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Luz Elena Rivers: “Los latinos somos trabajadores y responsables, pero nadie nos apoya”

La colombiana fue nombrada Top 10 Ejecutiva del Año por la revista Latina Style en 2021 y reconocida por Forbes con el premio 1000 Next.

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Luz Elena Rivers
Luz Elena Rivers | Foto: Foto: Cortesía para El País

12 de ene de 2026, 08:12 p. m.

Actualizado el 12 de ene de 2026, 11:04 p. m.

Por Meryt Montiel Lugo, especial para El País

En 2023 la colombiana Luz Elena Rivers recibió el premio Mujer Emprendedora de Impacto, de parte de dos organizaciones internacionales, WPO y WEW, el cual destaca a mujeres que obtienen ingresos que oscilan entre los tres millones y los mil millones de dólares anuales.

Ese mismo año entró en la lista de las 50 mujeres más importantes del mundo de Women Watch, por el crecimiento de sus ingresos. Recientemente, su compañía llegó a la lista Inc 5000 de empresas de más rápido crecimiento en Estados Unidos.

La pereirana, de 50 años, con doctorado en Administración de Empresas con énfasis en Liderazgo Organizacional, hoy preside el Foro de Mentoría para Mujeres Jóvenes Emprendedoras en Houston, Texas, donde promueve carreras Stem (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) en las escuelas secundarias locales y recolecta fondos para becas estudiantiles.

Esta esposa y madre de cuatro hijos es la artífice de Amera Solutions, una app de transporte médico ambulatorio que brinda transporte seguro y confiable con personal de salud a aquel paciente que no tiene quien lo acompañe y necesita un procedimiento (endoscopia, colonoscopia, cirugía, diálisis) y otras asistencias en una clínica y, una vez terminado el proceso, lo regresa a su hogar.

Desde Houston, Luz Elena, presidenta y directora ejecutiva de Amera Solutions, le reveló a El País cómo llegó a ser una de las empresarias latinas más reconocidas en Texas, venciendo adversidades como la falta de financiamiento para cristalizar su iniciativa.

Luz Elena Rivers
Luz Elena Rivers | Foto: Foto: Cortesía para El País

¿A qué edad emigró a EE. UU.?

A los 5 años. Mi mamá tomó la decisión de venirse conmigo y mi única hermana, de 6 años, a EE. UU. y pasamos la frontera de México. Llegamos en 1980, mi abuelita había emigrado antes.

¿Cómo fueron esos primeros años?

Súper difíciles. Recuerdo todo: cuando cruzamos la frontera, vi culebras. Me acuerdo de la sed que sentía, de las caminatas; teníamos que estar calladitas cruzando el río. Llegando acá, el ‘coyote’ no nos soltó porque teníamos que dar lo último que debíamos. Al llegar, nos fuimos para Chicago. Vivimos en un sótano, donde sentíamos mucho frío, la nieve ni la conocíamos.

Mi tía, que era quien tenía la casa, dijo: ‘No tengo dónde ponerlas, pero si ustedes limpian este lugar, lo vuelven hogar. Y eso hicimos. Había basura, gatos negros, no había paredes. Había un bote de pintura que usábamos como baño, con una manguera nos bañábamos.

Mi mamá estaba huyendo de mi papá, era muy joven, alegre, y él es lo opuesto. Ella no quería vivir aquí con mi papá y brincamos de refugio en refugio. Mi mamá nos cortó el pelo como hombres para que mi papá no nos reconociera; eso me dolió mucho; no teníamos nada. Teníamos una inestabilidad horrible. En una madrugada, cuando salía de la factoría donde trabajaba, a mamá la atracó un hombre y la trató de violar. La vecina que nos cuidaba sintió los gritos y el señor huyó, así fue como resultamos mudándonos de Chicago a Houston, por ese trauma de ella.

¿Cuándo decidió emprender?

