Cultura
Colores, memoria y tambores: así vibró Cartagena en su Bando de Independencia
Miles de personas se volcaron a las calles para vivir el Bando de Independencia, un desfile que reunió comparsas, reinas populares y colectivos culturales en la celebración de los 214 años de libertad.
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14 de nov de 2025, 03:31 a. m.
Actualizado el 14 de nov de 2025, 03:31 a. m.
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Cartagena volvió a sentir en sus calles el espíritu libertario de las Fiestas de Independencia. Desde temprano, la avenida Santander —custodiada por el mar Caribe a un lado y el Centro Histórico al otro— se convirtió en un corredor de fiesta donde el Desfile de Bando tomó vida.
Más de 50.000 personas se congregaron este jueves 13 de noviembre para vivir el Gran Desfile del Bando 2025, una explosión de música, color y tradición que volvió a confirmar por qué esta celebración es una de las más vibrantes del Caribe colombiano.

Las calles, rebosantes de gente, se convirtieron en una galería viva: familias completas, turistas curiosos y gente local, todos empeñados en encontrar el mejor ángulo para no perderse ningún detalle. Los balcones de hoteles y restaurantes hicieron las veces de palcos improvisados. Otros prefirieron apostarse sobre las murallas para seguir, desde lo alto, el paso de las carrozas y comparsas que avanzaban al ritmo de tambores y gaitas.
El evento —organizado por la Alcaldía Mayor de Cartagena a través del IPCC, la Gerencia de Fiestas y Corpoturismo— tuvo como centro a los verdaderos custodios de la memoria local: los artistas, los portadores de tradición y las comunidades que desde hace décadas sostienen con su trabajo la esencia novembrina.
Sobre la avenida avanzaron más de 10.000 participantes, entre comparsas históricas, grupos de baile, portadores de tradición, candidatas del Reinado Popular de Independencia, aspirantes al Concurso Nacional de Belleza (CNB) y gestores culturales.

En total, 3.436 artistas hicieron parte de la convocatoria La Fiesta que nos Une, y 5.271 integrantes se sumaron desde Únete a la Fiesta, una movilización creativa que se reflejó en cada tramo del desfile. Las 39 candidatas del Reinado Popular y las 26 aspirantes al CNB también caminaron al ritmo de la celebración.
“Estamos enviando un mensaje claro al país: aquí valoramos nuestro patrimonio y creemos en el talento local. Queremos que Colombia vea a Cartagena no solo por su belleza arquitectónica, sino por la fuerza de sus tradiciones y la calidad artística de su gente”, afirmó el alcalde Dumek Turbay.
A lo largo de los cuatro kilómetros de recorrido se sintieron los sones del bullerengue, las danzas de laboreo, pilanderas y gaitas que pusieron a gozar a propios y visitantes.

Tradiciones emblemáticas como la Danza de los Gallinazos, el Baile Negro, la Danza del Capuchón y las expresiones palenqueras marcaron el pulso del desfile. Mientras que las nuevas generaciones encontraron su espacio con fusiones urbanas y contemporáneas que demostraron que la fiesta evoluciona sin desprenderse de su raíz.
“Cada comparsa, cada danza y cada sonrisa reflejaron el amor por nuestras raíces. Cartagena brilló con todo su esplendor”, aseguró Lucy Espinosa Díaz, directora del IPCC.

Así se crearon las carrozas
Detrás de las carrozas y macrofiguras que transformaron el Centro Histórico y la avenida Santander hay un proceso artístico y formativo. La maestra Maritza Zúñiga, artista plástica y asesora del proyecto Plástica Novembrina, lideró un trabajo en tres fases que integró saberes históricos, técnicas de escultura y oficios tradicionales.
“Todo comenzó con un laboratorio de creación”, explica Zúñiga. En esa primera etapa, artistas plásticos locales se reunieron con historiadores y gestores culturales conocedores de las Fiestas. De esos diálogos surgieron los diseños que servirían como matriz conceptual y estética para las macrofiguras. “Fue un momento académico y creativo clave: ahí se sembró la semilla de lo que hoy vemos en gran formato”.
La segunda fase, denominada Carrozas al Taller, permitió llevar esos diseños al terreno técnico. Con la guía de un artista invitado y la coordinación de Zúñiga, los equipos recuperaron técnicas tradicionales de escultura festiva y profundizaron en la iconografía propia del 11 de noviembre. “Ahí liberamos el proceso”, dice la maestra. “Nuestros artistas comenzaron a construir, experimentar y, sobre todo, a apropiarse nuevamente de los símbolos de la fiesta”.

La última etapa fue la más amplia: la construcción colaborativa. En ella se integraron escultores, diseñadores, artesanos del papel, herreros, carpinteros y otros oficios, para un total de más de 250 personas involucradas. “Esto generó una economía local que antes no existía. Muchos artistas no se sentían parte de las fiestas, hoy la historia es otra. Volvieron artistas que se habían ido, se sumaron jóvenes, personas con discapacidad y maestros con décadas de experiencia. Se recuperó el sentido de pertenencia”, asegura Zúñiga.

Comunicadora social y periodista de la Universidad Autónoma de Occidente, con experiencia en medios digitales y en radio. En El País se desempeña como periodista multifuente desde el año 2022.
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