Los tres colombianos que buscan llegar a las siete cumbres más altas del mundo
Se trata del equipo Huella de Montaña, que está integrado por dos paisas y un caleño. Ya hicieron el Aconcagua, por estos días suben el Kilimanjaro. ¿Qué se aprende en las cimas del planeta?
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1 de feb de 2016, 12:00 a. m.
Actualizado el 20 de abr de 2023, 05:54 p. m.
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Se trata del equipo Huella de Montaña, que está integrado por dos paisas y un caleño. Ya hicieron el Aconcagua, por estos días suben el Kilimanjaro. ¿Qué se aprende en las cimas del planeta?
I Los imprevistos no son tan malos como parecen
El equipo nació, casi, por un imprevisto. Era 2013, y René Huertas, Nicolás Díaz y Ana Isabel Bustamante pretendían llegar a las cumbres de la cadena volcánica de los Coconucos: volcán Puracé, Piocollo, Quriquinga, Calambas, Paletara, Quintín, Los Charcas, Manchagara, Pan de Azúcar y Pucará.
Se habían conocido tres años antes, en una salida al Nevado del Tolima. En esa ocasión, una perrita los siguió hasta la cumbre a cambio de comida. Siempre sucede. En las montañas pululan perros que siguen a los montañistas hasta el mismísimo fin del mundo con tal de que les aseguren un buen trozo de costilla. La llamaron Montaña.
En la travesía a los Coconucos, tres años después, hacía mal tiempo. Eso los obligó a devolverse. El mejor montañista del mundo, lo saben bien, no es el que más cumbres haya pisado sino el que permanece vivo.
Así que, después de abortar la travesía, Nicolás y Ana tuvieron un día libre antes de retornar a la ciudad donde nacieron, Medellín. No tenían nada mejor que hacer que conversar entre ellos y René, de repente, dijo: algún día quiero llegar a la cumbre de la montaña más alta de América: el Aconcagua.
Nicolás aseguró que justo él quería lo mismo. Y Ana, igual. Así que decidieron formar un equipo. El nombre es un recordatorio a la perrita que los siguió hasta la primera cima que hicieron juntos, en el Tolima: Huella de Montaña. A veces, los imprevistos no son tan malos como parecen.
II Anticiparse a lo que va a suceder salvará tu proyecto
La travesía al Aconcagua costó $70 millones. El plan era ir sin que tuvieran que poner dinero de sus bolsillos. Para lograrlo elaboraron un modelo de patrocinios. Siete empresas los apoyaron a cambio de que les dieran publicidad en sus redes sociales y en la página web en la que narraban la aventura (www.huelladm.com).
El entrenamiento duró un año. René se ejercitaba en Cali, Nicolás y Ana en Medellín. Hacían cardio, sobre todo, y cada dos meses se reunían para subir una montaña. En una ocasión fueron a Ecuador, para escalar las dos montañas más altas del país: Chimborazo y Cotopaxi. Se preparaban para lo que consideraban el momento de la verdad.
No sabían cómo responderían sus cuerpos cuando estuvieran a 6960 metros sobre el nivel del mar. Es la altura del Aconcagua, ubicado en la provincia de Mendoza, Argentina. El lugar más alto de la Tierra, después del sistema de los Himalayas. Jamás habían estado en una altura como aquella. Así que debían anticiparse a lo que pudiera pasar, tener en cuenta todos los detalles. O casi todos los detalles.
Sabían, por ejemplo, que a más de 5000 metros de altura no dormirían de corrido. El cuerpo en un lugar así entra en un estado de reposo profundo, y se corre el riesgo de quedarse sin oxígeno. Entre más alto se esté, menos oxígeno hay.
Entonces el cuerpo, como mecanismo de reacción, se despierta con frecuencia para oxigenarse.
Tampoco habían cargado con un equipo a más de 4500 metros sobre el nivel del mar. Y el peso que llevas en la espalda y la altura en la que estás es una ecuación que se debe resolver con exactitud si se quiere llegar a la cumbre. También asuntos que parecen mínimos como las incomodidades que puede causar lo que llevas puesto.
Ana sufría con su traje. Había mucho espacio entre su canilla y las botas, lo que, paso a paso, le generó unas heridas bastante incómodas. Debió bajar su ritmo. El equipo sin embargo tenía previsto que aquella crisis podría suceder, (ocurrió en Ecuador, la experiencia puede garantizar el éxito) por lo que antes de partir alistaron esparadrapo suficiente para cubrir la canilla. De no haberlo previsto, un detalle mínimo como unas botas les pudo haber echado a perder su objetivo.
Usamos nuestros cuerpos para prolongar un legado que yace en lo más alto de las montañas, de una actividad donde el hombre y la naturaleza conviven en un mutuo respeto, Equipo Huella de Montaña.
III Y es que un mínimo descuido puede echarlo todo a perder
Para llegar a la cumbre del Aconcagua es necesario darse un banquete generoso. Finalmente, son 14 horas de camino, entre la ida y el regreso. Ana y René comieron bien. Se aseguraron de tomar suficiente agua e ingirieron barras energéticas. Nicolás se olvidó de aquello, por lo que casi 500 metros antes de la cumbre no tenía las fuerzas suficientes para mover su cuerpo. Así comiera en ese momento, no serviría de nada. En las alturas extremas, el metabolismo funciona de manera diferente. El cuerpo necesita tiempo para procesar los alimentos, guardar energía. Eso también lo sabían. Cuando Nicolás, pese a todo, llegó a la cumbre, tenía la palidez de un hombre en huelga de hambre. El equipo estuvo a punto de abortar la travesía.
IV La cumbre (el éxito) es apenas la mitad del trayecto
Lo interesante de la cima es que, finalmente, es apenas la mitad del trayecto. Algunos lo olvidan. Por eso la mayoría de los accidentes de los montañistas ocurren durante el descenso.
Creen que ya todo está hecho, logrado, se confían. Dejan de descifrar el clima, advertir las amenazas, dosificar las fuerzas, se tranquilizan. Confiarse después del logro de un objetivo puede significar perderlo.
Las 7 cumbres más altas del mundo
Everest (8,848 m.s.n.m)
Aconcagua (6,962 m.s.n.m)
Elbruz ( 5,642 m.s.n.m)
Denali (6,194 m.s.n.m)
Kilimanjaro (5,895 m.s.n.m)
Vinson (4,892 m.s.n.m)
Carstensz (4,848 m.s.n.m)
V: Vas a morir, así que aprovecha tu tiempo
En la montaña por lo menos le sucede a René se piensa en la muerte. No necesariamente piensa que va a morir, no es eso, sino que la certeza del fin hace que, más bien, aproveche su tiempo, disfrute lo que puede, no importa si está allá arriba, o acá, en la ciudad, dirigiendo su empresa de ecoturismo Picoloro o dictando charlas sobre las lecciones de las montañas.
Ascendiendo hacia la cumbre del Aconcagua, recuerda, vio la sombra gigantesca que proyecta sobre la tierra, comprendió su imponencia, comprendió lo que estaban logrando. La emoción que sintió no la puede explicar en palabras, pero su cuerpo habla por él. La piel de sus brazos se eriza.
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