¿Qué tan preparado está el país para el voto obligatorio?, responden analistas

¿Qué tan preparado está el país para el voto obligatorio?, responden analistas 

Septiembre 30, 2018 - 11:30 p.m. Por:
Redacción de El País
Votaciones

Para las elecciones presidenciales de mayo y junio pasado estaban habilitados 36.025.318 de personas. Sin embargo, y aunque fue la participación más alta registrada, solo votó el 54 %.

Archivo de El País

"El voto obligatorio es una herramienta para profundizar la democracia en nuestro país, impulsa la participación ciudadana y la inmiscuye en los asuntos políticos sustanciales para la nación”.

Ese es uno de los argumentos que plantea el proyecto de Acto Legislativo que busca reformar el sistema político colombiano y que promueve el voto obligatorio.

También se lee en la iniciativa radicada ante el Congreso de la República y que empezó a ser estudiada la semana pasada que el promedio de participación electoral en el país entre 1978 y 2010 era del 45 %, evidenciando un nivel de abstencionismo bastante elevado.

Por ello, “contemplar la obligatoriedad del voto es ante todo una medida para confrontar el abstencionismo, que entre otras cosas, refleja la poca confianza y la poca legitimidad de los funcionarios que son elegidos a través del voto popular”.

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Precisamente por eso, el sociólogo Carlos Charry, profesor en la Escuela de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario, dice que en Colombia la única estrategia real de combatir el clientelismo y la compra de votos es haciendo el voto obligatorio.

Explica que las grandes estructuras políticas o maquinarias “se aprovechan de los bajos índices de votación para lograr poner a su gente en los cargos de elección popular, ¿cómo opera esto? entre menos gente vote, menos votos hay que comprar”.

Entonces hace cuentas rápidas y precisa que si en Colombia un voto vale más o menos $50.000 y para ser Representante a la Cámara en determinados departamentos se necesitan entre 20.000 y 30.000 votos, son más o menos $1.500 millones que se pueden conseguir para quedarse con el cargo. Pero al volver el voto obligatorio ya no se necesitarían 30.000 votos sino unos 120.000, y si cada voto se compra a $50.000, ya sería una cifra exagerada.

“Algo muy difícil de lograr para cualquier candidato. Eso hace que se encarezca la compra del voto y, por ende, las estructuras electorales tengan que buscar otros mecanismos, para ahí sí seducir políticamente a las personas y decirles por qué deben votar por determinada opción”, precisa el sociólogo.

Comenta que la obligatoriedad podría reducirse a las instancias de Congreso de la República y Presidenciales. “Habría que hacer experimentos en algunas campañas a ver qué tanto es viable que el voto sea obligatorio”.

Pero el senador Alexánder López, del Polo Democrático, sostiene que su partido considera que el voto obligatorio todavía no es lógico.
“Usted no puede obligar a los ciudadanos a votar en un sistema mafioso y permeado por la corrupción”, precisa.

En esa misma línea se pronuncia el excandidato presidencial del Centro Democrático Rafael Nieto Loaiza quien asegura que el voto obligatorio solo enmascara los problemas del sistema político que se traducen en la abstención que, además, es un derecho.

Justo por eso Jaime Gutiérrez, experto en marketing político, reconoce que establecer el voto obligatorio tiene ventajas. Sin embargo, es más lo que se tiene para perder, sobre todo, en términos de lo que implica la democracia.

“¿Dónde queda mi derecho a no participar cuando no me siento identificado con el sistema, con los candidatos?”, se pregunta el analista político.

Frente a quienes dicen que la respuesta a esas inconformidades podrían expresarse a través del voto en blanco, Guitérrez plantea que esa posibilidad en el sistema colombiano tiene otras connotaciones legales.

“Si en una elección el voto en blanco gana, entonces tendrán que volver a convocarse elecciones con nuevos candidatos. Tendríamos que estar repitiendo elecciones porque en Colombia en muchos lugares, la abstención supera la participación en las urnas”, dijo.

Además, insiste, muchos otros no votan simplemente porque son apolíticos, no les interesa la política de su país.

Pero el texto del proyecto refuerza la idea de que el voto obligatorio tiende a otorgarle una voz más significativa a los sectores que históricamente han sido discriminados o que se encuentran en el olvido del Estado.

“La abstención recae esencialmente en poblaciones de bajos recursos o habitantes de zonas rurales muy apartadas de las cabeceras municipales en donde los habitantes no cuentan con los medios para llegar hasta el puesto de votación más cercano para ejercer su derecho”, dice el documento.

Según el proyecto, al contemplar el voto obligatorio, el Estado de Derecho tendría que remover cualquier barrera para que los colombianos puedan acceder a las urnas de votación.

Liberalismo no tumbará la tutela

El expresidente de la República y jefe del Partido Liberal, César Gaviria Trujillo, anunció que no respaldará una reforma al funcionamiento y autonomía de las cortes, presentada por el partido de gobierno.

“No es recortando las facultades de las Cortes, todo lo contrario debemos fortalecerlas. No es atacando la tutela como vamos a ayudar a los que más necesitan justicia en Colombia”, aseguró la cabeza del partido Liberal.

Gaviria Trujillo resaltó que antes que afectar a la rama de la justicia se debe pensar en que “los colombianos queremos ver unas cortes y la tutela más robustas, más allá de si sus fallos nos gustan o no”.

Así mismo informó que la bancada del Partido Liberal y 50 excongresistas harán una visita de cortesía a las altas Cortes para ratificar su apoyo a estas entidades.

La reforma política también se estudia en el Congreso de la República. El Centro Democrático propuso la unificación de las cortes y eliminar el fuero a congresistas y magistrados.

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