Quedé embarazada de mi esposo a los 16 años y dejé el estudio. Cuando lo conocí, él era el emprendedor, yo no. Quise terminar mis estudios para no ser emprendedora, porque, cuando estaba creciendo, veía a mis tíos y a mi mamá en ventas, y a veces no podían pagar la luz; veía que no tenían estabilidad y eso me asustó. Yo dije: mejor estudio, busco trabajo, beneficios.

Cuando terminé la escuela conseguí un trabajo como maestra, sin embargo mi esposo me enseñó que las cosas se hacen organizadamente y fue cuando comencé a ser emprendedora.

¿Cómo empezó en el negocio?

Recién casada, a mi esposo un amigo le propuso que abrieran un negocio de ambulancias, pero no de emergencias. Mi esposo no sabía nada de eso, comenzó a aprender e hizo casi todo porque el muchacho era bombero y no iba a dejar su trabajo... El problema es que mi marido no habla español. Y aquí en Houston la comunidad hispana es la que más usa ese servicio de ambulancias para no emergencias, como para diálisis, por ejemplo.

Yo seguía de maestra porque veía que no había muchos pacientes y, como buena esposa, dije: ‘Lo voy a ayudar’. Como tuve tres niños casi seguiditos, me mantenía embarazada o acabada de tener bebé, entonces me iba entaconada, con faja, con los pechos adoloridos y me tiraba a la calle a buscar clínicas. Me ganaba a la gente, la traía a la empresa, pero a mi marido se le estaba acabando el dinero. Así que dejé el trabajo, invertí todo lo de mi retiro y mis tarjetas de crédito las puse en manos de él porque vi que era un luchador y que yo podía traer la clientela.

Luz Elena Rivers
Luz Elena Rivers | Foto: Foto: Cortesía para El País

Y conoció la crisis económica...

Cuando se levantó el primer negocio, todo iba muy bien, sin embargo, no tomábamos clases de negocio, solo trabajábamos con la idea de mi esposo y el impulso mío, porque tenía buen verbo para atraer clientes y pacientes. Pero el negocio comenzó a caerse porque las reglas de las aseguradoras de salud cambiaron y no pensamos que se iba a acabar el dinero, que simplemente estas compañías iban a corregir algunas cosas y luego seguirían pagando. En esos años resultamos demandados.

Busqué bancos que me pudieran dar préstamos, no me los dieron; la renta de la casa llegó a seis meses de atraso, los niños no tenían dinero para comer en la escuela. Mi mamá venía con bolsas de mercado... Uno de los empleados se rebotó, llamó a la Policía y dijo que mi cuerpo se iba a encontrar en un basurero, detrás de mi oficina, porque me habría matado. En otra ocasión mi esposo me llama y me dice: ‘regrésate a la empresa’: un empleado rabioso porque no le habíamos pagado incendió la oficina. ¡Eso fue horrible! Luego nos fuimos a bancarrota. Estuvimos frente a un juez, quien me dijo: ‘¿qué pasó?’. Le expliqué y me preguntó: ¿Y ahora, qué? Pues seguiremos: no le vamos a cobrar a las aseguradoras, sino a los clientes. Él me miró raro y dijo: ‘¡Qué mujer tan inteligente!’. Dije eso por contestarle al juez, pero ya estaba llamando al futuro.

¿Cómo logra crear una empresa tan exitosa?

Tres carritos que nos quedaron de la anterior empresa, los empezamos a manejar mi esposo y yo. Llamé a una compañía y les dije: ‘Ustedes habían dicho que si teníamos carros nos daban pacientes de terapia, pacientes que pueden caminar, pero que necesitan que los lleven y los traigan, aquí estamos’. Mi esposo y yo nos convertimos en choferes. ¡Nos tocaron unas! Una vez me tocó ayudar a una paciente en el baño. No ganábamos mucho, pero era algo.

¿Cuál fue el punto de inflexión?

Una tarde estaba en la oficina y timbró el teléfono. Ahí fue donde cambió todo y nació mi compañía Amera Solutions. Llamó un joven que me dijo: ‘Sé que su página dice que el servicio es para terapias, pero yo tengo una colonoscopia y no tengo amigos, familiares, a nadie; necesito ir y la clínica requiere que alguien me entre y a la salida firme. ¿Ustedes hacen eso?’.

