Postales de Cali en cuarentena, una serie fotográfica de Jorge Idárraga

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Postales de Cali en cuarentena, una serie fotográfica de Jorge Idárraga

Mayo 18, 2020 - 05:59 p. m. Por:
 Jorge Idárraga, texto y fotos especiales para Gaceta

Imágenes de sectores como El Calvario, la Calle 15, San Bosco, San Pascual, Fray Damián y San Nicolás.

Foto: Jorge Idárraga / Cortesía para El País

Es increíble que apenas veinte días antes de decretarse el confinamiento mundial, yo había estado en el Carnaval de Salvador de Bahía en Brasil, la fiesta callejera más grande del mundo, donde, según cifras oficiales, dos millones de personas bailan y se abrazan, entre ellos setecientos mil visitantes de todas partes del mundo. Acababa de regresar a Cali y me obligaron a encerrarme. Fue como si apagaran la luz y empezara una película.

En aquellos primeros días de cuarentena, noté que los detalles se amplificaban, que saltaban a la vista. Rostros a medio cubrir por tapabocas de diferentes materiales y diseños, nadie sonríe. Miradas que se desvían al menor acercamiento, pero sus ojos expresan preocupación, miedo, y otros son de incredulidad. Salí y a media cuadra de mi casa descubrí un Cristo, un Cristo derruido sobre una pequeña reja que hacía de cruz. Se le veía el alma. Todo roto y descarachado, su brazo izquierdo era sólo alambre. Ese Cristo de la Cuarentena parecía una señal y seguí caminando. Era un instante insólito, quizá el fin del mundo, bello en su terrible amenaza.

Cada día ampliaba un poco el radio de mi recorrido. En esas calles desoladas solo temía a los policías y a las personas en condición de calle. Empecé a salir con Simona, una canina Pit Bull mansa de aspecto fiero. Parecía que todo estaba untado del virus: el pavimento y los asientos del parque, los pasamanos, las paredes, los puentes peatonales. Se adhería a los zapatos, a la ropa, a la piel, a la cámara. Estaba aterrorizado y a la vez interesado por observar la vida de la ciudad.

Llegué hasta los lados de El Calvario y la Calle 15, pasando por San Bosco y San Pascual, Fray Damián y San Nicolás. Después pasé por la Plaza de Caycedo, el Bulevar y el Río Cali. Pensé en los barrios de oriente, pero nunca tuve las agallas de ir hasta allá. Pensé en mis amigos los reporteros gráficos que continuaron haciendo su trabajo en estas condiciones.

En pequeñas salidas, protegiéndome lo más posible, estuve retratando a la ciudad durante las dos primeras semanas del confinamiento. Un día escuché el rumor de que en centro de Cali había una población flotante de aproximadamente quinientas personas, provenientes en buena parte del Ecuador, en cuya ciudad de Guayaquil los cadáveres se apilaban en las calles. Me aculillé y no volví a salir.

El santo de la plazoleta de San Francisco, por primera vez me percaté, miraba hacia abajo.

Seguí en casa observando en detalle estos espacios y estos rostros que había capturado, tratando de descifrar qué decían. Advertí que algunas personas cuando no les puedes ver el gesto de la boca, se sienten más libres para mirar de frente. Al fin y al cabo resulta más difícil descifrarlos. Un bandido o una persona de bien podrían ser lo mismo. En otras perdonas, por el contrario, el tapabocas acentuaba más la angustia de la mirada, la desconfianza y el miedo.

Dicen que empezarán a encenderse las luces. Hay una que dice: "Salida". Aunque tampoco sabemos si tocará apagarlas de nuevo, para seguir viendo la misma película en rotativa.

Nota aclaratoria: esta serie fotográfica y su producción fueron de iniciativa y ejecución individual de su autor.

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