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'La promesa del ciclista', el nuevo libro infantil del escritor antioqueño Albeiro Echavarría

Abril 14, 2021 - 12:37 p. m. 2021-04-14 Por:
 Redacción de Gaceta
libros Albeiro Echavaría

Albeiro Echavarría ha publicado 30 libros infantiles y juveniles, ha sido cuatro veces finalista del Premio Barco de Vapor y sus libros son recomendados por la IBBY de México y por Fundalectura.

Foto: Especial para Gaceta

Albeiro Echavarría Acevedo nunca tuvo una bicicleta y nunca aprendió a montarla, sin embargo es un gran fanático de las carreras de ciclismo y sigue con devoción a las grandes figuras de este deporte en Colombia, las mismas que inspiraron su nueva novela ‘La promesa del ciclista’. Eso sí, se prometió, y lo está cumpliendo, que sus hijos sí aprenderían a montar ‘bici’.

Sobre su libro número 30 hablamos con el escritor y periodista antioqueño, exdirector del noticiero de televisión Noti5 en Cali, cuatro veces finalista del Premio Barco de Vapor y con libros altamente recomendados por la IBBY de México y por Fundalectura.

libro La promesa del ciclista

La promesa del ciclista, de Albeiro Echavarría.

Foto: Especial para Gaceta

Albeiro Echavarría

Albeiro Echavarría, escritor y periodista antioqueño, es exdirector del noticiero de televisión Noti5 en Cali

Foto: Especial para Gaceta

—¿Por qué la temática del ciclismo en una novela juvenil?

Este libro empezó a gestarse desde cuando era un adolescente y vivía en Yarumal, Antioquia, y escuchaba en la radio las transmisiones de Julio Arrastía Bricca y Héctor Urrego Caballero narrando los triunfos de los ciclistas colombianos en Europa. Me empecé a aficionar por el ciclismo de una manera muy especial, porque empecé a compararlo con la vida misma. Me parecía que los ciclistas eran personas muy sacrificadas, que se proponían unas metas, a veces las cumplían, otras no. Y Pensaba que mi vida era muy parecida, yo no tenía papá, nunca tuve una bicicleta, envidiaba la que tenía un primo mío, pero tenía mis metas y propósitos y me parecía que el ciclismo no se trataba solamente de un esfuerzo individual, sino también colectivo y eso me parecía muy bonito. Con el tiempo seguí siendo aficionado al ciclismo, nunca aprendí a montar bicicleta ni tuve una, pero curiosamente, me volví un experto en ciclismo, podía comentar las carreras, como los aficionados al fútbol lo hacen con los partidos.

—¿Salvatore, el protagonista, a quien sitúa en la historia en el municipio de Coconuco, Cauca, es alguien que conoció o es la representación de muchos ciclistas?

Este personaje surge de analizar lo que ha sido la vida de muchos ciclistas colombianos, muchachos campesinos casi todos, que han luchado mucho para salir adelante, en medio de muchas dificultades, de muchas horas de entrenamiento, de muchas madrugadas, de condiciones climáticas adversas, entrenando a diario en las montañas colombianas y logrando triunfos que todos conocemos. Así surgió Salvatore, un joven que llega de casualidad al Cauca, a Coconuco, una región muy hermosa, que conozco porque mi esposa es del Cauca y he tenido la oportunidad de visitar esas montañas tan bellas que me recuerdan las de Antioquia. Esos paisajes los quería tener en una novela muy especial. Por eso creo que esta novela tiene tanto corazón, porque acumula un montón de sentimientos, experiencias y vivencias gratas para mí. El ciclismo ha sido para mí muy importante, no solo como deporte aficionado, sino como inspiración. Salvatore es un ejemplo de lucha, perseverancia y trabajo y en esta historia encuentra a una persona inesperada que lo ayuda.

—¿En su oficio como periodista, tuvo alguna relación con el ciclismo?

Como periodista nunca cubrí deportes y cuando fui director de noticiero no tenía ese campo como mi especialidad, sin embargo siempre le di mucha preponderancia al ciclismo en el espacio de los noticieros en los que trabajé. Y me sirvió para seguir investigando, escuchando y conociendo, especialmente en las voces de los periodistas radiales, que son los que nos han enseñado más de ciclismo, ellos nos han puesto en la carretera, en cada minuto de los premios de montaña, de las metas volantes y de la llegada, y hemos disfrutado y sufrido a su lado lo que pasa con nuestros ciclistas en el mundo. Así me he alimentado para escribir esta novela que la tenía guardadita y quería dedicarle un buen tiempo. Yo he llorado, he sufrido, escuchando a los locutores en las transmisiones de la Vuelta a Colombia, del Tour de Francia, del Giro de Italia, de la Vuelta a España, son los eventos que nunca me pierdo cada año.

—¿En su infancia, cómo fue su relación con la bicicleta?

