Los lazos literarios entre Colombia y México en el nuevo libro de Juan Camilo Rincón

Mayo 17, 2022 - 11:07 a. m. 2022-05-17 Por:
 Pablo Concha, especial para Gaceta
JUan Camilo Rincón

Juan Camilo Rincón es escritor, periodista e investigador cultural. Magíster en Estudios Literarios de la Universidad Nacional de Colombia. Algunos de sus libros son: 'Ser colombiano es un acto de fe. Historias de Borges y Colombia' (2014), 'Viaje al corazón de Cortázar' (2015), 'Nuestra memoria es para siempre' (digital, 2017) y 'Colombia y México: entre la sangre y la palabra' (2022).

Foto: Jimena Cortés

Muchos lectores en Colombia —y en el mundo— idolatran a Gabriel García Márquez. No les falta razón: ha sido el único Premio Nobel de Literatura de nuestro país, y es incierto si otro escritor algún día podrá lograr semejante reconocimiento (¿Tomás González, Evelio Rosero, Juan Gabriel Vásquez o Andrea Mejía, en un par de décadas?). Nadie lo sabe. Muchos de esos lectores desconocen que Gabo escribió su obra magna en México, y que vivió feliz y pleno en ese país; como no pudo serlo en su tierra. La mayoría no sabe, no recuerda o prefiere no pensar en eso: que Gabo tuvo que irse de Colombia, y que de haberse quedado quizá no habría podido escribir las grandes obras por las que es recordado y sigue siendo leído con entusiasmo a ocho años de su muerte. Esta situación no solo le sucedió al cataquero; a Álvaro Mutis le ocurrió algo similar. ¿Por qué México y no otro país? ¿Por qué ambos escritores terminaron y establecieron su hogar allí? Las respuestas a esto se encuentran en el libro ‘Colombia y México: entre la sangre y la palabra. Aproximaciones a la relación de dos regiones literarias’, del escritor y periodista cultural Juan Camilo Rincón, publicado por la editorial Palabra Libre (2022).

“El libro está cargado de gemas y curiosidades así. Y esta historia que mencionás entre Gabo y Mutis es muy simbólica, porque describe a la perfección la sinergia entre ambos países. Cuando acercamos la lupa (así como lo hace Juan Camilo) llegamos a la conclusión de que no hay modo de comprender la literatura colombiana sin estudiar a fondo la literatura mexicana, y viceversa. Sus vasos comunicantes son por momentos secretos, por momentos estruendosos, pero siempre omnipresentes e inevitables, y esa unión no ha hecho otra cosa más que potenciar y enriquecer a ambas culturas”, dice Pablo Di Marco, autor de ‘Las horas derramadas’ y ‘Tríptico del desamparo’.

“Existe una cercanía cultural a pesar de la distancia, que nos vincula fuertemente y se traduce en la forma de percibir el dolor, el corazón y al otro. Eso se traduce en las representaciones que se hacen en el arte, en la literatura, incluso en la comida y en el modo de vivir y llevar la vida. Es una unión amigable y a la vez de competencia que ha permitido que las artes de los dos países se retroalimenten y se desarrollen casi de manera complementaria. Es difícil imaginar relaciones tan profundas entre México y Paraguay, o entre Colombia y Bolivia. Pienso que mucho de eso se debe a que, principalmente en el siglo XX, México abrió sus puertas y sus brazos a quien quisiera llegar allá. Se recibió con generosidad a generaciones completas de artistas, escritores, científicos, quienes encontraron en ese país una tierra fértil para crear, alimentarse de la diversidad cultural y social mexicana, y crear importantes producciones gracias a sus intercambios con esas otras miradas que enriquecieron las propias perspectivas”, señala Rincón.

Colombia y México

'Colombia y México: entre la sangre y la palabra. Aproximaciones a la relación de dos regiones literarias’, de Juan Camilo Rincón, publicado por la editorial Palabra Libre (2022).

