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'Oscuro abril', un libro sobre las elecciones controversiales de hace 50 años

Agosto 05, 2020 - 11:37 a. m. Por:
 L. C. Bermeo Gamboa, reportero de El País
Sandra Rodríguez Novoa y María Ximena Plaza Cuéllar

Las periodistas Sandra Rodríguez Novoa y María Ximena Plaza Cuéllar, autoras de ‘Oscuro abril’ (Aguilar, 2020).

Foto: Especial para El País

Para leer la historia oficial de un país se necesita aplicar algo que los académicos llaman crítica del discurso, y que las personas del común llamamos: ser suspicaz, puesto que siempre sobre los hechos de la Patria —con mayúscula— hay una gran sombra de duda.

Algo que saben muy bien las periodistas Sandra Rodríguez Novoa y María Ximena Plaza Cuéllar, autoras de ‘Oscuro abril’ (Aguilar, 2020), un libro donde con esa imprescindible suspicacia reconstruyen los hechos ocurridos durante las elecciones presidenciales del 19 de abril de 1970, cuando el político conservador Misael Pastrana Borrero derrotó ‘sorpresivamente’ a Gustavo Rojas Pinilla, exmilitar quien ya había sido presidente entre 1953 y 1957 después de dirigir un golpe de estado contra Laureano Gómez. Pese a que en el registro oficial el gobierno de Misael Pastrana Borrero transcurrió con aparente normalidad, se ha mantenido una versión vox pupuli —que muchos abuelos nos han contado—, acerca de que esas elecciones fueron un fraude orquestado por los partidos liberal y conservador para iniciar una alianza llamada El Frente Nacional, al mismo tiempo este suceso provocaría el surgimiento del Movimiento 19 de Abril, guerrilla entraría a jugar en la historia hasta su proceso de paz en 1990. Otros, por su parte, niegan rotundamente que haya sido así.

‘Oscuro abril’ es producto de una investigación de 15 años, tiempo que tardaron Rodríguez Novoa y Plaza Cuéllar, en confrontar esa versión oficial con los testimonios de quienes vivieron en la época y fueron afectados, así como con los archivos de prensa donde se registró esa noche del 19 de abril y los días siguientes. De esta forma, fueron encontrando información reveladora sobre políticas de represión estatal, de censura y manipulación de los medios de comunicación para desviar la atención pública de la crisis política. Hechos de dudosa legitimidad que, como describen en su libro, no era la primera vez que sucedía, ni la última.

Las autoras, que han traído del olvido este momento de la historia nacional, hablan de cómo estas elecciones dudosas nos pueden enseñar a leer de forma más crítica la política del presente.

Oscuro abril

'Oscuro abril. Revelaciones y testimonios de las elecciones más controvertidas de Colombia, 50 años después'. Publicado en junio por Penguin Random House Grupo Editorial.

Foto: Especial para El País

—¿Cómo surgió la idea de escribir un libro sobre unas elecciones presidenciales de hace 50 años?

Empezó como una pesquisa personal que se convirtió en nuestra monografía de grado de la carrera de comunicación social. Bajo la dirección del maestro de periodismo Jorge Cardona, se nos volvió una fijación entrevistar a políticos, periodistas, historiadores y protagonistas que contribuyeron con más pistas de un eventual fraude electoral. Fue tal la intriga y curiosidad que nos despertó este hito político que la monografía se convirtió en una investigación periodística de 15 años que ahora presentamos en el libro ‘Oscuro Abril’.

—¿Qué impacto tuvieron estas elecciones en el futuro de Colombia?

Esta fecha marcó un antes y un después en la democracia colombiana, pues a partir de entonces se enconó una desconfianza hacia el sistema electoral del país. Ese inconformismo que se hizo evidente en las dos décadas posteriores dio origen a una nueva Constituyente que, según el congresista y ex-guerrillero del M-19, Antonio Navarro Wolf, “ayudó a resolver esos problemas que el bipartidismo había producido; uno de los más graves de todos, además de la época de violencia liberal y conservadora, fue ese 19 de abril de 1970”.

