Lea 12 poemas de amor, soledad y muerte de la poeta colombiana María Mercedes Carranza

Escuchar este artículo

Lea 12 poemas de amor, soledad y muerte de la poeta colombiana María Mercedes Carranza 

Junio 09, 2020 - 09:42 p. m. Por:
 María Mercedes Carranza, especial para Gaceta

Lumen reunió por primera vez toda la obra poética de María Marcedes Carranza en un solo tomo, que además incluye sus poemas inéditos.

Foto: Especial para Gaceta

Un 24 de mayo, hace 75 años, nació en Bogotá la poeta María Mercedes Carranza, protagonista imprescindible de la poesía moderna en Colombia. Para conmemorar su natalicio, Gaceta comparte una selección de sus mejores poemas extraídos del libro ‘Poesía completa’ (2018) publicado por el sello Lumen de Penguin Random House Grupo Editorial. A través de obra de la poeta colombiana, fallecida en 2003, abrimos una sección en nuestra revista para publicar a poetas colombianos modernos y contemporáneos.

Con usted y con todos los demás

…Otro cielo no esperes, ni otro infierno.
Jorge Luis Borges

Talvez o nunca, entre las paredes
de este cuarto la Pola Salavarrieta
tose, lagrimea, en resumen se asfixia.
Tanta muerte por la libertad
y el orden para terminar
en una Patria Boba, hecha entre chiste y
chanza y más que nada por usted,
ojos, oídos, nariz y garganta
detenidos en un aire de otro siglo,
cuando la tierra era plana. Por usted
que sueña, con los ojos muy abiertos,
en usted y solo en usted. Por usted,
hombre de mucha fe, que aún reconoce
entre tanta miseria y camina seguro
descubriendo el mundo cada día. Por usted
que ahora protesta porque Colombia está
contra la pared, pero la acorrala más
durmiendo entre tanto olor a Colombia,
esa loca que habla sola, se golpea
contra las tapias y cree que alguien
la puede curar. Y más que nada usted
a quien lo único que interesa ahora
es la cosecha de melocotones en Singapur.

Aquí entre nos

‘Poesía completa’ (2018) publicado por el sello Lumen de Penguin Random House Grupo Editorial. Disponible en megustaleer.com.co

Foto: Especial para Gaceta

Un día escribiré mis memorias, ¿quién
que se irrespete no lo hace? Y
allí estará todo. Estará el esmalte
de las uñas revuelto
con Pavese y Pavese con las agujas y
una que otra cuenta de mercado. Donde
debieran estar los pensamientos
sublimes pintaré
tus labios a punto de decirme
buenos días todos los días. Donde
haya que anotar lo más importante
recordaré un almuerzo
cualquiera llegando al corazón
de una alcachofa, hoja a hoja.
Y de resto,
llenaré las páginas que me falten
con esa memoria que me espera entre cirios,
muchas flores y descanse en paz.

Muestra las virtudes del amor verdadero y confiesa al amado los afectos varios de su corazón

Hoy pienso especialmente en ti
y veo que ese amor carece de desmayos,
de ojos aterciopelados
y demás gestos admirables.
Ese amor no se hace como la primavera
a punta de capullos
y gorjeos. Se hace cada día
con el cepillo de dientes por la mañana,
el pescado frito en la cocina
y los sudores por la noche.
Se vive poco a poco ese amor
entre tanto plato sucio, detrás del cotidiano
montón de ropa para planchar,
con gritos de niños y cuentas del mercado,
las cremas en la cara
y los bombillos que no funcionan.
Y otra cosa: cada tarde te quiero más.

Kavafiana

El deseo aparece de repente,
en cualquier parte, a propósito de nada.
En la cocina, caminando por la calle.
Basta una mirada, un ademán, un roce.
Pero dos cuerpos
tienen también su ocaso,
su rutina de amor y de sueños,
de gestos sabidos hasta el cansancio.
Se dispersan las risas, se deforman.
Hay cenizas en las bocas
y el íntimo desdén.
Dos cuerpos tienen
su muerte el uno frente al otro.
Basta el silencio.

