El cine según Dago García: sus éxitos, derrotas y el Goya para Colombia

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El cine según Dago García: sus éxitos, derrotas y el Goya para Colombia

Marzo 14, 2021 - 07:55 a. m. Por:
Susana Serrano | Periodista de El País
Dago García

Dago García, cineasta, libretista y productor.

Foto: Archivo Colprensa

Darío Armando García Granados tomó el apodo de Dago desde el colegio. Ese fue el seudónimo que creó (con las iniciales de sus nombres y su primer apellido), para firmar sus notas del periódico del colegio, en los años en que aún soñaba con ser periodista deportivo, por su profundo amor al fútbol.

Con esa meta en mente, entró a estudiar comunicación social en el Externado, pero en los primeros semestres el profesor Gilberto Bello le hizo perder el rumbo, al hablarle del cine como una posibilidad de expresión. “Hasta ese momento el cine para mí había sido solo entretenimiento y esto fue toda una revelación”, dice.

Aunque Dago todavía se declara un “obsesivo consumidor de fútbol por TV”, llegando a ver dos partidos por día en semana y hasta cuatro los fines de semana, en el momento sus energías se encausan a los productos audiovisuales y el teatro, algo que le ha traído muchas alegrías, como el Goya que obtuvo ‘El olvido que seremos’, y algunas metidas de pata. El País habló con el director sobre su vida y su carrera.

¿Por qué cree que a las tres de la mañana fluye más fácil la inspiración?

Cuando escribo asumo las técnicas del actor y para ellos la relajación y la concentración son las claves del “estado creativo”. A las 3 de la mañana el mundo no existe y eso hace más fácil lograr esas dos herramientas. Lo vengo haciendo desde que empecé a escribir, hace más de 30 años.

Para usted cuál ha sido su mayor éxito y su mayor metida de pata...

No sé si mis mayores “éxitos”, pero los trabajos que me han gustado mucho son: en la ‘tele’ ‘La Saga, negocio de familia’, en el cine la saga de los ‘Paseos’ y en el teatro ‘La Historia Ilustrada del Sexo’. Mi mayor cagada, y he tenido muchas, fue la telenovela ‘El Baile de la Vida’... la metí hasta el fondo.

¿Cuál es su fórmula para asumir los triunfos y las derrotas?

No creerse el cuento en ninguno de los dos casos. Cuando te va bien no eres el non plus ultra y cuando te va mal no eres el peor ser humano sobre la tierra. Hoy en día tengo la certeza que el éxito y el fracaso se deben demasiado al azar como para que uno pueda sentirse responsable por alguno de los dos.

¿Qué aprendió con su primera novela ‘Te voy a enseñar a querer’?

Que el melodrama es la forma de expresión de los latinoamericanos. Por algún tipo de tonto prejuicio intelectual uno sale de la universidad odiando el género e ignorando sus enormes posibilidades. Esta novela fue otra revelación.

¿Le gusta el apodo de ‘El Midas de la televisión’? ¿Considera que todo lo que toca se vuelve oro?

¡Por supuesto que no! Si tuviera que hacer una contabilidad de mis “éxitos” y mis “fracasos” estoy seguro que el balance sería bastante equilibrado. Lo que pasa es que esta industria es bastante generosa y hace más visible el éxito que el fracaso. Pero los Reyes Midas solo viven en las mitologías.

¿Qué aspectos de un proyecto hacen se anime a ser el productor?

El compromiso del autor. De hecho no apoyamos proyectos, apoyamos talentos. Nuestra participación en películas y obras de teatro nunca ha dependido de nada diferente, que del autor que está detrás.

¿Se siente más cómodo trabajando, en novelas, películas o teatro?

Cada uno de estos medios tiene sus brillos y sus opacos, pero definitivamente soy un escritor de televisión, allí está mi origen y allí, para bien o para mal, he aprendido todo con lo que he podido trabajar y ganarme la vida.

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¿Qué es lo que más lo impacta de una película?

La historia. Soy un convencido de que todos los lenguajes que se articulan en una ‘peli’ (la actuación, la fotografía, la edición y demás) se unifican en un objetivo: echar un cuento. Debe ser porque soy guionista.