De hecho la Constitución del 91 creó el Consejo Nacional Electoral, en reemplazo de la Corte Electoral dirigida por miembros del bipartidismo. Un avance es que los miembros del consejo son elegidos por el Congreso de la República, de modo que su representación sea más diversa que en el pasado. Sin embargo, este organismo electoral aún puede quedar preso de los intereses políticos de la rama legislativa. Si bien ya no es la misma desconfianza que despertó el sistema electoral del 70, aún persisten suspicacias frente a la forma en que elegimos a nuestros gobernantes.

—Esas elecciones dudosas en parte originaron la guerrilla del M-19, ¿podría repetirse algo similar en la actualidad?

Algo revelador del libro es que mostramos cómo el M-19 tomó como impronta a esas elecciones del 19 de abril, dado que era una fecha que estaba en la memoria reciente de los colombianos por las sospechas de un fraude electoral. Sin embargo, el interés de los fundadores del Eme en crear un grupo revolucionario venía desde antes. Uno de ellos fue Jaime Bateman, ex-Farc, quien ya había trazado un discurso revolucionario junto con un grupo de intelectuales, artistas y profesionales que tomó la forma de ‘Comuneros’. En vez de buscar adeptos en universidades y sindicatos, este grupo recurrió a los miembros más radicales de la Alianza Nacional Popular (Anapo), el movimiento político liderado por Gustavo Rojas Pinilla. Entonces una lección del pasado para el presente y el futuro es que el origen de un grupo guerrillero como el M-19 tiene diversas y complejas causas históricas. En otras palabras, la formación de estas alternativas insurgentes no solo puede ser explicada a la luz de los resultados electorales en el país.

—¿En la investigación conocieron casos de otras elecciones dudosas en Colombia?

Sabemos por estudiosos de la historia como Jorge Cardona que uno de los episodios de fraude más legendarios sucedió con la contienda electoral entre Rafael Núñez y Aquileo Parra en 1875. El primero representaba a los liberales independientes y el segundo a los liberales radicales. De acuerdo con el político Indalecio Liévano Aguirre, cuando Núñez iba ganando apretadamente en las urnas “el radicalismo se quitó la máscara y con impudor sin igual en nuestra historia política, se lanzó decididamente por el camino del fraude”.
Los nuñistas protestaron por la manipulación del proceso electoral, pues consideraban que los radicales pretendían conservar el poder en manos de amigos. En medio de la controversia, se declaró que no había ganador con el número de votos requeridos. De acuerdo con la Constitución de la época, el primer mandatario debía ser elegido por el Congreso, el cual estaba integrado en su mayoría por radicales. Así fue como Aquileo Parra asumió la presidencia en 1876 y desde entonces su mandato fue muy disputado, pues enseguida comenzó una guerra en oposición a su gobierno que duró dos años hasta que el vencedor del conflicto, Julián Trujillo, lo reemplazó en este cargo.

En el siguiente siglo los episodios de sospechas de fraude generaron muchos de los altercados entre liberales y conservadores en la época de ‘La Violencia’. Según algunas versiones, el general Gustavo Rojas Pinilla no defendió su supuesta victoria para evitar que se repitiera el derramamiento de sangre de este periodo de nuestra historia.

—¿Cómo fue la investigación para escribir este libro?

Realmente lo que hicimos fue recopilar una serie de testimonios que permitieran dar cuenta de lo que había sucedido en esa fecha que se quedó sin suficientes explicaciones. En un primer momento buscamos pistas de lo sucedido en las entrevistas realizadas y nos dimos a la tarea de visitar la hemeroteca para entender cómo la prensa había registrado estas elecciones tan controvertidas. También, revisamos material documental y datos oficiales.

Con un ímpetu renovado abordamos el proyecto tras 15 años de ejercicio profesional. Hasta ese momento fue que le echamos diente a las historias que nos contaron los protagonistas del episodio y le dimos sentido a la fecha con una narración fácil de entender para el ciudadano.