Tengo miedo

Todo desaparece ante el miedo. El miedo, Cesonia; ese bello
sentimiento, sin aleación, puro y
desinteresado; uno de los pocos que
saca su nobleza del vientre.

Albert Camus, Calígula.

Miradme: en mí habita el miedo.
Tras estos ojos serenos, en este cuerpo que ama: el miedo.
El miedo al amanecer porque inevitable el sol saldrá
y he de verlo,
cuando atardece porque puede no salir mañana.
Vigilo los ruidos misteriosos de esta casa que se derrumba,
ya los fantasmas, las sombras me cercan y tengo miedo.
Procuro dormir con la luz encendida
y me hago como puedo a lanzas, corazas, ilusiones.
Pero basta quizás solo una mancha en el mantel
para que de nuevo se adueñe de mí el espanto.
Nada me calma ni sosiega:
ni esta palabra inútil, ni esta pasión de amor,
ni el espejo donde veo ya mi rostro muerto.
Oídme bien, lo digo a gritos: tengo miedo.

Érase una mujer a una virtud pegada

No tenía ganas de nada,
solo de vivir.

Juan Rulfo

Yace para siempre
pisoteada,
cubierta de vergüenza,
muerta
y en nada convertida,
mi última virtud.
Ahora soy una mujer
de vida alegre,
una perdida: cumplo
con todos mis deberes,
soy pozo
de bondades, respiro
santidad
por cada poro.
Interrumpo la luz,
le cierro
la boca al viento,
borro las montañas,
tacho el sol,
el cero me lo como
y enmudezco el qué.
Elimino la vida.

Sobran las palabras

Por traidoras decidí hoy,
martes 24 de junio,
asesinar algunas palabras.
Amistad queda condenada
a la hoguera, por hereje;
la horca conviene
a Amor por ilegible;
no estaría mal el garrote vil,
por apóstata, para Solidaridad;
la guillotina como el rayo,
debe fulminar a Fraternidad;
Libertad morirá
lentamente y con dolor;
la tortura es su destino;
Igualdad merece la horca
por ser prostituta
del peor burdel;
Esperanza ha muerto ya;
Fe padecerá la cámara de gas;
el suplicio de Tántalo, por inhumana,
se lo dejo a la palabra Dios.
Fusilaré sin piedad a Civilización
por su barbarie;
cicuta beberá Felicidad.
Queda la palabra Yo. Para esa,
por triste, por su atroz soledad,
decreto la peor de las penas:
vivirá conmigo hasta
el final.

Patas arriba con la vida

Sé que voy a morir
porque no amo ya nada.

Manuel Machado

Moriré mortal,
es decir habiendo pasado
por este mundo
sin romperlo ni mancharlo.
No inventé ningún vicio,
pero gocé de todas las virtudes:
arrendé mi alma
a la hipocresía: he traficado
con las palabras,
con los gestos, con el silencio;
cedí a la mentira:
he esperado la esperanza,
he amado el amor,
y hasta algún día pronuncié
la palabra Patria;
acepté el engaño:
he sido madre, ciudadana,
hija de familia, amiga,
compañera, amante.
Creí en la verdad:
dos y dos son cuatro,
María Mercedes debe nacer,
crecer, reproducirse y morir
y en esas estoy.
Soy un dechado del siglo XX.
Y cuando el miedo llega
me voy a ver televisión
para dialogar con mis mentiras.

Oración

No más amaneceres ni costumbres,
no más luz, no más oficios, no más instantes.
Solo tierra, tierra en los ojos,
entre la boca y los oídos;
tierra sobre los pechos aplastados;
tierra entre el vientre seco;
tierra apretada a la espalda;
a lo largo de las piernas entreabiertas, tierra;
tierra entre las manos ahí dejadas.
Tierra y olvido.

De ‘El canto de las moscas’ 

Necoclí
Quizás
el próximo instante
de noche tarde o mañana
en Necoclí
se oirá nada más
el canto de las moscas.

Tierralta
Esto es la boca que hubo,
esto los besos.
Ahora solo tierra: tierra
entre la boca quieta.

Soacha
Un pájaro
negro husmea
las sobras de
la vida.
Puede ser Dios
o el asesino:
da lo mismo ya.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS