Cultura

Historias del Petronio Álvarez: la sabedora Ángela Leonarda Cueros Torres y el secreto del mecato guapireño

Desde la vereda San Antonio, mantiene viva la tradición de los hornos de barro, donde prepara el mecato artesanal más exquisito del Pacífico. Sus delicias son enviadas por encargo a diferentes ciudades de Colombia.

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Ángela Leonarda Cueros Torres, sabedora de la cocina tradicional del Pacífico.
La maestra Ángela Leonarda Cueros Torres, sabedora de la cocina tradicional del Pacífico. | Foto: Secretaría de Cultura Cali

9 de ago de 2026, 10:25 p. m.

Actualizado el 9 de ago de 2026, 10:25 p. m.

Los sabores tienen un maravilloso poder: probar un dulce devuelve de inmediato la alegría y la imagen de un paisaje querido en la infancia. Nadie mejor para dar evidencia de este efecto nostálgico que Ángela Leonarda Cueros Torres, una sabedora y artesana de mecato tradicional del Pacífico colombiano. Sus cocadas, pan y pastel artesanal, cucas, galletas y pasabocas, preparados en horno de barro, tienen el entrañable sabor a Guapi.

“A las personas que crecieron comiendo estos dulces les gusta recordar. Muchos vivieron su infancia en este territorio y se fueron a la ciudad cuando llegaron a la juventud o ya de adultos, por eso, anhelan lo que comieron estando acá. Cuando vienen de visita tienen ese deseo de probar nuevamente los dulces tradicionales, entonces me encargan hacerlos, o cuando yo voy para Cali me hacen pedidos, y también a sus familiares para que les lleven”, cuenta la sabedora.

Ángela Leonarda Cueros Torres, sabedora de la cocina tradicional del Pacífico.
Los hornos de barro son una fuente esencial de sabores del Pacífico. | Foto: Secretaría de Cultura Cali

Pero el reconocimiento de sus preparaciones traspasa los límites de la colonia guapireña en la capital vallecaucana. Dentro de la variada muestra gastronómica del Festival Petronio Álvarez, miles de turistas colombianos y de otros países han descubierto los auténticos sabores del Pacífico en el mecato de la maestra Cueros Torres.

A dos horas de Guapi, surcando el río con dirección al océano, se encuentra la vereda San Antonio, una pequeña población donde vive Ángela Leonarda y su familia. En el patio de su casa construyó un típico horno de barro, como una montaña con entrada a una cueva, en el que cuece sus postres y dulces. “Con este horno llevo unos 50 años. Es mi sustento para sobrevivir. Hago todo aquí y luego lo envío para muchas partes de Guapi y el Pacífico, porque este es el arte que yo aprendí y así pude criar a mi familia, gracias a Dios”, dice.

El horno de barro es esencial en la cocina de la cultura afrocolombiana, en buena medida la magia de sus sabores nace en la candela de leña y el calor propio de estos fogones. Su construcción hace parte de los saberes que pasan entre generaciones y son las mujeres quienes conocen el secreto: cuáles son los materiales, el tamaño, la medida exacta de la abertura y su profundidad.

“Se mezcla el barro con arena y ahora le ponemos un poco de cemento, también hay que hacer un aro de guadua y sobre esto se van colocando piedras, que se van pegando con la mezcla. Después se le coloca unos talegos para que las piedras se peguen y no se caigan. Todo va sobre una plancha que le da altura. Hay que pegar todo muy bien, para que la candela no lo ahueque y lo derribe, así puede servir por muchos años”, explica.

Este conocimiento lo recibió de sus hermanas, “a ellas les enseñó una mayora de la comunidad, para que tuvieran cómo trabajar y ayudar a nuestros padres”. En la casa familiar tenían un horno de barro donde preparaban el mecato para vender, así que viendo y ayudando a sus hermanas ella también aprendió. Más adelante ellas terminaron dedicándose a otros oficios, una como maestra y otra como monja, mientras que Ángela Leonarda fue la única que mantuvo la tradición en su nuevo hogar.

“Cuando mis hermanas se fueron y yo crecí, ya sabía todo lo necesario para hacer las preparaciones sola. Entonces, al tener ya familia propia, hice mi horno para sobrevivir. Así logré criar a mis ocho hijos, que son todos bachilleres, cuatro son maestros y uno es técnico agropecuario. Los otros están trabajando, pero todos ocho son bachilleres, gracias a Dios”, expresa con satisfacción.

Ángela Leonarda Cueros Torres, sabedora de la cocina tradicional del Pacífico.
Son 183 los expositores que participarán este año en la muestra de Expresiones Tradicionales del Petronio Álvarez, estarán distribuidos en cocinas, bebidas, artesanías, estética, mecatos y la nueva modalidad Narrativas del Pacífico. | Foto: Secretaría de Cultura Cali

No obstante, la sabedora lamenta que en la actualidad no haya más interés por conservar esta tradición en las nuevas generaciones, aunque valoran sus preparaciones y las encargan, muchas personas, los descendientes de guapireños nacidos en las ciudades, están perdiendo esa conexión con los sabores originarios del Pacífico y con el conocimiento heredado de los ancestros.

En este sentido, para ella es muy valioso el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, porque uno de los beneficios que trae, además del económico derivado de la muestra de Expresiones Tradicionales, es que despierta el interés por la preservación de saberes, generando investigaciones y procesos de reconocimiento desde la academia, así como de instituciones culturales.

El deseo de la maestra Ángela Leonarda es que a través de sus preparaciones no solo recuerden a Guapi, también que las personas se sientan motivadas a conocer San Antonio, una zona remota, “pero con unos habitantes muy amables y pacíficos, porque aquí actualmente la violencia no existe, así que todo el mundo puede venir y disfrutar de esta tranquilidad y la belleza de la naturaleza”.

Mientras habla en la cocina de su casa, prepara unas cocadas y galletas de coco, “uno lo ralla y le echa harina, azúcar, canela, anís y, si gusta, también nuez moscada y leche condensada. Con la mezcla se hacen, les damos forma y luego los asamos en el horno”. Pero no se trata de cumplir con la receta que sabe de memoria, porque “cuando viene una persona y me encarga el mecato, con esas ganas de volver a probarlo, pues uno quiere superarse y yo procuro echarle alguito más, para que dé más gusto, quiero que sean felices al comerlo”.

Periodista y escritor, entre sus publicaciones destaca el volumen de ensayos ‘Libro de las digresiones’. Reportero con experiencia en temas de cultura, ciencia y salud. Segundo lugar en los Premios Jorge Isaacs 2022, categoría de Ensayo.

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