Esta anécdota sucedió el año pasado, cuando emocionadas fuimos a la casa de María Eugenia Rojas en el barrio Teusaquillo de Bogotá. Era la misma casa donde ella y Rojas Pinilla habían sido retenidos 50 años atrás, después del estado de sitio y toque de queda decretados por el presidente Carlos Lleras Restrepo. Siempre se trató de la entrevista más esperada desde nuestros años universitarios. Ella había desaparecido de la escena pública y por fin habíamos logrado un acercamiento; con la mala fortuna de que ese día su esposo enfermó y tuvo que llevarlo a la clínica de emergencia. De todos modos pudimos entrar a la casa que habíamos visto tantas veces en fotografías con un cordón militar. Allí parecía que el tiempo se había detenido: la decoración era bien setentera y tenía ese olor característico del pasado. Recorrimos sus bibliotecas, también estuvimos en el despacho del general retirado, donde había un retrato enorme suyo y una escultura gigante de Don Quijote. Fue algo surreal, pero a la vez era el mejor escenario para inspirarnos a seguir escribiendo nuestro relato.

—¿Qué aporta este libro a lo ya conocido de este hecho histórico?

Con base en los recuerdos y documentos de los protagonistas, aportamos una secuencia testimonial de quienes vivieron las elecciones del 19 de abril de 1970 como ciudadanos, y que tienen mucho que recordar sobre lo sucedido en esa fecha histórica. Algunas de estas voces son el expresidente de Colombia Alfonso López Michelsen, el exministro de Justicia de la época Fernando Hinestrosa, el nieto del general Rojas Pinilla, Samuel Moreno Rojas; el hijo del presidente de turno Carlos Lleras de la Fuente y los periodistas Juan Gossaín y Germán Castro Caycedo, entre otros.

El libro revela indicios antes desconocidos del fraude. El mismo Alfonso López Michelsen nos contó detalles nunca antes revelados sobre la alteración de votos en islas de Nariño. Adicionalmente, este testimonio lo corroboramos con datos de la Registraduría Nacional.
Al mismo tiempo, el libro evidencia nuevas irregularidades en el conteo de sufragios en departamentos recientemente creados en la década de los sesenta como Sucre y Quindío.

—¿De qué modo la política de hace 50 años se refleja en la de la actualidad?

La política se refleja porque la clase dirigente colombiana sigue siendo conformada por las mismas familias de hace 50 años y más. Adicionalmente muchas prácticas políticas del pasado se han reencarnado con nombres nuevos, pero siguen siendo las mismas en esencia. Un ejemplo de ello es lo que hoy conocemos como ‘mermelada’, que eran los antiguos ‘auxilios parlamentarios’ heredados de la repartición del ponqué burocrático del Frente Nacional.

—¿Por qué es importante que las nuevas generaciones conozcan este episodio de la historia colombiana?

‘Oscuro abril’ es el aguijón para que las nuevas generaciones siempre estén vigilantes de los procesos electorales, que en el pasado, presente y futuro estarán vulnerables a la manipulación. Una ventaja actual es que se cuentan con las veedurías electorales ciudadanas, creadas durante el año pasado, y que permiten que todos podamos velar por la transparencia de las elecciones, incluso respecto a su financiación.

Vivimos un momento clave para desenmarañar la verdad de la violencia en nuestro país, tras el acuerdo de paz. En este sentido ‘Oscuro abril’ es un aporte para la Comisión del Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición en torno a los hechos alrededor de la creación del M-19. Así nuestra deuda con la historia queda parcialmente saldada.

—¿Cómo consideran que este libro puede cambiar en algo lo que sucedió hace 50 años?

Vivimos un momento clave para desenmarañar la verdad de la violencia en nuestro país, tras el acuerdo de paz. En este sentido ‘Oscuro abril’ es un aporte para la Comisión del Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición en torno a los hechos alrededor de la creación del M-19. Así nuestra deuda con la historia queda parcialmente saldada.

