a un zorro que le enseña la importancia de crear lazos (“domesticar”). También se encuentra con el aviador en el desierto del Sahara, a quien le relata su historia.
Y adondequiera que va, reflexiona cosas como: «Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante». «Eres responsable para siempre de aquello que has domesticado». «Todas las personas mayores fueron al principio niños (pero pocas de ellas lo recuerdan)».
Su historia llegó de la imaginación al libro gracias a Antoine de Saint-Exupéry, aviador y escritor nacido en Lyon, Francia, en el seno de una familia aristocrática, quien quedó huérfano de padre a los 4 años de edad y adquirió una fascinación por los aviones que dejó plasmada en esta obra que se publicó en Estados Unidos el 6 de abril de 1943 y en su país natal en 1946.
Las 120 páginas de esta novela corta han sido leídas y releídas por niños, jóvenes y adultos y, 80 años después de su creación, es el libro con más traducciones del mundo después de la Biblia: 618 en total: está en dialecto sefardí, en friulano, romanche, ladino, palatino, quechua, konkani, esperanto, veneciano, occitano languedociano, aragonés, vasco, gallego, catalán y asturiano.
Es el primero en haber sido transcrito en símbolos fonéticos en lengua inglesa para estudiantes de inglés como segunda lengua.

Y se venden cinco millones de ejemplares al año, según la editorial Gallimard. Ni siquiera el autor intuyó que su obra se convertiría en una de las más emblemáticas de la literatura francesa.
La novela que escribió mientras servía como piloto militar desde Nueva York, fue publicada primero en Estados Unidos por la editorial Reynal & Hitchcock, el 6 de abril de 1943, y no sería sino hasta 1946 que salió a la luz como Le Petit Prince, por Gallimard, en una Europa ya liberada del nazismo. Para entonces, el escritor ya había muerto: el 31 de julio de 1944.
Se cuenta que Saint-Exupéry quiso alistarse en el ejército como aviador, pero no lo querían recibir porque ya estaba muy mayor y malherido. Él insistió y obstinado, propuso hacer tareas de logística.
Dicen que piloteaba un avión Lockheed P-38 Lightning en una misión de reconocimiento para la Fuerza Aérea de Francia Libre, el gobierno fundado por Charles de Gaulle en 1940, que luchaba contra la Alemania nazi. Había despegado de una base en Córcega y nunca regresó, su aeronave desapareció de los radares.
Nadie sabía cómo o dónde había caído la aeronave, pero en 1998, décadas más tarde, un pescador encontró una pulsera con el nombre de él y de su esposa, Consuelo Suncín. Y en el año 2000 se hallaron los restos del aparato en el fondo del mar, cerca de Marsella.
Se determinó que había sido derribada, presumiblemente por un caza alemán, aunque las causas exactas del impacto siguen formando parte del misterio histórico.
Es tal la grandeza de su novela que es orgullo de los franceses y en 2014, en Ungersheim, en la región de Alsacia, se inauguró un parque temático dedicado a El Principito: el Parc du Petit Prince, ubicado entre las ciudades de Colmar y Mulhouse, cerca de la frontera con Alemania.
Otro encanto de este libro son sus ilustraciones, realizadas por el propio Saint-Exupéry, quien tenía entre sus habilidades la de dibujante.

Releer el clásico
Una fiel lectora de la obra ha sido la escritora bogotana Irene Vasco, quien leyó por primera vez El Principito siendo muy niña en el Liceo Francés: “No fue un libro de estudio, por fortuna, sino que estaba en la biblioteca y los profesores lo referían mucho. Entré muy fácilmente a este”.
Ella, como pequeña lectora, venía de leer cuentos de hadas sanguinarios, sí, donde los niños corren graves peligros, pero los protagonistas no mueren, así que confiesa que le impresionó mucho que en aquella historia que los adultos recomendaban hubiera un niño muerto.
Lo leyó y lo releyó en francés, pero nunca, dice, “como un tratado de filosofía ni con todas esas interpretaciones que se le han dado a lo largo de los años, como relacionar a los baobabs con el nazismo —no creo que Exupéry le diera ese sentido— sino como una obra literaria que se lee desde la emoción”.
Con los años y las reelecturas, Vasco descubrió nuevas maneras de ver el mundo. El hallazgo más impactante ocurrió ya en su madurez, mientras escribía su libro Expedición al Principito (2018, Penguin Random House / Sudamericana Infantil Juvenil)., y se fijó en la dedicatoria que el autor le escribió a su amigo Léon Werth: “Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona grande... porque esta persona grande vive en Francia, donde tiene hambre y frío. Tiene verdadera necesidad de consuelo”.

