Anthony Hopkins: perfil del ganador del Óscar que se metió en los zapatos de Benedicto XVI

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Anthony Hopkins: perfil del ganador del Óscar que se metió en los zapatos de Benedicto XVI

Enero 05, 2020 - 08:00 a. m. Por:
Yefferson Ospina, reportero de El País 
Anthony Hopkins

Anthony Hopkins, interpretó al Papa Benedicto XVI en la película 'Los dos papas'.

Especial para El País

“La venganza ha sido el motor de mi vida”, dijo Anthony Hopkins a la periodista española Rocío Ayuso en mayo de 2016, en una entrevista hecha a propósito de los 25 años de ‘El silencio de los inocentes’, la película en la que demostró que solo 16 minutos en cámara son suficientes para convertirse en el mejor actor de su generación.

Sí, la venganza. Porque es probable que la venganza sea también uno de los mayores motores de la experiencia humana.

Cuando tenía 15 años, Hopkins vivía aún en Port Talbot, sur de Gales, en donde había nacido el 31 de diciembre de 1937 - hace poco más de 82 años -, y su héroe era el ya actor consagrado, varias veces nominado al Oscar y también galés, Richard Burton.

Un día de 1952 Hopkins tuvo la oportunidad de verlo cara y cara y decidió pedirle un autógrafo, un hecho que habría de cambiar su vida para siempre, de construir una vocación. “Fue la inseguridad y el sentimiento de inferioridad que tuve cuando le pedí un autógrafo lo que me dio la furia para saber que un día me vengaría”, dijo en la entrevista citada.

Pero no se trataba solo de él, sino también de uno de los hermanos de su padre que se burlaba del tamaño de su cabeza, de sus compañeros de colegio que llegaron a burlarse de su dislexia, e incluso de su mismo padre, un panadero del pueblo al que le molestaba que su hijo el artista tocara el piano en casa, en lugar de sudar en algún verdadero trabajo para hombre.

Así que se vengó. A los 15 años se matriculó en un colegio de música y drama del que se graduó en 1957 y luego de pasar dos años en el ejército, se mudó a Londres para entrar a la Academia Real de Arte Dramático.

Freud supo muy bien cuán fecundos- o destructores - pueden llegar a ser los bajos impulsos contra los padres.

Para 1971 el joven Anthony Hopkins ya interpretaba las obras de Shakespeare en Londres: primero fue Coriolano, ese mismo año y al siguiente Macbeth. En 1975 como actor de la reconocida obra de teatro Equus - que cuenta la historia de un joven que tiene una extraña fascinación sexual con los caballos - ganó varios de los premios más importantes del mundo del teatro inglés.

Pero la venganza no estaba consumada. De hecho, se trataba del comienzo.

Entre los años 70 y 80 Hopkins realizó una serie de películas que empezaron a situarlo entre los mejores actores de su generación, como ‘Un puente lejano’, ‘El hombre elefante’ o ‘Rebelión a bordo’, esta última, en la que figuró como el actor líder al lado de unos jovencitos Mel Gibson, Daniel Day Lewis y Liam Neeson.

Luego, en los inicios de la última década del siglo XX, habría de alcanzar su apoteosis, que parece prolongarse indefinidamente: Hopkins aceptó la propuesta de interpretar al psicópata asesino canibal Hannibal Lecter en la película ‘The silence of the lambs’, que en el mundo hispano se conoció como ‘El silencio de los inocentes’.

El filme se llevó cinco premios Oscar como Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Actriz, Mejor Guión Adaptado y Mejor Actor para Hopkins, quien solo apareció durante 16 minutos de los 138 que dura la película.

Una conmoción en Hollywood.

Nadie en la historia del cine ha podido siquiera igualar ese record: convertirse en el mejor actor de la industria cinematrográfica estadounidense con con una aparición en cámara de menos del 10 % del filme.

7 años antes de que aquello sucediera, el actor Richard Burton, nominado 7 veces al Oscar pero ganador en ninguna de las ocasiones y del que Hopkins quiso vengarse, ya había muerto.

