La nueva película ‘Hércules’: muchos efectos, poca historia

La nueva película ‘Hércules’: muchos efectos, poca historia

Septiembre 21, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez | Especial para GACETA
La nueva película ‘Hércules’: muchos efectos, poca historia

Dwayne Johnson protagoniza 'Hércules'.

‘Hércules’ es una superproducción que derrocha efectos, imágenes y luchas. La historia sin embargo pasa de largo sobre el mito y se construye como una colcha de retazos con anécdotas de aquí y de allá.

Benditos los griegos. Los de la antigüedad. Esos que inventaron los mitos, creyeron en los dioses y en la seducción constante entre el Olimpo y la tierra. Los mortales de la industria cinematográfica actual, sin embargo, siguen en deuda con ellos. Una deuda pesada, teniendo en cuenta que sus historias han nutrido el universo dramático de la humanidad. No hay derecho. Y aunque todavía tenemos en nuestros recuerdos clásicas producciones que relataron sus historias, el panorama de hoy es muy distinto. ‘Furia de Titanes’, ‘Troya’ y ‘El origen del imperio’ hacen parte de la más reciente lista de producciones temáticas a la que ahora ‘Hércules’ se suma. Pero, sin importar el título, la sensación de insatisfacción que produce en el espectador se ha convertido ya en una constante. Este efecto repetido, que apenas nos permite distinguir una producción de otra, nos lleva a pensar que se necesita un poco más de arrojo o tal vez una cuota extra de compromiso histórico. Los intereses de los productores, sin embargo van por otro lado. Estos parecen estar más interesados en invertir en buenos efectos, ambientaciones fabulosas y pobreza intelectual, maltratando a los espectadores a quienes siempre dan más de lo mismo. Y, lo que es peor, en nombre de los griegos. De las ‘buenas intensiones’ de los productores está lleno el caminito al infierno del cine de las películas mediocres.¿Qué ocurre? ¿Por qué estas producciones se quedan a mitad del camino entre el mito y la película? La respuesta podría estar en la tibieza narrativa que pretende sobreponerse a la fábula del origen o al facilismo de repetir dispositivos y estéticas entre producciones. Para la muestra, pongamos los ojos en la última versión de ‘Hércules’ que se encuentra por estos días en cartelera. Protagonizada por un Dwayne Johnson de músculos enormes y con maquillaje de rudo, es una aparatosa producción llena de efectos en tercera dimensión, batallas y belleza griega. La película que empieza con la promesa del narrador que nos va a contar la verdadera historia del héroe, eleva nuestro nivel de expectativa. No porque sea muy novedoso el discurso del rapsoda testigo que nos ofrece un acercamiento verídico al hijo del dios Zeus y una mortal, sino porque pocas historias seducen más que los chismes de enredos de cama y pasiones prohibidas. Lo malo es que aquí no hay chisme, no hay cama y tampoco grandes explicaciones que den respuesta a la fuerza y astucia del mítico héroe que crece a pesar del odio de la celosa diosa Hera, quien nunca pudo superar su nacimiento. De repente los dioses se esfuman y un par de secuencias bastan para encontrarnos con un Hércules adulto y viudo que se gana la vida como un famoso mercenario que gana guerras ajenas solo por dinero. En este presente carga sobre sus hombros la acusación de asesinar a su esposa y a sus tres hijos en un estado de inconsciencia y ahora se dedica a matar malos acompañado de un grupo de guerreros habilidosos. Todo esto no es más que una mentira, porque en realidad ha sido víctima de un gobernador egoísta que ha querido sacar provecho de su fortaleza y del halo mágico que envuelve su nombre como el ser inmortal. ¿Y el odio de Hera? ¿Y el padre Zeus? ¿Dónde quedaron? ¿Por qué de repente todos dudan de su inmortalidad y solo lo ven como huérfano que creció en las calles? Este escenario donde los dioses eran importantes queda atrás, dando paso a una Grecia de guerras, intrigas y reyes expansionistas. De repente la historia empieza a parecerse demasiado a ‘Gladiador’ (2000) aquella película en la que Russell Crowe interpretaba a un valiente guerrero que regresaba de sus batallas para encontrarse con la macabra escena de su familia asesinada. Poco después despertaría convertido en un esclavo que con el tiempo se convertiría en el más importante gladiador del imperio romano. En tal similitud de coincidencias, el gladiador de aquella se convierte en un valiente Hércules de la actual, y éste también se transforma en el mejor guerrero que termina acercándose a la hija de un rey cercano, que ¡oh sorpresa! También tiene un hijo adorable que les recuerda a sus pequeños. En este juego de traiciones y desencantos, las similitudes no molestarían tanto si al menos hubiera una claridad temática con respecto al cuento que nos ofreció en un comienzo aquel narrador. Pero las teorías de la inmoratlidad y la orfandad, quedan en el aire y cada quien es libre de creer si el guerrero de fuerza extraordinaria es en realidad hijo de Zeus o solo un huérfano más que se abrió paso en la vida dando golpes y haciendo musculitos. Sin embargo las fichas de juego en esta película no están puestas en la historia que se nutre de lugares comunes y vueltas de tuerca reconocidas, obvias y aburridas. Más bien hay una intensión en el efecto de sorpresa en las impresionantes batallas desarrolladas con las imágenes digitales que dan cuenta de la magnificencia de los ejércitos, las flechas y el fuego que vuela por la sala, todo por cuenta del magnífico y siempre sorprendente 3D. Todo hay que decirlo: en cuestiones de efectos, la película puede resultarle agradable a la familia.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad