La belleza del marido, una selección de seis poemas de Anne Carson

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La belleza del marido, una selección de seis poemas de Anne Carson

Julio 07, 2020 - 06:58 p. m. Por:
 Redacción Gaceta

Anne Carson (1950), es una poeta canadiense en lengua inglesa, ensayista, traductora y profesora de literatura clásica y comparada en la Universidad de Míchigan.​ Está considerada por la crítica literaria como la poeta viva más importante de las letras anglosajonas.

Foto: Jeff Brown / Especial para Gaceta

La poeta canadiense Anne Carson, una de las autoras más transgresoras de la lírica contemporánea, fue galardonada con el Premio de Literatura Princesa de Asturias 2020. Compartimos con los lectores de Gaceta una selección de 6 poemas de su libro más reciente ‘La belleza del marido, un ensayo ficticio en 29 tangos’ publicado por el sello Lumen de Penguin Random House Grupo Editorial.

Dedicatoria

'La belleza del marido, un ensayo ficticio en 29 tango'. Edición bilingüe con la traducción al español de Andreu Jaume.

Foto: Especial para Gaceta

Una herida despide su propia luz
dicen los cirujanos.
Si todas las lámparas de la casa se apagaran
podrías vendar esta herida
con el resplandor que de ella surge.
Ofrezco gentil lector tan solo una analogía.

Una demora.

«Utilizar demora en lugar de cuadro o pintura...
una demora en vidrio
como si dijeras un poema en prosa o una escupidera de plata.»
Eso dijo Duchamp
de La novia desnudada por sus solteros
que se rompió en ocho pedazos cuando viajaba del museo de Brooklyn
hacia Connecticut (1912).

¿Qué es lo que se demora?
El matrimonio, diría.
Ese espacio oscilante, como lo llamaba mi marido.
Mira cómo resplandece
la palabra.

Aquí está mi propaganda una una una aunándonos en tu frente como gotitas de pecado luminoso

Como tantas esposas propulsé el marido hasta la divinidad y ahí lo sostuve.
¿Qué es la fuerza?
La oposición de familia y amigos no hace más que endurecerla.
Recuerdo el primer encuentro de mi madre con él.
Mirando

un libro que yo había traído del colegio a casa con su nombre escrito en la guarda
dijo
no me fiaría de nadie que se llamara a sí mismo X —y
algo se mostró en su voz,
una Babel

arrojada entre nosotras en ese instante que nunca
aprenderíamos a interpretar
—gusto a hierro.
Profético. Todas sus profecías se cumplieron aunque ella no pretendía que así fuera.

Bueno es su nombre dije y aparté el libro. Esa fue la primera noche
(yo tenía quince años)
en que levanté con chirrido lento la ventana de mi cuarto y me escapé a verle
en el barranco, hasta el alba caminando bajo los elementos empapados
y las declaraciones

del lenguaje que está «solo y primero en la mente». Me quedé atontada
ante ello,
contemplé sus oros viejos y los lieblicher azules desertando
como pavos reales saliendo de jaulas a una cocina vacía de Dios.
Dios

o algún bendito personaje real. Napoleón. Hirohito. Ya sabes
cómo el novelista Oe
describe el día en que Hirohito salió en antena y habló
como un mortal. «Los mayores se sentaron alrededor de la radio
y lloraron

los niños se agruparon en la calle sucia y susurraron desconcertados.
Atónitos
y decepcionados porque su emperador había hablado con una voz.
Se miraron unos a otros en silencio. ¿Cómo creer que Dios se había
vuelto humano

en un determinado día de verano?» Menos de un año después de nuestro matrimonio
mi marido
empezó a recibir llamadas de [una mujer] tarde en la noche.
Si yo contestaba [ella]
colgaba. Afónicos mis oídos.

Cómo estás.
...
No.
...
Quizá. Ocho. Puedes.
...
El blanco ah sí.
...
Sí.

Qué hay de más eufórico incognoscible despiadado alegre que los muros
de la carne
de la voz de la traición y sin embargo todo el rato acunados en una charla más plúmbea
que el tictac de un reloj.
Un cachorro

aprende a escuchar de esta manera. Picar en la plata.
Dice Oe
que a muchos niños les dijeron y algunos se lo creyeron que cuando terminara la guerra
el emperador les limpiaría las lágrimas
con su propia mano.

Pero para honrar la verdad que es suavemente divina y vive entre los dioses debemos (con Platón) danzar en la mentira que vive ahí abajo entre la masa de hombres trágicos y brutos

Todo mito es un patrón ornamental,
una proposición de dos caras
que permite al usuario decir una cosa y significar otra, llevar una doble vida.
De ahí la noción primitiva en el pensamiento clásico de que todos los poetas mienten.
Y de las verdaderas mentiras de la poesía
se filtró una pregunta.
¿Qué une realmente a las palabras con las cosas?

No mucho, decidió mi marido
y procedió a usar el lenguaje
del modo en que según Homero suelen los dioses.
Los dioses conocen todas las palabras humanas pero tienen para ellos significados completamente diferentes
paralelos a los nuestros.
Le dan al interruptor cuando quieren.

Mi marido mentía en todo.
Dinero, reuniones, amantes,
dónde habían nacido sus padres,
la tienda donde se compraba las camisas, la grafía de su propio nombre.
Mentía cuando no hacía ninguna falta.
Mentía cuando ni siquiera le convenía.
Mentía cuando sabía que sabían que mentía.

Mentía cuando con ello les rompía el corazón.

Mi corazón. El corazón de otra. A menudo me pregunto cómo acabó ella.
La primera.

Hay algo afilado y ardiente en la primera infidelidad de un matrimonio.

Taxis arriba y abajo.

Lágrimas.

Grietas en la pared que recibe golpes.

Luces encendidas tarde en la noche.

No puedo vivir sin ella.

Ella, esa palabra que explota.

Luces aún encendidas al amanecer.

Pero qué palabra era

Una palabra que de repente
apareció en todas las paredes de mi vida inscrita simpliciter sin explicación.
Cuál es el poder de lo inexplicado.
Ahí estaba él un día (nueva ciudad) en un campo de heno frente a mi instituto de pie
bajo un paraguas negro
y un viento molesto y brusco.
Nunca pregunté

cómo había llegado allí una distancia de quizá 300 millas.
Preguntar

infringiría alguna regla.
¿Has leído el «Himno homérico a Deméter»?
Recuerda cómo Hades sale cabalgando de la luz diurna
a lomos de sus caballos inmortales envuelto en caos.
Se lleva a la chica abajo a una fría estancia subterránea
mientras su madre pulula por el mundo y ataca a todo ser vivo.
Homero lo presenta
como la historia de un delito contra la madre.
Pues el delito de una hija es aceptar las leyes de Hades
que ella sabe que nunca podrá explicar
y por ello tan campante le dice
a Deméter:
«Madre esta es la verdad de la historia.
A hurtadillas me puso
en la mano una semilla de granada dulce como la miel.

Luego a la fuerza y contra mi voluntad me obligó a comer.
Te digo la verdad aunque me duela». ¿La obligó a comer cómo? Conozco a un hombre
que establecía reglas
contra la exhibición del dolor,
contra preguntar por qué, contra querer saber cuándo le volvería a ver.

De mi madre
emanaba una fragancia, un miedo.
Y de mí
(lo supe por su cara en la mesa)
olor de semilla dulce.
¿Las rosas en tu habitación te las envió esas?

Sí.
¿Con motivo de qué?
No hay motivo.
Qué pasa con el color.
Color.
Diez blancas una roja qué significa eso.
Imagino que se les acabaron las blancas.

La meta de cualquier madre es abolir la seducción.
La reemplazará con lo que es real: productos.
La victoria de Deméter
contra Hades
no consiste en el regreso de su hija desde ahí abajo
sino en el mundo en flor:
calabazas tentaciones corderos retama sexo leche dinero.
Todo eso mata la muerte.

Todavía tengo esa rosa roja polvo seco ya.
No quería decir himen como ella imaginaba.

Danza del sobre de la Western Union cómo el corazón salta más ávido que cualquier planta o bestia

«La parte del diablo» es la porción de los bienes de uno que no puede utilizarse provechosamente
y por ello se sacrifica.
Pero qué pasa si el diablo no es tan tonto.
Si un demonio mucho después del sacrificio
empieza a ir y venir en la frontera,
un pliegue en la luz diurna.
La desaparición era para él un juego,
mi madre
no se sorprendió

cuando él no se presentó en la boda
fue muy cuidadosa con mis sentimientos, con el cuidado
de una punta.
La tarta de boda (guardada en la despensa) me la comí
trozo a trozo
entera
en los meses siguientes, sentada
en el salón tarde en la noche con las luces encendidas, masticando.
Su telegrama (el día después) decía
Pero por favor no llores
Eso es todo.
Cinco palabras por un dólar.

Impura como soy así también lo son mis conclusiones que en la puerta te presienten y dudan

Para expulsarlas de su vida la esposa intenta hacer una lista de palabras que nunca acertó a decir.
Cómo has estado.
Qué casualidad encontrarte aquí.
Había perdido toda esperanza me desesperé por qué has tardado tanto.
¡Monstruo desalmado! Si nunca hubiera
visto o conocido esa
amabilidad tuya qué
hubiera sido
de mí.
Pero las palabras

son un extraño y dócil trigo verdad, se encorvan
hacia el suelo.
El hecho es que

nadie preguntaba nada. Bien Ray hubiera preguntado.
Así que por Ray acabemos con esto.
No porque, como Perséfone, necesitara enfriarme la mejilla con la muerte.
No, como Keats, para comprar tiempo.

No, como en el tango, por pura travesura.
Pero ah qué dulce parecía.

Decir belleza es verdad y ya.
Más que comérsela.
Más que querer comérsela. Ese era mi pensamiento puro más temprano.
No tuve en cuenta una cosa.
Que lo bello cuando lo encontrara resultaría ser
previo; en el interior de mi alma,
ya comido.
No ahí fuera con finalidad, con templos, con Dios.
Interior. Él ya era yo.

La condición de mí.
Como si Kutúzov se hubiera sorprendido cargando en la batalla de Borodino
hacia...

no el emperador Napoleón sino hacia cierto viejo rey Midas
cuyas armas
trocaran a la mitad del ejército ruso en severos chicos de oro.

Palabras, trigo, condiciones, oro, más de treinta años todo eso burbujeando a mi alrededor...
ahí
lo dejo para que descanse.
Sonríes. Creo
que vas a mencionar de nuevo
esos manuscritos iluminados de la Edad Media donde el escriba
ha cometido un error al copiar
de manera que el iluminador destaca el error
con un círculo de rosas y llamas

que un diablillo travieso está intentando apartar del margen de la página.
Después de todo el corazón no es una piedra pequeña
que pueda rodar de esta manera y aquella.
La mente no es una caja
que pueda cerrarse rápido.
¡Y aun así lo es!
¡Lo es!

Bien la vida implica riesgos. El amor es uno de ellos. Terribles riesgos.
Ray hubiera dicho
el destino es mi cebo y el cebo mi destino. En una tarde de junio.
Aquí tenéis mi consejo,
aguantad.

Aguantad la belleza.

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