—¿Cómo habría sido Colombia si Rojas Pinilla hubiera llegado de nuevo a la presidencia?

Como periodistas, nuestra misión no es predecir lo que hubiese pasado con Rojas Pinilla en la presidencia o si su paso por el Palacio de San Carlos hubiese sido positivo o negativo para el país. Lo que sí incluye el libro son distintas visiones de historiadores sobre el suceso. Por ejemplo, Álvaro Tirado Mejía nos dijo que “la democracia se salvó por un pelillo”, mientras que Darío Villamizar nos aseveró que Rojas Pinilla habría tenido un enfoque más favorable con la población más necesitada.

—¿Qué pasó con los protagonistas de esta historia, Misael Pastrana y Rojas Pinilla?

Misael Pastrana Borrero fue el presidente de Colombia entre 1970 y 1974, pese a todas las denuncias de fraude. Será recordado por darle traste a la reforma agraria mediante el Pacto de Chicoral y crear la Unidad de Poder Adquisitivo Constante (UPAC), usada para calcular los costos de algunos créditos de vivienda. Por su parte, Gustavo Rojas Pinilla vio como la Anapo empezó a perder adeptos y murió al poco tiempo de las elecciones, en 1975.

Lecciones de periodismo

—¿Qué papel jugó el periodismo en este hecho histórico?

Colombia es un país con una tradición de radioescuchas y aún más lo era en los setenta. Incluso estaba acostumbrado a escuchar debates políticos. La radio sí tuvo un papel protagónico en las elecciones de 1970, pues los colombianos no se despegaron del transistor hasta que se detuvieron las informaciones radiales intempestivamente, a raíz del anuncio del Gobierno de sancionar a quienes divulgarán datos no oficiales de las votaciones.

Previamente a la contienda, la llamada gran prensa se la jugó por el candidato del Frente Nacional, Misael Pastrana, mientras que atacó frontalmente al general Gustavo Rojas Pinilla como una amenaza contra la democracia. Tras las elecciones, no realizaron grandes esfuerzos para investigar los hechos y ser guardianes de los procesos democráticos.

—¿Cómo consideran que el periodismo se desempeña en la actualidad comparado con esa época?

En la actualidad los medios de comunicación solapan sus intereses especialmente de carácter económico, dado que muchos son propiedad de conglomerados financieros. Entonces la objetividad del periodismo puede estar en riesgo y el reto es que los periodistas informen con el interés ciudadano en mente y sea la verdad su activo más preciado.

—¿Qué opinan del uso de la televisión y los eventos deportivos?

A la semana de las elecciones del 70, empezó la Vuelta a Colombia y el mismo director de la Asociación de Ciclismo de la época aseguró que serviría para distraer la atención de los resultados electorales. Una muestra de cómo se pasa la hoja de los hechos de gran impacto para la vida nacional.

—Después de profundizar en este hecho, ¿cuáles son las lecciones que les quedaron como periodistas?

Una lección es la necesidad de buscar diferentes caras de la historia; no casarse con una versión sino mantenerse en una búsqueda constante de muchas fuentes que permitan darles más argumentos a las personas para formarse una opinión de una situación o hecho histórico. Otra lección sería que hay que identificar esas fechas que marcan un antes y después en nuestras vidas. El 19 de abril fue definitivamente un día que nunca será olvidado por quienes lo vivieron y las generaciones siguientes que escucharon el relato. Por eso el periodismo tiene una gran oportunidad al esclarecer esos hoyos negros que ha dejado la historia oficial y, además, al sospechar de las versiones contadas por quienes se consideran victoriosos de un episodio, así no porten su verdad.

Descubrimos que el periodismo investigativo es una alternativa real que se puede materializar en libros como ‘Oscuro abril’, que quizá no encontrarían un espacio en los medios tradicionales, pues podrían desdibujarse de la agenda mediática inmediata.

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