Ensayo: Mi episodio con Borges

Ensayo: Mi episodio con Borges

Septiembre 01, 2019 - 08:00 a.m. Por:
L. C. Bermeo Gamboa, especial para Gaceta 
Biblioteca Borges

Realidad y ficción se mezclan en este texto donde el autor cuenta la sorprendente historia detrás de un libro, el primero de Borges que llegó a sus manos y lo aficionó para siempre a la obra del escritor argentino. Ensayo.

Foto: Efe / El País

He decidido confesar un crimen, uno de muchos, y a los cargos que decidan imputarme añádase los plagios que haré a continuación.

Debo a la conjunción de una cárcel y una biblioteca mi descubrimiento de Borges. Tenía quince años cuando sucedió, ya antes había recibido de mi tía Blanca el obsequio de una enciclopedia de veintidós tomos alfabéticos más ocho dedicados a las ciencias y las artes. Ella y su familia habían decidido desprenderse de esa preciosa reliquia, ahora incómoda, ya que habían adquirido su primera computadora. Desde entonces la Lexis/22 Vox del Círculo de Lectores reposa en mis anaqueles. De hecho, sólo a los 18 años logré entender la rara nomenclatura de esta enciclopedia, según la cual el primer tomo lleva la sigla AAMEO y el último VEHZYR.

Así inició la historia de mi bibliofilia, pero esta no es la historia de mis vicios, sino la del triste pero afortunado destino de un libro.

Un hombre, al que llamaré Carl, y que no soy yo, es condenado por asesinar a un poeta con el que su esposa le era infiel. Los nombres y los hechos no importan, lo necesario para la anécdota es que el hombre estaba ya en la cárcel. La esposa que amaba al poeta, sólo ve a Carl durante el juicio y es para culparlo. Es obligado a pagar quince años de prisión por crimen amoris -la cifra es real y maliciosamente reiterativa- durante los cuáles recuerda las últimas frases que aquel día dijo su víctima: “La tarde se hunde en ayeres, los hombres compartimos un pasado ilusorio”.

Preso y obsesionado por descifrar los versos de un muerto, pregunta no sin ironía, si en esa cárcel hay libros. Le dicen que toda una biblioteca, no es raro que donde hay muchos hombres aprisionados, también hayan muchos libros, culpables e inocentes. Lee todo el tiempo, ha leído a Coelho, a Riso, a Cuauhtémoc Sánchez, todos le fueron recomendados por el psicólogo de la penitenciaría: “Le ayudarán con su problema”, decía el bienintencionado servidor.

Un día, por casualidad, leyó a Shakespeare y supo de un príncipe al que también lo acosaban sus fantasmas, se dijo a sí mismo lo que decía Hamlet: “Encerrado en una cáscara de nuez me tendría por rey del espacio infinito, si no fuera porque tengo malos sueños”. No sabía nada de literatura, pero le pareció que esa frase era superior a todo Coelho.
Carl hizo carrera y logró lo que un preso llama respeto, ahora le decían 'El Lector', para contribuir a esto también leía muchas cartas a sus compañeros analfabetas, así se hizo íntimo de muchos jefes de patios, que en agradecimiento le hacían llegar más libros. Él siguió explorando aquella biblioteca de libros cautivos y, como lo que más tienen los reclusos es tiempo libre, Carl emprendió lecturas maratónicas en las que devoró grandes obras que sus compañeros solo usaban como almohadas en las noches. De esta forma se encontró con Ana Karenina y Madame Bovary, historias que le hicieron recordar la traición de su esposa y más que eso, le dolió ver a esos patéticos personajes: los esposos. ¿Cómo podían existir estos seres indiferentes y egoístas? Ninguno de ellos merecían a esas mujeres, pensó y no pudo evitar llorar de la vergüenza.

Esta era su vida hasta que un día encontró un libro de un tal Jorge Luis Borges, lo abrió y en la página quince leyó:“La tarde se había ahondado en ayeres, los hombres comparten un pasado ilusorio”.

Sabía de memoria lo que había dicho su víctima, reconoció al verdadero autor de los versos, entonces le pareció descifrar lo que decían los versos y concluyó: “Si mi pasado es una mentira, yo disculpo al poeta por adúltero y él tendrá que perdonarme que lo haya matado”. No le contó esto al psicólogo. Al tiempo le dieron salida anticipada por buen comportamiento y labores pedagógicas.

En una visita que Carl hizo a su hermano dejó olvidado aquel libro, al poco tiempo murió. Su cuñada, mi tía, decidió regalármelo con su historia, me dijo: “olvidó devolverlo, pero eso no es un crimen”. Ese ejemplar de la 'Antología Personal' de Borges, aún lo conservo y como prueba de su historia está el sello, en algunas de sus páginas, donde dice “Cárcel del Distrito Judicial de Armenia (Quindío)”. Alguien me dijo que lo llevara devuelta a la cárcel, pero he decidio que ese crimen quede impune, igual que los otros libros que tengo con diferentes sellos de procedencia.

Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires (Argentina) el 24 de agosto de 1899 y murió en Ginebra (Suiza) el 14 de junio de 1986, ciudad donde fue sepultado. En Argentina se celebra el día del lector todos los 24 de agosto como un homenaje al autor de Ficciones y El Aleph. En 2019 se cumplieron 120 años de su nacimiento.
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