La historia de 'Kilométrico', el tradicional lapicero nacido en Cali que cumple 45 años

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La historia de 'Kilométrico', el tradicional lapicero nacido en Cali que cumple 45 años

Enero 15, 2020 - 11:50 p. m. Por:
Andrés F. Martínez, reportero de El País
Kilométrico El País Lapicero

Kilométrico, el lapicero más tradicional de los colombianos, cumple 45 años.

Raúl Palacios / El País

En 1974, la multinacional Gillette, con su filial PaperMate, empezaba a fabricar en Cali el que se convertiría en el lapicero más tradicional de los colombianos, el Kilométrico, aquel esfero sencillo y económico que no tardó mucho en conquistar cada tienda de barrio y supermercado del país.

De hecho, en los años 80, apenas seis años después de su creación, el bolígrafo fabricado en suelo caleño ya ocupaba el 80% del mercado en el país, según datos de la marca.

Y hoy, cuando se cumplen 45 años, el panorama no es distinto; la marca sigue siendo la líder del segmento básico de lapiceros en Colombia, y es reconocida como la “más familiar” de acuerdo con un estudio hecho por la consultora Brandstrat en varias ciudades del país. En la encuesta, Kilométrico obtuvo el 86% de reconocimiento, por encima de BIC (49%), PaperMate (45%) y Sharpie (33%).

“De muchacho, uno iba a la tienda y pedía un lapicero, sin decir un nombre, y el que le daban siempre era Kilométrico. Alguna vez me dieron otro, y ese día pregunté: ¿no tiene el de siempre? Es que uno se acostumbraba en la marca”, dice Isaac Martínez, caleño de 59 años recordando el icónico bolígrafo durante sus años de universidad.

El esfero, que se producía por miles en la fábrica de la Carrera 1 con Calle 56, en el barrio Flora Industrial, logró consolidarse muy rápido en un mercado del que hacían parte grandes marcas como BIC, Parker o Cross. ¿La clave?: precio y duración.

“Kilométrico desde que nació ha sido una marca que siempre se ha caracterizado de estar al alcance de todos, en términos de precio y de distribución, con presencia en todos los canales”, explica Liliana Narváez, directora comercial para la región Andina de Newell Brands, la empresa que actualmente está a cargo de la marca Kilométrico.

En efecto, el bajo precio del lapicero fue una de las claves para conquistar a varias generaciones de colombianos. “Las personas que tenían un Parker u otra marca, eran tomadas como adineradas, porque eran caros. En cambio los Kilométricos eran los lapiceros de todos”, dice Yolanda González, quien recuerda al icónico bolígrafo en su etapa de colegio, y ahora, años después, como docente, lo encuentra en los puestos de sus estudiantes.

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El otro atractivo del tradicional bolígrafo era la duración de la tinta: si una persona dibujara con él una línea recta, alcanzaría hasta 1,6 kilómetros de trazo. De ahí su nombre: el Kilométrico.

La popularidad se incrementó gracias a un concurso que se hacía en el programa Animalandia, en el que el concursante debía intentar subir por un esfero gigante lleno de grasa. Pacheco, el recordado presentador de televisión, hizo famosa su frase: “Sube, sube Kilométrico”.

“En el programa había una vara de premios, y los niños tenían que treparla para alcanzarlos. La vara era un Kilométrico”, recuerda Ana Sarria, madre de familia caleña, quien también recuerda que en los útiles escolares de los colegios de sus hijos no se pedían simplemente “lapiceros”, sino Kilométrico azul, negro y rojo. “Unos eran para los títulos y los otros para el resto”, señala.

Sin perder su esencia, el icónico esfero ha ido evolucionando con el tiempo. De sus inicios, muchos colombianos pueden recordar el ‘jingle’ de sus comerciales en radio y televisión: “El bolígrafo simpático a precio milimétrico”, decía. Hoy, la marca se conoce por su sistema de tinta ‘Ink Joy’, de escritura más suave y secado rápido.

“El producto original era el Kilométrico Plus, de tapita de plástico, que todos tenemos en la mente; luego se lanzó el Kilométrico Retractil. Y a partir de 2011 lanzamos Kilométrico Ink Joy, con una renovación completa del diseño y el sistema de escritura”, cuenta Narváez, de Newell Brands.

Para la ejecutiva, este esfero nacido en Cali sigue siendo con el pasar de los años el elemento indispensable “que para casi todos pasa inadvertido por carecer de lujos y altos precios, pero que es, sin duda, una de las herramientas de trabajo más utilizadas”.

Así, el Kilométrico, que ha sido el ‘testigo’ de millones de historias escritas en Colombia, alcanza 45 años siendo el lapicero más usado en la cotidianidad de ahora y de siempre: el de la primera carta de amor, el de la lista del mercado, el de los cuadernos del colegio o el que se lleva a una reunión de trabajo.

Sobre los retos que supone al mercado de lapiceros la aparición de nuevas tecnologías; Narváez concluye: “No entramos en conflicto. De alguna manera, la escritura a mano sigue estando presente en la vida de los colombianos”.

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