Carlos Vives habló sobre su más reciente álbum 'Cumbiana', un viaje entre vallenatos y ciénagas

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Carlos Vives habló sobre su más reciente álbum 'Cumbiana', un viaje entre vallenatos y ciénagas

Mayo 20, 2020 - 11:51 p. m. Por:
Por Isabel Peláez R., reportera de El País

“El último residuo chimila no tiene más de 500 personas y viven en una gran pobreza, tenemos que hablar de eso, pero también mostrar que antes ellos no vivían así y que si prometemos cuidar estos ecosistemas importantísimos, seremos más ricos”, Carlos vives, cantautor y productor samario.

Especial para El País

Cumbiana es música del cielo, del agua y de la tierra. Es un viaje, al que invita Carlos Vives, por la diversidad de la música más alegre del mundo y el regreso a uno de los territorios más biodiversos del planeta, el de la cumbia, los grandes ríos y las ciénagas, el de los vallenatos, cumbias y porros, que se fueron de recorrido por el mundo desde tiempos inmemoriales y regresaron vestidos de modernidad en la voz de este samario.

Vives presenta el primero de tres volúmenes del álbum Cumbiana, en el que tiene invitados como Jessie Reyez, Alejandro Sanz, Ziggy Marley, Elkin Robinson y Rubén Blades.

¿Cómo nace Cumbiana, dónde queda este territorio?

Fíjate que Cumbiana parecería decir Colombia. Yo reinventé esa palabra a partir de la cumbia, creé una ciudad, un mundo que llamé Cumbiana, un mundo que descubrí trabajando con los vallenatos, las cumbias, con los que alimento mis canciones nuevas, las más roqueras, las más urbanas. Descubrí con el tiempo que en la base de nuestro mestizaje había un mundo de una cultura americana, creativa, un mundo anfibio y que ocupa gran parte del territorio de Colombia y del río Grande, la depresión momposina donde se une con el Cauca, todas esas ciénagas que se van hacia un lado y hacia el otro, la Ciénaga Grande, la Ciénaga de Zapatosa, donde está El Banco, ese territorio que en las crónicas de Indias llamaron El País de los Pocabuyes ha sido la cultura más olvidada y la que nos dejado en nuestras huellas musicales de la cumbia y de los vallenatos, el ingrediente más alegre y más hermoso de nuestra sonoridad.

¿Este es un viaje por los ríos y las ciénagas, que tienen mucho que ver con nuestras corrientes musicales?

Así es. Pensamos que todas las percusiones provienen del África, que los ritmos fuertes de nuestra música también, y algo de nuestro mestizaje que empezamos a olvidar, esa corriente pocabuyana, de la música en Ciénaga, de los grandes compositores del río, es una cultura que tiene origen en una cultura anfibia, americana antes de la llegada de Europa y de África, esa es la cultura que está en la base y en las huellas más alegres de nuestra música y en percusiones muy poderosas con las que hemos hecho incluso la música moderna.

¿Este disco recrea esa diversidad nuestra musical, es un regreso a las raíces más puras de la cumbia?

Así es. Trabajo con los ritmos de siempre con sonidos y lenguajes más modernos, que nos traen los nuevos instrumentos y tecnologías, con los vallenatos, las cumbias, los porros, los merecumbés, todo lo que ha producido ese territorio anfibio, cumbiero, de lado y lado del Magdalena. Mucha gente que no está en la academia te va a decir que el origen de la cumbia, todo lo percutivo, alegre vino de la cultura africana; siempre contamos el origen de nuestra música a partir de cosas que vinieron de afuera, pero durante estos años de trabajo descubrí que estas músicas, incluidos los bambucos que también son del río, tienen una base en esta cultura americana, anfibia. Hoy vemos esas culturas que viven sobre el agua en el delta del Magdalena, en la Ciénaga de Zapatosa, y pensamos que son gente desplazada o muy pobre, que no tienen dónde vivir, y resulta que son huellas de una cultura que vivió sobre el agua. Las Crónicas de Indias hablaban de un pueblo que vivía sobre el agua y que tenía un sistema de percusiones, de sonidos y de música, esas son las primeras huellas de nuestra música.

¿Cumbiana suena a ancestros, pero con un toque muy moderno?

Sí, es la música mía, lo que siempre he hecho, con visos más modernos, porque uso más sintetizadores, aunque no dejo los instrumentos orgánicos como mis guitarras y mis acordeones, uso más gaitas y millos que nunca.

Es un álbum con muchas colaboraciones. ¿Cómo fue ese intercambio cultural con Ziggy Marley, el hijo de Bob Marley y con Jessie Reyez?