Lo puse en pausa. Llamé a mi esposo y me dijo: ‘Absolutamente no. Ya hemos pasado por demandas, eso es mucho riesgo, no lo haga’. Regresé con el muchacho y le dije: ‘¿A qué hora es su cita? ¿Y a dónde tiene que ir?’. Ahí empezó el negocio. Llamé a una enfermera amiga y le dije: ‘Susana, hágame un favor, recójame a este muchacho, llévelo acá, firme allá, yo le pago; asegúrese de que el carro esté limpio y se pone el uniforme de enfermera’. ‘Claro, claro’, me dijo. Cuando ella regresó, me comentó: ‘Que muchacho tan lindo, tan cariñoso, hasta me dio propina’. Yo le cobré mucho a él y nunca me dijo que era demasiado: necesitaba la solución de su problema y se lo arreglé.

Ahí vio una oportunidad...

Claro. De ahí comenzó la idea: ¿qué tal si transportamos a pacientes que necesiten ir a colonoscopia, endoscopia, cirugía, cualquier procedimiento y que el mismo día salen? Comencé a buscar la lista de doctores con los que había hecho conexión en mi primera compañía y les pregunté quiénes hacían esas intervenciones. Me di cuenta de que muchos doctores se quejaban porque muchos pacientes no llegaban a las citas porque no tenían a nadie que los pudiera llevar y traer. Eso fue antes de que existiera Uber. Un amigo abogado dice que yo empecé el Uber porque ya estaba transportando a las personas así. Me reí en entonces, pero viéndolo bien, como que sí (risas). Las clínicas no sueltan pacientes a un Uber ni a un taxi, nosotros éramos los adecuados. Ahí dije: ¿cómo escalo esto? Y me puse a buscar préstamos, y nada.

¿Qué le decían?

Llegué a una institución donde me dijeron: ‘Nosotros le prestamos US$ 90.000, pero con el 30 % de interés. Cuando usted reciba US$ 90.000, nos regresa US$ 9800. Lo que queda es suyo y luego de eso son 30 % de interés, y lo hice. En otro préstamo me dijeron: ‘No le vamos a cobrar tanto interés, pero vaya y sáquese sangre a ver si está bien de salud, tome un seguro y póngalo a nombre de nosotros. Y todo lo que usted compre, póngalo a nombre nuestro porque, si algo le pasa, nosotros podemos recolectar nuestro dinero, y ahí mismo voy poniendo el brazo para que me sacaran sangre.

Así comenzamos: Houston, Dallas, San Antonio, muchos lugares en EE. UU. Como sé que la tecnología es muy importante, comencé a estudiarla bien. Yo decía, con una aplicación, esto se escala mucho mejor. Luego quise estudiar una maestría y un doctorado con una concentración en el negocio, porque yo sabía que con los libros, la práctica, los sufrimientos, los golpes de la vida, yo tenía mucha experiencia. Me basé en eso y me dio muy buen resultado. No terminé la escuela hasta que levanté la compañía. Me acuerdo que entré a academia corta antes de ganar mi primer millón (de dólares) y antes de terminar mi estudio les dije que si podía tomar un préstamo con los bancos que ellos conocían. Me mandaron a uno y el señor me dijo: ¿Cuál es tu crédito? US$ 620 -aquí US$ 620 está bien-, me dijo: ‘no, tiene que ser US$ 680 o no te podemos dar el préstamo’. Yo dije por dentro, este señor ni siquiera me preguntó cómo me llamo, y me fui.

Cuando comencé a estudiar el doctorado me preguntaban cuál iba a ser mi tesis: quiero investigar sobre los emprendedores latinos aquí en EE.UU., cuántos reciben préstamos, porque eso me tocó de forma personal y me di cuenta que yo no era la única entre los hispanos en este país que hacen crecer compañías. Sabemos luchar, somos resilientes, echados pa’ adelante. El latino es muy trabajador y responsable, lo que pasa es que nadie nos apoya.

