CINE
El reconocimiento de la identidad, un acercamiento al yo desde 'La chica danesa'
Una película sobre la transformación de un hombre, un artista sensible, en una mujer que reprimió por años y solo el arte supo aflorar con delicada belleza. Una obra maestra del cine reciente, disponible ahora en Netflix.
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17 de oct de 2021, 04:00 a. m.
Actualizado el 18 de may de 2023, 11:05 a. m.
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Una de las aspiraciones básicas de cualquier pieza artística es la conmoción: ser capaz de llevar al espectador a reflexiones que le permitan descubrir motivos que antes había pasado por alto o no había reconocido del mundo que le rodea. Recibir una especie de golpe directo a la razón —o el corazón— capaz de ubicarlo en situaciones que de otra manera, —sin la guía del arte— no podría entender, este es el caso de ‘La chica danesa (Tom Hooper, 2016), un drama que nos acerca a un hecho de la vida real del artista danés Einar Wegener (interpretado por Eddie Redmayne), una figura histórica en el movimiento trans, —sobre todo si se tiene en cuenta que la vida del artista tuvo lugar a principios del siglo veinte— y el viaje accidentado que supone transitar de un género a otro en su época.
La película dirigida por Tom Hooper (‘El discurso del rey’, ‘Los miserables’) tiene un libreto firmado por Lucinda Coxon, adaptado de la novela homónima del escritor norteamericano David Ebershoff. La historia nos ubica en el ambiente del matrimonio entre el paisajista Einar Wegener y la retratista Gerda Wegener (interpretada por Alicia Vikander). Gerda acostumbra retratar a su esposo y es una ventana por la que vemos la transformación progresiva de Einar Wegener en Lili Elbe.
La carrera de Einar va en ascenso, entre tanto Gerda aún no logra encontrar un tema artístico que la destaque, en esta película no acudimos a la decadencia o carencias que vemos en otras historias que abordan temáticas trans, Hooper nos ubica en la vida de dos personas capaces de emplear el arte como un catalizador que ayuda a asumir cambios profundos y ser capaces de reconocernos abiertamente sin ningún tipo de temor. La interpretación de Redmayne es conmovedora, desde el principio podemos notar la delicadeza del personaje y su observación meticulosa de las rutinas que Gerda realiza frente al espejo o a la hora de ir a la cama. Esto que puede asumirse como una actitud de un hombre sensible es en realidad la curiosidad de una mujer que se encuentra en un cuerpo masculino y que procurará fugarse de la vida de Einar para dar lugar a Lili Elbe.
Durante la última década hemos visto como la lucha igualitaria en temas de género ha capturado la atención de las autoridades y las legislaciones son cada vez más liberales a la hora de encarar estos temas, sin embargo, nos viene bien mirar un poco al pasado para descubrir que estas luchas —que para muchos todavía son disparates— no son nuevas, son una búsqueda tan vieja como la historia de la humanidad.
El reparto de la película lo completan Matthias Schoenaerts (Hans Axgil), Ben Whisaw
(Henrik Sandal), Amber Heard (Ulla Paulson) y Sebastian Koch (Kurt Warnekros). Hans es un amigo de infancia de Einar con el que pasaban horas en el fiordo que pinta de forma obsesiva durante la historia. Hans representa no solo una referencia a la infancia perdida, es también un símbolo del amor inalcanzable de Lili Elbe mientras se encuentre presa en la vida que se impuso siendo Einar Wegener.
Ulla es una bailarina de ballet amiga del matrimonio, una figura determinante, pues está modelando para una pintura de Gerda y falta a una sesión para la que Gerda pide a Einar que use medias veladas y zapatillas de ballet, y mientras sostiene el vestido de bailarina Lili Elbe empieza a cobrar fuerza, el personaje se hace cada vez más femenino y esto da lugar a un jugueteo sobre el vestido “no tendrás que usarlo”, afirma Gerda, “tal vez lo disfrute”, dice Einar.
Después de esto, Ulla llega y encuentra a Einar posando con sus cosas y lo nombra como
Lili, otorgando nombre a la mujer que siempre estuvo habitando en silencio el rostro de un hombre. Se da inicio al giro dramático que intensifica la historia.
La música de la película está a cargo de Alexandre Desplat (‘El gran Hotel Budapest’, ‘La forma del agua’) y el trabajo de fotografía a cargo de Danny Cohen ambos trabajos son impecables y dotan la película de una belleza adicional que nos va guiando a medida que la soledad de Gerda se incrementa mientras Einar realiza su transición de hombre a mujer.
El discurso de Aristófanes en el Banquete es un monumento a Eros, en él narra que en principio los humanos éramos criaturas andróginas en las que cohabitaban la fuerza femenina y masculina, dotando de una fuerza enorme a estos seres que quisieron desafiar a los Dioses, tentando la ira de Zeus, quien nos separó condenando la humanidad a la búsqueda incansable del complemento del otro. No en vano Camus afirmaba que el acto supremo de rebeldía es ser feliz, esa pulsión erótica que nos ayuda a ubicarnos en el mundo sin temor.
La película se encuentra disponible en el catálogo de Netflix y vale la pena verla no por las altas dosis de belleza en su realización o la lucha que encarna, es porque de vez en cuando nos viene bien recordar que algunos temas que no deberían escandalizar a una persona adulta estructurada, siguen siendo —en muchas ocasiones— un dilema que nos altera.

Periodista y escritor, entre sus publicaciones destaca el volumen de ensayos ‘Libro de las digresiones’. Reportero con experiencia en temas de cultura, ciencia y salud. Segundo lugar en los Premios Jorge Isaacs 2022, categoría de Ensayo.
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