Vasco, quien desciende de familia judía, conectó de inmediato este fragmento con el contexto de la Segunda Guerra Mundial, el nazismo y el antisemitismo que sufrieron sus propios bisabuelos. Supo entonces que “Saint-Exupéry escribió El Principito con el dolor de saber que su amigo corría peligro en un campo de concentración o en la clandestinidad”.
Reflexiona la autora de Expedición al Principito —una bitácora con recortes, mapas, fotos y colores que hizo a mano primero en un cuaderno— que Antoine de Saint-Exupéry nació el 29 de junio de 1900, casi a la par con la invención de la aviación:
“En ese entonces los aviones eran servilletas armadas con palillos y él, que era un pésimo aviador, tuvo montones de accidentes porque no estaba bien entrenado; a veces olvidaba cargar combustible o cargaba de más, provocando que el avión se cayera por el peso. O se distraía en pleno vuelo mirando las estrellas, experiencias que plasmó en libros de aviación para adultos como ‘Vuelo de noche’”.
El universo de El Principito se vive en Unicentro
“Uno de los grandes valores de El Principito es su capacidad de hablar de cosas que aún hoy en día, en un mundo, en constante movimiento y cambio, siguen siendo esenciales, como la amistad, la empatía, el amor, la responsabilidad por quienes queremos y el valor de los pequeños gestos”, considera Victoria Arroyave, directora de mercadeo de Unicentro.

Para esta seguidora del clásico, “hoy más que nunca, cuando vivimos con mucha velocidad, rodeados de pantallas, información y distracciones, el mensaje de El Principito está vigente; nos invita a hacer una pausa, a mirar más allá de lo evidente, a recordar que lo verdaderamente importante está en los vínculos que construimos”.
“Esta experiencia en Unicentro busca que las familias vuelvan a encontrarse con lo esencial, a que compartan tiempo de calidad alrededor de una historia que ha acompañado a generaciones”, dice Arroyave, refiriéndose a un espacio que, a tan solo una semana de apertura, se ha robado el corazón de niños y grandes.
Son más de 500 metros cuadrados de arte, tecnología y juego. Se recrean los momentos entrañables del universo creado por Saint-Exupéry. El recorrido de 45 minutos incluye una sala de proyección envolvente de 360 grados, teatro en vivo, la oficina del autor reconstruida con objetos de época, dioramas de colección y un libro gigante en formato pop-up retroiluminado que narra fragmentos reales.
“No se trata solamente de entender esta obra maravillosa, sino también como este autor, que era además periodista y aviador, escribe un libro que ha trascendido tantas épocas”, detalla Catalina Pizano, gerente comercial y administrativa de Intuit Experiencias Inmersivas, empresa que realizó el proyecto. Para ella, el mayor reto estuvo en elegir momentos claves del libro para transformarlo en parte de la atracción.

A esto se suma el interactivo Muro de los Planetas, una piscina de pelotas con proyecciones y espacios fotográficos como spots de la rosa, el avión y el zorro, entre otras estaciones.
“Hay obras que trascienden época y esta, publicada hace 80 años, invita a niños, jóvenes y adultos, a conectar y a que, en medio de tantos estímulos digitales, recuperemos la capacidad de escuchar, imaginar y cuidar del otro”, agrega.
Se espera que esta experiencia, que ya cautivó en México, Argentina, Bogotá y Medellín, permita que en Cali no se quede en mero entretenimiento. “En una alianza con la Secretaría de Educación, estamos llegando a las instituciones educativas que tuvieron grandes pérdidas, tras el sismo, es así como cien niños disfrutarán de literatura, arte, tecnología y juego. El Principito permite trabajar valores como la amistad, la empatía, la imaginación, y despierta el pensamiento crítico, sensibilidad e imaginación”, explica Pizano.

Intuit Experiencias Inmersivas, que tiene la licencia oficial de Le Petit Prince envió este proyecto junto a otros a Unicentro, cuyo gerente comercial, Gustavo Jaramillo, destaca que “es la oportunidad para que las familias vuelvan a encontrarse con esos pequeños momentos que fortalecen los vínculos”.
“Nos enamoró traer a Cali El Principito, un espacio cultural y familiar de gran formato”, coincide Victoria Arroyave: “Es uno de los libros más lindos que haya podido leer. De niña lo disfruté por su nivel de aventura y de inocencia, y de adulta, cada vez descubro más lecciones sobre el amor, la amistad, la responsabilidad y la vida”. Ella se identifica con el zorro, “leal, detallista y creador de vínculos de valor. Siempre necesitamos historias que nos enseñen a cuidar al otro, a sentir empatía y a entender que ‘solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos’.
“He aquí el mejor retrato que, más tarde, logré hacer de él (del Principito). Pero seguramente mi dibujo es mucho menos encantador que el modelo. No es por mi culpa. Las personas grandes me desalentaron de mi carrera de pintor cuando tenía 6 años”.
Antoine de Saint-Exupéry.
“Es triste olvidar a un amigo, no todos han tenido uno. Si lo olvidara, podría transformarme en una de esas personas grandes que no se interesan más que en las cifras”.
El Principito
La esencia de la muestra
Catalina Pizano, gerente comercial y administrativa de Intuit Experiencias Inmersivas, afirma que “en un momento como el que vive Cali, tras la tragedia por el sismo, esta experiencia invita a conectar con el mensaje de El Principito, con los abrazos, la solidaridad, el cuidado, los vínculos, la amistad, aquello que es invisible a los ojos pero esencial para los corazones”.
Aunque es una experiencia familiar, que encanta a los niños, el 60 % del público en esta gira ha sido adulto.
Isabel Peláez. Escribo, luego existo. Relatora de historias, sueños y personajes. Editora de cultura, entretenimiento y edición de contenidos digitales.
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