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Mario Fernando Prado, el alma de ‘Mario Fernando Piano’: una última charla y el eco de más de mil canciones que tocó por todo Cali

El reconocido publicista, periodista y músico vallecaucano dejó una huella imborrable en la televisión colombiana con su formato de entrevistas al ritmo del piano. Esta fue una de sus últimas entrevistas con El País, en la que contó anécdotas, habló de su gran sueño musical cumplido y hasta de Lorenzo, su amado guacamayo.

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Mario Fernando Piano interpretará de nuevo un variado repertorio en su recital en Chipichape.
Mario Fernando Piano interpretará de nuevo un variado repertorio en su recital en Chipichape. | Foto: MF Piano

5 de oct de 2026, 06:32 p. m.

Actualizado el 5 de oct de 2026, 06:35 p. m.

La televisión y la cultura colombiana están de luto. Este 5 de octubre se confirmó el fallecimiento de Mario Fernando Prado, uno de los periodistas y animadores culturales más queridos del suroccidente del país. Durante más de dos décadas, Prado logró fusionar sus dos grandes pasiones, la música y el diálogo, en su célebre programa de entrevistas Mario Fernando Piano.

Piano fue su apellido por adopción, dada su pasión por la música. Bajo el eslogan “Te ve y te toca”, por su piano pasaron desde jefes de Estado hasta los personajes más pintorescos de la calle, dejando momentos que quedaron grabados en la historia de la televisión regional y nacional.

A modo de homenaje, compartimos una reveladora entrevista en la que Mario Fernando, columnista de El País, relata los orígenes de su formato, las confesiones más crudas que recibió al aire y su entrañable proyecto final: tocar 1000 canciones en 1000 días de manera ininterrumpida.

Usted empezó en el periodismo muy joven, ¿cómo fueron esos primeros pasos en el diario El País?

¡Uy! Yo empecé aquí cuando tenía apenas 20 años. Beatriz López me dijo que escribiera algo para la página femenina. Después, Rodrigo Lloreda creó la sección El País en la Universidad y de ahí saltamos a Gente Joven. Fui un aventajado en el mundo de Jorge Arturo San Clemente, que fue un grandísimo amigo mío. Esta oficina donde estamos (entrevista presencial en la redacción de El País) era de Eduardo Figueroa Coral, el coordinador; su papá era todo un personaje. En anécdotas de esa época me las sé todas.

Su programa Mario Fernando Piano nació porque Alfonso Córdoba, que era el dueño de (Canal) 25, le propuso hacer algo... cuéntenos la historia...

El programa nació porque Alfonso Córdoba me propuso que hiciéramos un Sirirí en televisión (por mi columna en El País) pero eso no rimaba. Con Carlos Duque, mi colega publicista, un día en Bogotá estuvimos hablando de eso y me dijo: “¿Y usted por qué no hace un programa con ese piano?“. Estábamos en un restaurante y había un piano. Le dije: ”¿Cómo así?“. Me dijo: ”Pues venga". Entonces, me senté en el piano y me dijo: “Pregúnteme cualquier cosa”. Yo le pregunté y me dijo: “Mire, esto es lo que usted tiene que hacer. Haga un programa entrevistando a la gente con piano”. A Alfonso no le gustó la idea al principio, pero después dijo que sí y arrancamos. De eso hace ya 20 y pico de años.

#CaraOculta: Un concierto para los animales del Zoológico de Cali

Ahí comenzó Mario Fernando Piano con el eslogan “Te ve y te toca”...

Sí, y entonces yo comencé a hacer el programa. Lo hacía en varios sitios: en el Teatro Municipal, en el Teatro Jorge Isaacs, en el Auditorio de Comfandi, en el Hotel Dann... donde hubiera un piano, allá me iba yo con los servicios de Telepacífico. Posteriormente me volví programadora con Tevalle y comencé a hacer el programa de lleno. La verdad, me fue muy bien. ¡Imagínate que entrevisté a Raimundo y todo el mundo!

¿Qué personajes recuerda más de todas esas entrevistas?

No, pues a ver... presidentes, expresidentes, ministros, curas... Pero entre las entrevistas que más recuerdo, está la de un embolador llamado ‘Barranquilla’, maravilloso. Y la de una muchacha de esas que le dicen “No, no, mi amor, sin conocerlo”, llamada Geraldín. Con ella se me formó un problema horrible.