No importaba, vengarse seguiría siendo siempre su premisa de vida: una venganza poética que consiste nada más en poder mirar a los otros y sonreír por la convicción de haber tenido siempre la razón.

“Sabía que un día me vengaría de todos ellos. Claro que a estas alturas ya están todos muertos, pero ese ha sido el motor de mi vida”, fue exactamente lo que dijo a la periodista española en mayo de 2016 cuando fue preguntado por sus más profundas motivaciones.

De asesino a Papa

Las críticas se han movido entre los extremos, nada de tibiezas: hay quienes la consideran una de las grandes películas del año y quienes creen que ha sido no más que un intento por “blanquear” la iglesia católica de sus recientes escándalos de corrupción y agresiones sexuales contra niños.

En algo, sin embargo, hay unanimidad: en que las interpretaciones de Anthony Hopkins como Joseph Ratzinger, y Jonathan Pryce como Jorge Bergoglio, “merecen todos los premios”, como dijo Carlos Boyero, uno de los críticos más influyentes de Europa.

‘Los dos papas’, otra de las grandes apuestas cinematográficas de Netflix que se estrenó a finales de 2019, es un filme que, entre la ficción y los datos reales, reconstruye una historia de amistad y rivalidad entre los dos papas de la Iglesia Católica, Joseph Ratzinger y Jorge Bergoglio.

Dinámica en su narración y con perfectas dosis de metáforas visuales, ‘Los dos papas’ es, sin embargo, una película que se sostiene en sus dos actores principales: en la desconcertante similitud física de Pryce con el pontífice argentino y la sobriamente descomunal interpretación de Hopkins.

Los diálogos son preciosos: se mueven entre la profundidad teológica y el humor, para permitir entrever la hondura humana de dos hombres para quienes ser elegidos los sucesores de San Pedro se ha convertido en uno de los mayores pesos y angustias de su existencia: Ratzinger, al enfrentarse a los escándalos de corrupción y crímenes sexuales de sus subordinados, y Bergoglio, al enfrentarse a su oscuro pasado en el que, según la película, no hizo lo suficiente - o no hizo nada - por denunciar los crímenes de la dictadura de Videla en Argentina.

Hopkins es magistral. Su Ratzinger está hecho de pequeños gestos, de movimientos finos, de la interpretación del piano, de miradas elocuentes. Lo hace todo como si fuera tan fácil, tan natural, como si no debiera esforzarse. Es que, como lo dijo en 2007 cuando presentó al público su primera película como director, ‘Slipstream’: “dirigir es más difícil. Actuar realmente no significa ningún desafío para mí”.

Artista de ultranza

Hopkins pinta, toca el piano, compone, es también director de cine y activista medioambiental.

Son algunas de las virtudes que han repotenciado muchos de sus papeles más importantes, incluido el de Ratzinger en ‘Los dos papas’, en el que interpreta a Chopin en el piano haciendo mucho más creíble su personificación del pontífice alemán, de quien se sabe que es un intelectual amante de las artes y, en especial, de la música. Y esas mismas dotes artísticas las usó para su papel del gran pintor español Picasso, en la película ‘Sobreviviendo a Picasso’.

En 1996, justo para el estreno de su biopic sobre Picasso, dijo del genio español que de él había aprendido la pasión para vivir. “Esa necesidad de devorar la vida, esa urgencia de expresarse”.

En 2008, Hopkins emprendió una gira mundial interpretando al piano sus propias composiciones, descritas por los expertos como “evocadoras y etéreas”.

En su natal Gales solía intepretar a Chopin y a otros maestros clásicos, salvo a los alemanes, pues creció en plena posguerra y sus padres odiaban cualquier alusión al país que había iniciado la Segunda Guerra Mundial. Hopkins ha admitido en varias ocasiones que fue el boicoteo de su padre, que no soportaba que tocara en casa a Beethoven, lo que le llevó a desviar su camino profesional de la música, aunque nunca abandonó su afición.

Para ‘Slipstream’, película que dirigió e interpretó en 2007, también compuso la banda sonora. La película cuenta una historia de ciencia ficción en la que un hombre que se ve atrapado en el tiempo recuerda su propio futuro.