Sí, y no solo porque hoy la moda sea grabar con otros cantantes sino porque nuestra música, mucho antes de nosotros ya se había ido a recorrer el mundo. A finales de los cincuentas las orquestas y artistas colombianos empezaron a exportarla, pasó con los bambucos en los años 30. Cuando uno viajaba a otros países y se encontraba con artistas el tema de nuestra música era obligatorio y siempre quedábamos en hacer algo que nos conectara. En este álbum aproveché esas amistades. Pensé en Jessie Reyez, joven canadiense de familia colombiana, para Hechicera, canción que habla de la Ciénaga, de una bachué muy poderosa, como todas las mujeres. Fue grande su alegría de que la invitara a cantar una canción de sus ancestros colombianos. Para Elkin Robinson escribí una canción de la Sierra Nevada donde se conectan dos caribes, uno más afroantillano y otro muy tairona. Fue una gran felicidad escucharlo cantar en inglés sobre el río Magdalena, la cultura chimila, los taironas, los koguis. Lo mismo fue oír a Ziggy Marley cantando una historia de amor sobre los taironas y en arhuaco. Mi hijo y yo le contamos la historia de nuestro Caribe, de la Sierra Nevada y quedamos conmovidos de trabajar con él, fue humilde aprendiendo sobre la cumbia, el resultado, una de las canciones más alegres y espirituales del álbum.

¿Por qué escribió una canción para Rubén Blades y cómo la recibió él?

Nos habíamos encontrado muchas veces en conciertos, galas, eventos especiales y nos sentábamos a hablar de lo que nos unía con Panamá. Un día escribí una canción de admiración para él y la llamé Canción para Rubén, cuando se la mandé quedó algo desconcertado: “yo no quiero cantar una canción donde hable de mí” y le dije, “tú le puedes inventar más partes, quiero hacer una canción de ida y vuelta”. Accedió y me pidió grabar con él No Estás Solo. En Canción para Rubén fusioné vallenato con orquesta de salsa, gracias a una big band que tiene en Panamá impresionante y quedó increíble. Como dice Rubén, esta canción es un puente entre dos países.

A Elena, su hija, le compuso canción. ¿Qué lo motivó a hacerla partícipe?

Ella siempre me acompaña en estudio, me recuerda las letras, mis ideas, es muy musical, toca el piano, el bajo, la guitarra. Está muy pendiente de lo que hago, Pedro también, pero uno empieza consintiendo más a las chicas. Cuando apareció la película de Queen se enamoró, solo oía esta banda. Le conté que mi canción favorita era My Melancholy Blues y al día siguiente la tocó. Entonces escribí: “Con delicado acento me dijo que tomara asiento”... Elena es flaca, espigadita, muy cachaca en su educación y su postura en el piano es muy elegante. Buscamos esa armonía muy como ella, fina, elegante. Ella hizo los coros, está feliz de estar en el álbum y que el título diga entre paréntesis (Para Elena). Le da un toque muy bonito al álbum.

Canción por canción

Hechicera.
“Inspirada en una mujer poderosa, chimila, anfibia, misteriosa, mágica, sabia. Siempre me recordó a Bachué, esa diosa colombiana salida de las aguas. Así es Jessie Reyez, lo van a sentir en el timbre de su voz, igual a su mirada”.

No te vayas. “Una historia de amor, de conquista, un sambapalo cartagenero con melodías vallenatas”.

For Sale. “Es un corazón partío, una puya de gaita que se fue de los montes de María a buscar a Alejandro Sanz allá por el Guadalquivir, a Sanlucas de Barrameda”.

El Hilo. “Quería hacer una canción tayrona que hablara del hilo que ellos se amarran en las muñecas, como gesto de amistad que tienen con nosotros sus hermanos menores. Quería usar palabras mágicas arhuacas y kogis para escribir una canción de amor. Escuchar a Ziggy y a Elkin hablar de la Sierra, de los chimilas, del río grande”.

Canción para Rubén. “Carta de amor a Panamá, a Rubén y a la familia de la salsa que une a tantos países”.

Vitamina en Rama. “Inspirada en el porro palitiao y la champeta. Tiene esa forma popular de decir las cosas, recochera, alegre, pero con un mensaje hacia el reino vegetal. Hay en ella un ensamble vocal neoyorquino, ellos se llaman ‘Cover Story DooWop’, que le dio un swing increíble”.

Los Consejos del Difunto. “Es ese ritmo que rompe el agua con muchos remos, es una canción del país de los pocabuyes”.

Rapsodia en La Mayor (Para Elena).
"Busqué una armonía que se pareciera a Elena. Su voz acompaña esta canción. Es cumbia y candombe, pero sofisticada como ella”.

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