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El último acorde del Líder: un retrato íntimo de Mario Fernando Prado, El Cuervo, en palabras de sus amigos

Desde la mítica escuela publicitaria de Nicholls hasta las partituras itinerantes en los ríos del Valle, los grandes confidentes de ‘El Cuervo’ construyen el retrato más íntimo, completo y sin omisiones del genio cívico que transformó la identidad cultural de Cali.

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"Una gran dosis de tenacidad, locura y de pasión por lo que hago". Esa es, según Mario Fernando Prado, la fórmula para mantenerse al aire, durante 15 años, con su programa 'Mario Fernando Piano', que se emitía por Telepacífico.
COLPRENSA
"Una gran dosis de tenacidad, locura y de pasión por lo que hago". Esa es, según Mario Fernando Prado, la fórmula para mantenerse al aire, durante 15 años, con su programa 'Mario Fernando Piano', que se emitía por Telepacífico. COLPRENSA | Foto: Europa Press

5 de oct de 2026, 07:22 p. m.

Actualizado el 5 de oct de 2026, 07:22 p. m.

La madrugada de este lunes, Cali despertó con una de esas ausencias que dejan sin piso la escena cultural e intelectual del suroccidente colombiano. Mario Fernando Prado López, el recordado abogado, pianista, genio de la publicidad al frente de su agencia MF Publicidad, ganador de dos Premios Nacionales de Periodismo Simón Bolívar y agudo columnista de opinión, quien falleció a los 76 años de edad tras padecer un cáncer que le había sido diagnosticado a finales del año pasado.

Su deceso no solo silencia una de las plumas más incisivas de la región, sino que cierra de golpe una era de civismo desinteresado, caballerosidad a toda prueba y genialidad creativa. Para dimensionar la inmensidad de este vacío, sus amigos más cercanos, colaboradores de micrófono y cómplices de tertulia han decidido desgranar sus recuerdos y revelaciones de este hombre que tenía muchos nombres: Mario Fernando Piano, Sirirí, El Cuervo.

Diego Martínez Lloreda, con quien Prado compartió más de cuatro décadas de una amistad inquebrantable que nació en el instante exacto en que pisó suelo caleño en 1986 proveniente de Bogotá, recuerda que el lazo fue tan profundo que incluso fue su cuñado durante 30 años y su principal promotor para ser jefe de comunicaciones de la alcaldía.

Homenaje Mario Fernando Prado.
Homenaje Mario Fernando Prado. | Foto: Aymer Andrés Álvarez

Martínez Lloreda rememora con nostalgia el origen del hombre detrás del mito, señalando que “él tenía un grupo de amigos muy cercanos que se llamaba Los Cuervos” y que “a él le decían El Cuervo por su nariz, por esas cosas”, un círculo donde se tiraba “bastante leña” pero que cobijaba a un hombre de un “talento, una “creatividad y un “humor impresionantes”.

Tras haber sido uno de los primeros graduados de la Universidad Santiago de Cali, Prado se convirtió en un “colaborador de El País” muy exitoso, dirigiendo en sus inicios las páginas de Gente Joven, para luego transformarse, desde 1992, en columnista de forma ininterrumpida en el espacio de opinión desde donde derrochaba un afecto espléndido por sus allegados y dividía su amor “entre dos ciudades, entre Cali y Popayán”, honrando la tierra de su madre patoja aunque él fuera oriundo de Cali.

Esta devoción por su ciudad natal lo llevó a liderar impactantes cruzadas sociales bajo eslóganes históricos como “Escogerse cuesta” y “En Cali nos unimos o nos unimos”, demostrando un espíritu profundamente cívico que corría en paralelo a su fama de “galán con las mujeres, un galán”, encantador y admirador de la belleza femenina. Aunque Martínez Lloreda aclara con respeto que “su única mujer de verdad fue su esposa María Cecilia Arboleda con quien estuvo casado más de 50 años”, una unión de la cual nacieron sus dos hijos, Alejandro y Sebastián, quienes le dieron tres o cuatro nietos que hoy le sobreviven junto a su hermana Margarita.