La pintura, por otra parte, la ha cultivado con mayor ahínco con su tercera esposa, la colombiana Stella Arroyave, en la gestión de una galería de arte.

En 2010 realizó una de sus pocas exposiciones personales en una galería de Londres, en donde se pudo conocer medio centenar de cuadros realizados por el actor.

Colores vitalistas entre los que abundaban los paisajes y rostros de aspecto pesadillesco y tratados a la manera expresionista.

Hopkins, que se define a sí mismo como “un artista tímido”, comenzó a pintar en 2002 animado por su esposa, Estella, según informó entonces Gallery 27, la sala que expuso los cuadros a pocos pasos de la Royal Academy of Arts.

Sus cuadros en general que para los críticos recuerdan a los del dramaturgo sueco August Strindberg, están inspirados en el mundo del teatro, como Electra o Midas, o reciben su título de ciudades como Valencia y Texas. Pequeños atardeceres e inquietantes rostros, pintados con tinta sobre papel fotográfico, o acrílicos de grandes dimensiones se pueden adquirir por precios que oscilan entre 600 libras (en torno a 680 euros) y las 26.800 (30.700 euros).

Pero para él no es un asunto que pueda llamarse la excentricidad de un tipo millonario a quien, además, la reina inglesa le dio el título de Sir en 1992. No. Aquello de la pintura y la música es apenas una expresión de su temperamento, de la vocación de un hombre que en su adolescencia comprendió que su dislexia no era más que otra forma de su talento y se enfrentó a su padre, el panadero que quizá hubiese querido un hijo que “se buscara un trabajo de verdad”.

Es un artista a ultranza que utiliza todas las formas que encuentra para expresarse y que parece no tener punto de agotamiento.

En 2018, antes de rodar ‘Los dos papas’, estrenó una nueva versión cinematográfica de ‘El rey Lear’ de Shakespeare. Y por supuesto, como es obvio, el rey fue él.

El caos

Como es natural, no todo es perfecto. Se sabe que Hopkins lidió durante muchos años con el alcoholismo, aunque lo superó y ahora es un abstemio irrevocable.

También que su relación con su única hija, Abigail, nacida de su primer matrimonio con Petronella Barker, está completamente fracturada.
En 2018 Hopkins confesó a varios medios de comunicación que llevaba 20 años sin cruzar una palabra con Abigail, quien de hecho se cambió su apellido por Harrison.

“Ella vive en algún lugar de Inglaterra. La gente rompe. Las familias rompen y, ya sabes, tienes que seguir con tu vida. La gente hace elecciones. No me importa que sea en una u otra dirección. Tenemos una relación fría. La vida es fría”, dijo en una entrevista radiofónica a propósito del estreno de ‘El rey Lear’, protagonizada por él mismo.

“A los hijos no les gustan sus padres, no tienen que quererse entre ellos”. Abigail vive en Londres y es cantautora, actriz y directora de teatro. Hopkins rompió con su madre cuando ella tenía dos años, en 1970, y la volvió a ver cuando cumplió los 7.

Después llegó el alcoholismo superado del padre, y una época de abandono de estudios y relación con las drogas para la hija. Su relación no se descongeló a pesar de que ambos coincidieron en el reparto de dos películas, ‘Lo que queda del día’ y ‘Tierras de penumbra’. Abigail Harrison dijo alguna vez que estuvo muy cerca del suicidio por culpa de su relación con su padre. Después también dijo que tenía que hacer su propia carrera pero que su padre era un actor fantástico al que respetaba. “Los grandes actores son los que muestran la vulnerabilidad del ser humano, y eso es lo que él hace”, añadió.

En 2003 el actor se casó por tercera vez con la colombiana Stella Arroyave, unos 20 años más joven que él, en una íntima ceremonia celebrada en la mansión que posee en Malibú, valorada en aproximadamente 7,3 millones de euros. Ambos se habían conocido en la tienda de antigüedades que ella manejaba en Los Ángeles, apareciendo juntos por primera vez en la presentación del filme ‘Bad Company’.

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