¿Qué pasó con esa entrevista de Geraldín, si se puede contar?

Ella confesó en el programa que, entre otras cosas, ganaba muy buena plata y que tenía tanto trabajo que había involucrado a su mamá y a su hermanita. Pero lo peor fue cuando contó que un día la habían contratado para ir a una finca en Dapa. El dueño de la casa llamó a un señor, le pegó un tiro, lo mató, y luego la ordenó a ella —encañonándola— que hiciera el amor con el muerto. Eso significó que el entonces comandante de la Policía Metropolitana, el general Naranjo, me llamara para pedirme los datos de ella. Yo le dije: “Mira, eso es reserva del sumario y el secreto profesional”. Pero ella se la olió, se fue, se perdió y nunca más volvió a aparecer. Además, en esa entrevista que le hice en el auditorio de Comfandi, le pregunté algo y ¡se quitó el vestido! Tuvieron que gritar “¡Corten, corten!”. Imagínate.

Tremendo lío. Fueron muchísimos años de grabaciones... ¿Cuántas entrevistas logró acumular?

Completé las 900 entrevistas, pero llegó un punto en que ya no tenía la plata para poder seguir sosteniendo el programa; no me era rentable. Los costos de televisión antes eran espantosos. Así me quedé un tiempo, hice un ensayito con Canal 2 y luego decidí volverme a meter, porque ahora los costos se han reducido. Estos aparaticos de ahora son una maravilla.

¿Y qué innovaciones trajo para esta última etapa del programa?

Me ha gustado mucho el “piano callejero”. No obstante que sigo grabando en mi estudio y en sitios como el Teatro Municipal, que lo adoro, ahora tengo un piano portátil que monto en una camioneta. Es un clavinova que me permite ir a todas partes. Yo monto mi piano y me voy a la calle.

¿Cuándo surgió la idea del piano callejero? ¿Fue en la pandemia?

Desde un poco antes. Me dije: ¿Oiga, yo por qué no hago esto? De hecho, todos los días subo una canción a las redes. Llevo más de 830 canciones y mi meta es completar las 1000 canciones en diciembre (Lo logró). Me voy con el piano a todas partes y grabo en los sitios icónicos de la ciudad, pero es solamente música, sin entrevistas.

¿Cómo hace la selección de las canciones que interpreta? ¿Son clásicos? Sí, mi amor, son baladas, rancheras, tangos. Ya existen, no hay creación propia allí; yo he compuesto —o perpetrado— como cinco canciones nada más. Yo tengo un archivo de unas 30 canciones listas para grabar, porque todas las saco al oído. Mi meta y el récord que quiero dejar es completar 1000 canciones tocadas durante 1000 días de manera ininterrumpida, sin repetir ninguna canción y sin usar partituras.

¿Cómo reacciona la gente cuando lo ve tocando en la calle?

La gente reacciona muy bien, les gusta mucho y aplauden. Pero mira, tuve una experiencia muy linda la semana pasada que fui a la Fundación Alzheimer. Había unas señoras que estaban ya muy perdidas por la enfermedad. Yo me senté y les toqué una canción de José Alfredo Jiménez, una ranchera que se llama Para todo el año. Esas señoras reaccionaron inmediatamente. Dicen que la música es curativa... y ahí el que terminó llorando fui yo. Me pidieron más canciones, como Yo vendo unos ojos negros, y aunque ya la había tocado en mis retos diarios, se las volví a tocar. Es muy duro, porque ni usted ni yo estamos libres de esa enfermedad.

¿Cómo hace la selección de las canciones que va a interpretar?

No, no, no. Yo tengo ya un archivo con unas 30 canciones listas para grabar, porque todas las saco al oído, ¿ves? Voy por cualquier parte y me acuerdo. Son baladas, rancheras, tangos... ya existen, no hay creación propia ahí. Yo he compuesto —o perpetrado— como cinco canciones nada más, que ya iré sacando. En estos días fui a un colegio y toqué una de la orquesta de Bert Kaempfert; claro, uno se equivoca de vez en cuando, pero estoy buscando el récord: quiero completar 1000 canciones tocadas durante 1.000 días de manera ininterrumpida, sin repetir tema y sin una sola partitura.

¿Y cómo reacciona la gente cuando lo ve ahí con el piano en la calle?