Esa misma complicidad familiar y profesional compartida con Martínez Lloreda se trasladó a los micrófonos a comienzos de la década de los 2000. Prado propuso la idea de arrancar un espacio al “estilo los programas de Bogotá, pero con colaboradores caleños”.

Aunque Martínez Lloreda tuvo que retirarse temporalmente debido a sus altas responsabilidades en el periódico, regresó tiempo después como un colaborador más de un proyecto que subsiste hasta el día de hoy, habiéndose mudado con éxito de la emisora tradicional a las redes sociales, cobijando a figuras muy queridas por la ciudadanía como la psicóloga Gloria H., el Che y Alfredo Varela.

El propio Martínez Lloreda, tras confirmar con precisión que su gran amigo nació un 9 de julio y que “su situación progresivamente se fue deteriorando” por la enfermedad, detalló que el cuerpo de Prado será cremado y que la familia esperará la llegada de uno de sus hijos que se encuentra en el exterior para definir la fecha y el lugar exactos de la misa, un momento de duelo colectivo donde también resonará el eco de las grandes obras materiales que Prado le regaló a la infraestructura de la ciudad.

Precisamente, otra de las facetas más deslumbrantes de ese civismo puro la evoca el exsecretario de Hacienda de Cali, Eduardo José Victoria, quien define a Mario Fernando Prado como un hombre con un auténtico e incorruptible “dolor de ciudad y de región”.

Victoria relata una reveladora anécdota ocurrida durante el proceso de reconstrucción del Teatro Jorge Isaacs, una gesta cultural que avanzaba gracias al liderazgo de María Isabel Caicedo Lourido y de una fundación presidida por Jorge Ernesto Holguín Beplat, y para la cual la alcaldía hacía ingentes aportes económicos.

El exsecretario rememora que, tras lograr sacar avante el presupuesto en la última sesión del Concejo municipal, recibió una angustiante llamada a las nueve de la noche donde le notificaban que por un error involuntario “habían olvidado incluir la silletería del teatro”, dejándolo en un insomnio total, en medio del cual se le ocurrió la idea de diseñar una campaña para que los propios caleños donaran individualmente cada silla.

Al no saber con quién compartir la iniciativa a primera hora de la mañana siguiente, Victoria acudió de inmediato a la oficina de Prado, quien con su rapidez mental le respondió “vamos a tocar el argentino que todos tenemos dentro”, dando nacimiento a la exitosa estrategia cívica “Tome asiento en la historia cultural de Cali”. Constía en que cada aportante pagaba un asiento a cambio de una placa con su nombre en el espaldar, una monumental tarea por la cual el publicista jamás aceptó cobrar un solo peso en honorarios.

Este compromiso ético e incondicional con el bienestar de Cali, que se vio reflejado en la silletería del Jorge Isaacs, conecta con la lectura analítica de la psicóloga, escritora y columnista Gloria Hurtado, quien compartió con Prado los años de juventud entusiasta cuando se abrió paso el periodismo universitario en las páginas de El País.

Hurtado recuerda que desde el comienzo fueron “muy buenos amigos” que compartían la pasión por los medios, y destaca que Mario Fernando poseía una “personalidad creativa, recursiva” y un “talento especial para ver cosas, para crear respuestas, para liderar procesos”.

Al analizar la esencia de su legado, la escritora afirma con contundencia que lo más importante que dejó fue su liderazgo, explicando desde una perspectiva psicológica que “él llamaba a la gente líder, líder, pero el líder era él. En una suerte de hermosa proyección le otorgaba a los demás el título y el saludo de “líder, ¿cómo estás?” que en realidad le pertenecía a él por derecho propio".

Hurtado se suma a la encrucijada sobre el futuro de la franja radial que compartía con Prado, manifestando que está segura que “no podría seguir sin él” porque “el programa era él” y su huella en la prensa, el arte y la creatividad es “irreparable” e “insustituible”.