Foto: Especial para El País

El investigador cultural empezó a percatarse de esos vasos comunicantes que existían entre Colombia y México desde hace mucho tiempo, antes de considerar escribir un libro al respecto: “Mi primer contacto fue a través de la música: desde Agustín Lara hasta Café Tacuba, México llegó a mi casa y a mi infancia. Recuerdo a mi papá hablándome de cuando iba a cine en Arboledas, en el pueblo donde nació, para ver a María Félix y Pedro Infante. El vinilo que siempre soñé tener era uno de Aterciopelados, prensado por el sello discográfico mexicano Culebra. Luego supe que uno de los libros esenciales de la literatura colombiana, ‘Cien años de soledad’, fue escrito en México. Poco a poco fueron apareciendo otros autores de nuestro país que alimentaron la relación con ese país como Álvaro Mutis o Porfirio Barba Jacob, y entonces entendí que había mucho más, algunas historias escondidas o poco conocidas que valía la pena explorar o en las que se podía ahondar, y decidí recogerlas en un libro”, agrega.

Para culminar una obra de este calibre fue necesario un tiempo de investigación y escritura considerable, además de numerosas entrevistas realizadas para los medios culturales en los que Rincón colabora regularmente: “Me tomó alrededor de diez años desde que llegó la idea a mi cabeza. Fui explorando en libros, videos, cartas inéditas, dedicatorias en libros de colecciones privadas, y en los últimos seis años me dediqué puntualmente a la escritura del libro, tiempo en el que también exploré documentos públicos y privados en los dos países, como es el caso de los archivos de Germán Arciniegas, Carlos Monsiváis y Leo Matiz. Recorriendo bibliotecas y hemerotecas fui encontrando mucha información valiosa y exacta sobre fechas de visitas, encuentros, reseñas, colaboraciones, etc. A eso se suman cuatro años de entrevistas —alrededor de veinte— a escritores de Colombia y México, cuyas voces nutrieron el libro y ayudaron a darle una gran fuerza testimonial y periodística”, afirma el escritor.

‘Colombia y México: entre la sangre y la palabra’ puede considerarse un híbrido entre un libro de investigación y de ensayo, géneros poco comunes en nuestro país. El autor tuvo que tomar obras como guía e inspiración que se encuentran en comunión con su creación. “Este es ante todo un libro de investigación con gran fuerza periodística y la presencia de la crónica, que se alimentó de tres libros que fueron una guía fundamental para escribirlo y estructurarlo: ‘Ñamérica’ de Martín Caparrós, que me dio la idea de cómo pensar y mostrar los vasos comunicantes entre nuestros países; ‘Plano americano’ de Leila Guerriero, que me dio luces sobre cómo conducir las entrevistas-conversaciones con autores y autoras, y más recientemente, ‘El infinito en un junco’ de Irene Vallejo, que me ayudó a construir una voz basada en fuentes pero que también asumiera un ritmo con un tono más afectuoso y cercano. También están la influencia de Ángel Rama, Baldomero Sanín Cano, el mismo Arciniegas, y la forma de unir la narrativa con la investigación que Fernando Vallejo logró en ‘Barba Jacob, el mensajero’, entre muchos otros”, dice.

Esa relación tan estrecha entre Colombia y México en el campo literario y artístico, ¿qué nos demuestra? ¿Hay alguna enseñanza que se pueda sacar de ese hecho? “Las fronteras físicas nunca serán más poderosas que los lazos afectivos y culturales entre las sociedades, y la distancia deja de existir cuando reivindicamos estos espacios imaginarios y simbólicos, que son más fuertes y duraderos. Nuestro modo de vivir, de pensar y crear el arte y la literatura, de relacionarnos con el mundo, de luchar, de cantar, es un camino de puentes que se han tendido entre dos países que se sienten conectados en muchos aspectos. Al final, esa conversación nos lleva a entender cómo el diálogo y la relación con otros países construyó nuestra propia identidad y ha reivindicado la importancia de reconocer al otro, en nuestras similitudes y divergencias. Personajes como Julio Flórez, Jorge Isaacs (a quien el escritor mexicano Justo Sierra buscó ayudar para que fuera embajador en México), Lorenzo Marroquín, que desde la diplomacia colombiana promovió el intercambio bibliográfico, y los mexicanos Alfonso Reyes, Octavio Paz, Juan Rulfo, Agustín Yáñez y ese listado enorme de creadores que desde las dos orillas buscaron promover una conversación permanente que enriqueció a ambos países, y lo hace hasta el día de hoy”, dice Rincón.