Es cierto que existe una relación muy bella entre el ciclismo y la niñez, pero yo nunca aprendí a montar en bicicleta porque no la tuve y era un poco miedoso también. Sin embargo, me parecía muy emocionante ver a mis amigos o a mis primos montando en bicicleta. Ya adulto, de las primeras cosas que me propuse con mi esposa, es que mis hijos tuvieran bicicleta y aprendieran a montarla. Es un medio de transporte limpio, sano, que da una mayor posibilidad de hacer deporte a diario, sin contaminar, y últimamente ha tomado mucha fuerza, hay un resurgimiento del amor por esta y una mayor conciencia de la necesidad de crear rutas y espacios en las ciudades para que los ciclistas puedan movilizarse, porque nuestro futuro tiene que ser más limpio, no podemos seguir contaminando de la manera como lo estamos haciendo, si queremos que este mundo tenga más posibilidades. El ciclismo es la mejor alternativa de deporte y recreación.

—¿Cuándo decidió dejar de posponer la escritura de esta novela?

Cuando tomo la decisión de escribir una novela como esta es porque se ha vuelto una idea obsesiva, y tengo la necesidad de sentarme a escribirla porque siento que es el momento, que tengo los elementos suficientes para hacerlo y el entusiasmo que quiero transmitirle a mis lectores a través de una buena historia.

—¿Se mezclan en la historia personajes reales y ficticios?

Sí. Esta no es la historia de un joven solamente, sino de su entrenadora, se mezcla con personajes de la vida real, pero también con situaciones ficticias y están los grandes personajes del ciclismo mundial. Salvatore aspira llegar a esos lugares a los que ellos llegaron. Cuando escribí esta historia pensaba en esos jóvenes que tienen muchas dificultades para salir adelante, pero que se van trazando metas. Una carrera de ciclismo tiene diversos premios, el de montaña, las metas volantes y está dividida en etapas, así como la larga carrera de la vida. Los niños, los jóvenes y los adultos estamos siempre enfrascados en superar cada vez más etapas, algunas veces perdemos, otras ganamos; unas veces sufrimos, otras lloramos y a veces nos golpeamos duro y nos volvemos a levantar. Recuerdo cuando Lucho Herrera llegó, ensangrentado, a la meta, muchos ciclistas después de caídas tremendas se levantan y luchando contra el tiempo, llegan o incluso, ganan una etapa.

—¿Qué le enseñó Salvatore?

Salvatore es un niño que ha tenido una vida muy difícil y ha tenido una historia con un amigo que lo lleva a meterse de lleno al ciclismo, él pensaba que su amigo era mejor que él, pero a raíz de una promesa que hace destina el resto de sus días a mejorar y a hacerse un ciclista profesional. Es el amigo ideal, capaz de sacrificar su vida por cumplir una promesa. Uno aprende mucho de Salvatore de ese aprecio que tiene hacia las cosas sencillas de la vida, la naturaleza, la amistad. Viéndolo uno en carretera y con la entrenadora, se da uno cuenta de esa fuerza que lo mantiene vivo, de esa vitalidad con la que lucha día a día para superarse. Es un joven que no se va a vencer. Incluso a mí, a medida que iba escribiendo, Salvatore me daba más valor para seguir adelante, sentía que me daba el impulso que yo necesitaba para culminar la novela.

—¿Qué valores cree que aprende un chico leyendo esta obra?

Este libro le puede caer de maneras muy diversas a los lectores y cada uno va a extraer de su lectura lo que más le convenga o lo mueva. Viendo actuar a Salvatore, uno se siente muy motivado, a veces la vida nos da golpes muy duros y uno no encuentra la manera de levantarse y seguir adelante; este libro puede servir de inspiración para esos momentos difíciles, en los que queremos tirar la toalla. Salvatore nos da un ejemplo de mucha energía, de emprendimiento, coraje y deseo de cumplir un objetivo, a veces al precio que sea, porque cuando uno es terco a veces ni mide las consecuencias de sus actos y eso puede no ser tan bueno. Uno como escritor busca que el lector se goce ese texto y quiera indagar sobre esos temas. De pronto después de leer este libro, muchos niños quieran ser ciclistas o escritores, lo importante es cómo florece ese texto dentro del espíritu de cada lector.

—¿Por qué decidió escribir literatura infantil y juvenil?

Con ‘La Promesa del Ciclista’ llego a mi libro número 30. Desde hace 17 años me dediqué a la literatura infantil y juvenil; yo había pensado escribir para adultos, pero cuando mi hija nació y empecé a escribir para ella, descubrí que tengo una sensibilidad especial, que no soy adusto, como pensaba.

— ¿Qué es lo más encantador y aterrador de escribir para chicos?

Siempre he pensado que escribir para los niños y los jóvenes es lo más difícil que hay, porque no es nada fácil atraparlos en un libro, eso es lo aterrador, cuando yo era niño era muy selectivo a la hora de leer y libro que no me gustaba lo iba dejando. Pero una de las experiencias más bonitas que he tenido como escritor es que mis lectores me digan que no les gustaba leer y después de leer un libro mío ya son lectores, han indagado, buscado y no paran de leer, o que dicen que un libro mío les ha cambiado la vida, porque llegó en un momento difícil y los levantó de una situación compleja, eso es muy conmovedor y lo llena a uno de gran satisfacción. Escribir para niños (as) y jóvenes es un acto de mucha seriedad, algunas personas desprecian la literatura infantil y juvenil y no saben lo que dicen y de lo que se pierden, porque creo que es la literatura más importante, la que se queda para toda la vida. Yo recuerdo mis libros de Emilio Salgari, de Walter Scott, de Alejandro Dumas, como si los hubiera leído ayer y fueron importantísimos para el resto de mis días.

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