Para usted, ¿los colombianos por qué somos más de ‘El Paseo’ y menos de ‘El olvido que seremos’?

Somos los dos. Vivimos una realidad tan caótica e incomprensible que hemos desarrollado, tampoco se si para bien o para mal, dos estrategias de supervivencia: reírnos y olvidar.

¿Qué cree que caracteriza y diferencia a las novelas colombianas?

Su relación directa con la realidad que vivimos y el humor. Hacemos un tipo de producto casi naturalista, atravesado por caricaturas, lo que termina siendo exótico, intenso y divertido.

¿Le gustan los cambios que ve en el cine y la televisión colombiana?

Definitivamente sí. Se ha sacrificado un poco de mística por profesionalismo, pero creo que se ha llegado a un muy buen equilibrio. Para mí estamos haciendo la mejor televisión y el mejor cine de nuestra historia.

¿Cuáles son los beneficios y complicaciones de las plataformas streaming como Netflix?

Al principio se dijo que con la llegada de las plataformas vendría el final de la televisión abierta y como suele ocurrir con los profetas de los apocalipsis, la realidad demostró otra cosa. Hoy en día las plataformas son las mejores aliadas de la TV abierta y viceversa.

¿Qué aprendió del trabajo a distancia y de la virtualidad en este último año?

Que no hay nada como el contacto humano. En una pantalla siempre se asume una puesta en escena y esto nos quita espontaneidad y cercanía, despersonaliza la comunicación, haciéndola excesivamente eficiente. Siempre preferiré las reuniones presenciales.

¿Por qué aceptó producir ‘El olvido que seremos’?

¿Como no aceptar? Un gran libro, un gran escritor, una gran historia, un gran personaje, un gran director. No lo dude un segundo, lo extraño hubiera sido no aceptar.

¿Por qué traer a un español a grabar una historia tan colombiana?

Porque, con Gonzalo (Córdoba, presidente de Caracol TV) y Héctor Abad (Faciolince), Trueba era un director del que conocíamos su trabajo y lo admirábamos. Sentimos que tenía la sensibilidad perfecta para contar la ‘peli’ y era un fan absoluto del libro. También pensamos que un poco de distancia iba a permitir una lectura más profunda y ausente de prejuicios de ese momento tan complejo de nuestra historia.

¿Fue difícil fue conseguir al elenco?

La verdad no mucho. Hay proyectos que por alguna razón nacen “bendecidos” y en este caso pudimos tener los actores que nos imaginamos en la cabeza. Otra vez el azar jugando en favor del “éxito”.

¿Qué fue lo que más le asustaba de hacer la adaptación del libro?

Que se fuera a perder la intensidad emocional de la relación entre padre e hijo, tan bellamente retratada. Para la literatura es más sencillo ahondar en el alma de los personajes. Pero David Trueba (guionista), y Fernando Trueba encontraron el camino que evitó el extravío y logró conservar el espíritu de padre del doctor Abad Gómez.

¿Cómo se siente por haber traído el primer Goya para Colombia?

Se siente bien, pues es una confirmación del buen momento que está viviendo nuestra cinematografía. Haber estado en la selección oficial de Cannes y haber cerrado el festival de San Sebastián se suman al buen recorrido internacional que está teniendo la ‘peli’ y que nos da mucha ilusión lo que pueda pasar cuando por fin podamos mostrarla al público.

¿Dónde sueña grabar una película?

En el Cocuy, Boyacá, la tierra de mi familia.

¿Con qué premio sueña?

No sueño con premios, sueño con tres millones de espectadores.

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Robin Hood del cine colombiano

Según Juan Carlos Romero, profesor del programa de cine y comunicación digital de la Universidad Autónoma de Occidente, cuando se hace una revisión de las obras, en términos generales, de Dago García, uno encuentra fundamentalmente “a un productor muy prolífico”.

“Dago es el productor más exitoso, en la historia del cine colombiano, y también es el productor que más dinero ha hecho trabajando en el cine. Es un caso probado de éxito financiero, en términos de cómo piensa el cine, desde la estructura de negocio”, dice Romero.