Se espera que los gestos de amabilidad y hospitalidad sean recíprocos; sería lo justo, lo correcto. De igual forma, sabemos que Colombia tiende a ser un país cerrado y excluyente, poco amigable a no ser que existan intereses de por medio. ¿Podría darse la situación contraria a lo que sucedió con Gabo y Mutis: que un escritor mexicano venga escapando a Colombia y encuentre aquí un ambiente acogedor y fértil para crear una gran obra literaria? ¿Ha sucedido algo así?

“México fue de los pocos países latinoamericanos que abrió sus puertas a los grandes artistas. Aquí surgen nombres como los de esos españoles que huyeron de la Guerra civil, los latinoamericanos y, particularmente los colombianos que forjaron una vida allá: Porfirio Barba Jacob, Germán Pardo García, Emilia Ayarza de Herrera o Fernando Vallejo, fotógrafos como Leo Matiz o artistas como Rómulo Rozo y Rodrigo Arenas Betancourt. Aunque Colombia ha sido, en efecto, un país diferente en ese sentido, cabe recordar que en la primera mitad del siglo XX también abrió sus puertas a creadores extranjeros como los españoles de la generación del 27, al pintor alemán Guillermo Wiedemann, entre otros tantos, y a mexicanos como Carlos Pellicer, José Vasconcelos y Guillermo Owen. Este último recibió enorme apoyo de los artistas colombianos y su obra fue ampliamente difundida, a lo que él mismo respondió con el apoyo a artistas como Ignacio Gómez Jaramillo. A todos ellos se les trató, casi siempre, con afecto y respeto”.

En el libro se relatan los lazos de amistad y admiración entre escritores de ambos países, centrándose en las figuras de Gabo, Mutis, Elena Poniatowska y Carlos Fuentes, entre muchas otras. Estas anécdotas y testimonios son los que hacen del libro una pequeña joya y logran que el lector transite rápidamente por sus páginas.

¿Cómo es el panorama en 2022? Entre los escritores más jóvenes, digamos menores de 40 años, ¿hay algo que los una o hermane, así como sucedió con los grandes del boom?

“El mundo digital, el incremento de los espacios de difusión, la divulgación en entornos virtuales, las redes sociales, todos son factores que hoy permiten que las miradas sean más diversas y los diálogos más ricos en toda Latinoamérica, y entre la región y Europa, por ejemplo. Eso ha magnificado las relaciones y las hace tan fructíferas como décadas atrás, aunque hoy de otros modos y en otros medios. No solo la amistad sino, además, la sana competencia, han promovido conversaciones e intercambios muy interesantes, lo que se traduce en lazos que se transforman y se desarrollan incesantemente; esto nunca se detiene. El internet y las redes han acercado a los autores entre sí y con los mismos lectores, con el mercado editorial, con las librerías y las bibliotecas, con otros oficios y áreas del saber, y eso lleva a un nuevo nivel de encuentro que antes tal vez no era posible”.

Teniendo en cuenta todo esto, surge una pregunta inevitable: ¿Qué habría sido de nuestra literatura sin la influencia y la ayuda de México?

“Creo que no solo nuestra literatura; nuestras artes habrían sido distintas. Un ejemplo está en la poderosa influencia del muralismo mexicano, que fue una especie de guía para la pintura indigenista que se hizo en nuestro país. Por otra parte, la concepción de una literatura de corte universalista, noción que fue tomando fuerza en México, también nutrió la producción escrita de nuestros autores. Sin abandonar la fuerza y el valor de la raigambre local, escritores como García Márquez y Mutis construyeron personajes, escenarios e historias universales que apelan a sentimientos y condiciones humanas en cualquier escenario geográfico y afectivo”.

Después del largo y arduo proceso para dar forma y ver concluido este proyecto, ¿qué viene para Juan Camilo Rincón?

“Estoy escribiendo un libro titulado ‘Navegaciones y viajes fieros’ en el que narro, desde el periodismo cultural y la crónica investigativa, las visitas de numerosos viajeros (escritores, pintores, músicos) que visitaron nuestro país o de alguna manera se relacionaron con él y lograron establecer un vínculo entrañable con sus paisajes, su literatura, sus creadores y su producción cultural”.

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