Luz Elena Rivers
Luz Elena Rivers | Foto: Foto: Cortesía para El País

¿La afectó mucho el covid a nivel empresarial?

Cuando comencé a levantar mi negocio, llegó el covid y se cerró todo. Me tuve que sentar en la sala y pensar para dónde vamos, y como no podíamos juntarnos, tenía que buscar la forma de manejar la compañía por medio de la computadora. Estudié tres meses y me di cuenta de que podía contratar gente hispana que contestara teléfonos, personas que fueran atentas, con mucha calidad, amables. ¿Y sabes cómo me relacioné con Colombia? Llamé a un ingeniero en Medellín y le dije: ‘Ustedes pueden trabajar con compañías americanas?’. ‘Claro que sí, ¿en qué podemos ayudarla?’. Y conseguí trece empleados e hice lo que uno debe hacer cuando llega a EE. UU.: formar un puente de oportunidad. Me acuerdo cuando los empleados me decían: ‘¡Luz Elena, usted es muy berraca’, ‘cómo la admiramos’, ‘nosotros queremos irnos para EE. UU.’. Yo les digo: ‘¿Para qué? Quédense en el país hermoso que es Colombia y más bien trabajen para una compañía como la mía, que es americana, y ganen buen dinero. Ustedes no tienen que venir a acá a coger una escoba, un trapeador, tienen es que hacer dinero. Si ustedes llegan acá pueden ver que no hay mucha amabilidad, todo el mundo trabajando, no hay mucha familiaridad y se viene a sufrir’. Los convencí de que me apoyaran y que ganaran dinero por medio de mi compañía. Y esa calidad de personal que tiene Colombia, esa amabilidad para atender a la gente, fue una ventaja para mi compañía.

¿Qué avizora para su empresa?

La lucha sigue, sigo con la compañía, sigo levantándola. La idea es llegar a un cierto nivel para venderla. No estoy lista para eso, quiero comenzar a organizar mi compañía con Inteligencia Artificial para que se pueda vender mejor. Pero te digo una cosa: el próximo capítulo de Luz Elena es ser conferencista. Como hablo inglés y español y tengo muchas cicatrices, quiero ir a diferentes lugares o universidades, y hablar sobre qué cosas tienes que hacer para levantar tu negocio, cómo es el liderazgo. Hay mucha gente que habla de cómo ser emprendedor, pero no tiene las cicatrices, esa es la diferencia, ese es mi mensaje. Cuando miro las noticias y veo los inmigrantes sufrir, yo sufro; cuando veo a los emprendedores tratar y no les dan los fondos, me molesta. Creo que mi responsabilidad como humana, como latina y colombiana, es poder ser una voz y llevarla a Washington.

¿Ha regresado a Colombia?

Desde que tengo este último negocio, he ido cuatro veces a Colombia porque como ya las cosas económicamente estaban arregladas era muy importante para mí regresar y llevar a mis hijos a conocer la raíz de su mamá, nuestro hermoso país. Quedaron encantados. Y una vez al año los llevo a Medellín.

¿Qué capítulo de su vida le gustaría borrar?

Nada. Creo que mi destino ya estaba marcado: doloroso, con lágrimas. Si no hubiera pasado por lo que pasé, ¿cómo puedo ser una inspiración para los demás? Lo que pasó, pasó. A mi mamá no le gusta que hable del pasado, siente que estoy pordebajeando a la familia, a ella, porque no nos dio una buena guía, no nos empujó a estudiar, pero era muy buena madre, nos protegía demasiado y se encargaba de que tuviéramos buenos alimentos, pero lo que yo necesitaba, el padre, la madre: ‘mija, salga adelante’; la estabilidad, el empujón, las cosas que de verdad necesitaba, no las tuve y está bien, no hay problema, porque eso fue lo que me hizo ser fuerte, ser resiliente.

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