Pero, al entrar a hablar de lo cinematográfico su opinión cambia, ya que “en las películas donde Dago se involucra de manera directa: en los guiones, la elección del director y en la dirección de la dramaturgia de la película, esos son films que a mi juicio aportan muy poco al desarrollo estético del cine colombiano. Son películas que siguen esquemas televisivos y que por el resultado en taquilla pareciera que le interesan a un grueso de personas y él ha detectado ese nicho y lo ha conservado”, comenta el profesor, que no niega que el nombre de Dago aparece en las películas más importantes de la historia reciente del cine colombiano, en calidad de productor asociado.

“Él es casi como un ‘Robin Hood’ del cine colombiano. Ha hecho un trabajo muy generoso y muy dadivoso de aportar presupuestalmente dinero y material a películas que por su contenido y su estética misma, tienen dificultades para ser desarrolladas, como ‘El abrazo de la serpiente’, ‘Sal’ o ‘El valle de las sombras’. Es muy particular el trabajo que hace Dago y que es importante reconocer”.

Es por eso que, para Romero, lo mejor de Dago, por lo menos en el cine, es lo que él ha producido de manera asociada. Para él Dago marcó una diferencia en el cine y la televisión nacional, al darle continuidad al perfil de un productor creativo.

“Los productores anteriores, tanto de televisión como de cine colombiano, eran hombres de negocios. Era como un proceso administrativo. Pero Dago le metió a esa mirada administrativa su formación como comunicador social, como dramaturgo, como escritor, y empezó a darle una concepto creativo. Y entendió que si bien estamos haciendo negocio, lo que estamos vendiendo en lo audiovisual son emociones”, opina.

Romero también rescata la exploración que Dago hace en su trabajo como libretista de televisión, el cual considera interesante y propositivo, y donde Dago asume retos artísticos.

También cree que Dago “tiene olfato y muchísima experiencia. Sabe detectar dónde podría haber una muy buena oportunidad, ya no solo de hacer dinero, sino de construir un aporte a lo audiovisual colombiano, latinoamericano y mundial también”.

Con ojos de amor

La primera vez que María Mercedes Sánchez vio a Dago García fue en una foto, mientras buscaba el contacto de él o de su socio de escritura, Felipe Salamanca, para hacerle una entrevista a ambos o a uno solo, por una novela que estaban haciendo para Jorge Barón Televisión.

“Cuando vi la foto de Dago con su socio, me imaginé que él era una persona antipática, creída y me produjo temor, y decidí entrevistar a Felipe, que tenía cara de ser mejor persona. Entrevisté a Felipe, me hice amiga de él y fue a través de él que luego conocí a Dago y resultó mejor persona él que Felipe (risas) y así sigue la historia”, cuenta Sánchez, quien por esos años tenía 25 años y su relación con Dago se fue afianzando gracias al trabajo que ella realizaba como jefa de prensa de él y de Felipe.

La actual esposa de Dago cuenta que convivir con el cineasta es algo único por muchos motivos: porque él es un creador, un artista y en especial, porque el hecho de que se levante a las tres de la mañana y tenga una vida tan dinámica, tan llena de proyectos, “hace que todos los días sean diferentes”.

Al principio confiesa que le dio duro acostumbrarse a los horarios laborales de Dago y que la desvelaba con sus madrugadas de las 3:00 a.m. Pero después de un tiempo “nos adaptamos o yo me adapté a su modo de vida”.

“Convivir con él es un aprendizaje continuo en todo sentido, de verlo como hombre, en su ejemplo de manejar grupos de trabajo, liderando proyectos, en su casa, con las hijas, las nietas. Entonces creo que convivir con él es aprender todos los días algo diferente y adaptarse también a su modo de vida tan particular”, relata.

Lo que más le gusta a Sánchez del cine, teatro y las novelas que hace Dago es su sinceridad para contar historias, su autenticidad que se ve reflejada en todo lo que hace, la libertad con que lo hace y sobre todo el corazón que le pone. Y comenta que en los momentos de creación se mete en otro mundo, pero sin dejar nunca de manejar su realidad inmediata.

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