La gente reacciona muy bien, les gusta mucho y aplauden. La semana pasada tuve una experiencia muy linda en la Fundación Alzheimer. Había unas señoras ya muy perdidas por la enfermedad. Me senté y les toqué una ranchera de José Alfredo Jiménez que se llama Para todo el año. Esas señoras reaccionaron inmediatamente.

Dicen que la música es curativa... y ahí el que terminó llorando fui yo. Me pidieron otra, Yo vendo unos ojos negros, y aunque ya la había tocado en mis retos diarios, se las volví a tocar. Como ni usted ni yo estamos libres de esa puta enfermedad, me tocó el alma. Mi papá también la sufrió y murió prácticamente de eso; él estaba en el asilo de las Hermanitas de los Pobres, se salió porque era muy loquito, se perdió y lo atropelló un carro. Por eso sé lo duro que es.

Hace un año (Mario Fernando Piano)

Qué historia tan conmovedora. Además de las fundaciones, ¿a qué otros lugares ha llevado el piano?

¡Adónde no he estado, mi amor! He estado con los niños del Hospital Infantil Club Noel, con la orquesta del INSA (Instituto del Padre Francisco Amigo) y en todos los sitios icónicos de Cali como San Francisco o el Bulevar del Río. Ahora quiero ir a la cárcel; Diego Martínez Lloreda me dice que no me atreva porque luego me dejan encerrado allá, qué tal (risas). También tengo ganas de ir a Flores Frescas [reconocido club nocturno de Cali], poner a las muchachas a desfilar y tocarles el Can-can o una cosa de esas.

¿Cómo ha sido esa experiencia de salir del estudio de televisión tradicional e irse a la calle?

Ha sido maravilloso. Voy una vez al mes a la Clínica Imbanaco y toqué también en el Zoológico de Cali. Esa fue una experiencia la berraca: los animales se sensibilizaron con la música. Yo tocaba y los tigres y los leones primero oían, se devolvían y luego regresaban a mirar. Eso le dio la vuelta al mundo; salió en la Deutsche Welle, en España y en Estados Unidos. También fui a la carretera al Mar, donde una muchacha Villegas hace terapia con caballos; me puse a tocar y de golpe un caballo se me vino encima y se quedó ahí, soplando feliz al lado mío.

Dicen que los animales son sumamente sensibles a la música instrumental...

¡Totalmente! Yo tengo un guacamayo verde en mi oficina que se llama Lorenzo. Cuando me pongo a tocar, donde quiera que esté, vuela, se me posa primero aquí en el hombro y luego se hace encima del piano. Son experiencias divinas.

Con todo este impulso, ¿cuál es el futuro de Mario Fernando Piano? ¿Tiene invitados definidos?

Mi idea es que Mario Fernando Piano vuelva a hacer las mismas entrevistas de siempre, pero con más ganas. Ya tengo pensadas a varias personas. Voy a tener a Stefanía Doglioni, la secretaria de Turismo de Cali, y a Hernando Betancourt, ese loco maravilloso que siembra flores por todas partes.

Tengo otros dos personajes que son una bomba, pero no los puedo decir. No quiero llevar políticos a hablar de política, pero sí puedo llevar políticos a que hablen de música, eso podría ser. Estoy muy contento de mantener la conexión, porque sigo con mi programa de radio y mis columnas en El País y El Espectador.

¿Cuándo fue su primer contacto con la música? ¿Cómo llegó el piano a su vida?

En mi casa compraron un piano para mi hermana Margarita, pero ella no dio pie con bola. Entonces decidieron que el que debía estudiar era yo. Me volví completamente autodidacta, pero a los 13 años se me presentó una oportunidad la berraca: el rector del Colegio Alemán donde yo estudiaba le propuso a mis padres que me fuera becado a estudiar piano a Múnich, viviendo en su propia casa.

Al final no me fui, y yo creo que ahí se me partió la vida en dos. Si me hubiera ido, no estaría aquí; a lo mejor estaría muerto o sería un pianista famoso en Europa, quién sabe. Decidí quedarme y, mientras estaba en la universidad, alterné mis estudios siendo el pianista del Hotel Intercontinental y del Hotel Petecuy. El piano siempre fue mi destino.

Isabel Peláez. Escribo, luego existo. Relatora de historias, sueños y personajes. Editora de cultura, entretenimiento y edición de contenidos digitales.

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