Y es que pese a que en muchas ocasiones estuvieron con su amigo en dos extremos políticos distintos, el respeto mutuo jamás se agrietó porque Prado era un amigo “incondicional a morir”, totalmente generoso, incapaz de albergar rencores y con una asombrosa facilidad para perdonar y olvidar y soltar”cualquier tipo de ofensa".

Su colega y amiga tampoco pasa por alto la dimensión del entorno doméstico del periodista, recordando el carácter fuerte pero noble de un hombre que “no era fácil, pero se hacía querer, se hacía respetar” y que completó más de medio siglo de vida compartida al lado de su inseparable esposa María Cecilia.

Mario Fernando Prado hacía gala siempre de su buen humor.
Mario Fernando Prado hacía gala siempre de su buen humor. | Foto: Archivo

Para ella, la partida de su entrañable amigo del alma representa “la muerte de los justos”, entendida como la fortuna de morir “grande, valioso, consciente” y sin el sufrimiento de un desgaste físico prolongado, una transición pacífica que también dejó recuerdos imborrables llenos de humor y camaradería en los rincones más tradicionales de la melomanía local.

Quien también disfrutó de la amistad de Prado fue Óscar Cardozo, director y fundador del Museo Planeta Salsa, quien lo recuerda como “insuperable amigo, gran compañero” y un hombre extraordinario para “mamar gallo” que se convirtió en su jefe en Hoy Cali hace casi cinco años, luego de que el ‘Monito’ Velasco dejara la sección musical.

Cardozo evoca entre risas una entrañable anécdota que revela la confianza de la relación, pues al momento de formalizar su ingreso al programa, el melómano anotó por error la dirección del hogar geriátrico que queda justo al frente del museo, provocando que Mario Fernando le reclamara jocosamente durante años: “Maldito, me mandaste para el hogar geriátrico”.

Más allá de las bromas, Cardozo atesora gestos de inmensa generosidad profesional, como el día en que grabaron el programa Mario Fernando Piano en el museo para documentar su trayectoria, la columna que Prado le dedicó en El País titulada “Óscar Jaime Cardozo, el melómano”, y la invitación que le hizo hace apenas un par de meses para cantar y hablar de música ante 200 personas en el Centro Comercial Chipichape.

Cardozo lamenta con profundo dolor la partida de un ser querido que “aportó al buen vivir en Santiago de Cali” y destaca el inmenso bagaje publicitario que Prado construyó a lo largo de su carrera, una trayectoria empresarial e histórica que ayuda a dimensionar el verdadero impacto de su ausencia en el contexto de la comarca.

Mario Fernando Prado, carismático, ingenioso y buen amigo, así lo describe su círculo más cercano.
Mario Fernando Prado, carismático, ingenioso y buen amigo, así lo describe su círculo más cercano. | Foto: Archivo particular

El escritor y periodista Medardo Arias-Satizábal sentencia que “con Mario Fernando Prado se va toda una época” de la comarca vallecaucana. Arias-Satizábal enmarca la genialidad de Prado dentro de la “dorada e irrepetible estirpe de los grandes publicistas surgidos de la escuela de Hernán Nicholls, una generación de personajes múltiples que atendían la ciudad en cada uno de sus propósitos y que metían las manos con igual solvencia en la organización de congresos, la edición de libros conmemorativos, las gestas deportivas o la creación musical”.

“De su inmenso legado nos queda”, según el escritor, “una lección de caballerosidad a toda prueba y una última y conmovedora estampa que resume el amor absoluto de Prado por los habitantes de su departamento, pues durante sus días finales llevó su piano a los pueblos, a los ríos, para compartir un mensaje musical que envió a miles de seguidores”.

Con el eco lejano de esas partituras itinerantes fluyendo junto a las corrientes de agua del Valle del Cauca, la ciudad despide hoy el testimonio y el ejemplo de un caballero que hizo el transcurrir diario de la capital mucho más ameno, extendiendo las más sinceras condolencias a su viuda María Cecilia, a sus hijos, a sus nietos y a esa inmensa cofradía de amigos que hoy le dicen adiós al gran y único Líder.

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